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FIESTAS PATRONALES DE LA DIÓCESIS DE CHASCOMÚS

El sábado 24 de septiembre la Diócesis de Chascomús celebró a su patrona, Ntra. Sra. de la Merced, quien además de ser la titular de la Iglesia Catedral es patrona de la ciudad homónima como así también de las localidades de Gral. Guido y Gral. Lavalle.

La ciudad episcopal de Chascomús se preparó para esta fiesta con una Semana Misionera en que la imagen bendita de la Virgen de la Merced visitó instituciones intermedias, educativas y sanitarias; con ocasión de las cuales se celebró diariamente la Santa Misa y realizó la oración mariana del rosario.

El mismo día 24 por la tarde la feligresía proveniente de distintos pueblos de la diócesis se concentró en las inmediaciones de la laguna de Chascomús para dirigirse en procesión a la Iglesia Catedral en donde se celebró la Solemne Eucaristía presidida por el Obispo diocesano, Mons. Carlos H. Malfa.

A la celebración fueron invitados: autoridades políticas y educativas, representantes de los partidos políticos, gremios, asociaciones e instituciones intermedias de la ciudad. Todos convocados para unirse en una oración por la Patria y la fraternidad entre todos los argentinos.

En su homilía el obispo señaló: “Lo que vivimos, más que una crisis, es un padecer crónico del que necesitamos salir y reconstruir una y otra vez la democracia. Las palabras ayudan, pero no bastan, se necesitan gestos y la decisión de caminar juntos: “estamos todos en la misma barca […] llamados a remar juntos […] Nadie se salva solo” (Papa Francisco)”.

Asimismo, el prelado llamó a “la búsqueda de la trascendencia y el valor de la fraternidad” que pueden inspirar e iluminar decisiones constructivas de la unidad y la paz social. “No podemos quedarnos paralizados frente a una lógica que enfrenta y divide”, subrayó.

Al finalizar la celebración litúrgica se realizó un concierto de cámara en honor a la Patrona y se compartió un ágape fraterno entre todos los presentes en el Ateneo de la Iglesia Catedral.

HOMILÍA DEL SEÑOR OBISPO

SANTA MISA FIESTAS PATRONALES DIOCESANAS 2022

NUESTRA SEÑORA DE LA MERCED

Queridos hermanos y hermanas: ¡Feliz fiesta de Nuestra Señora de la Merced! Patrona de nuestra Diócesis y titular de nuestra Iglesia Catedral y las parroquias de General Lavalle y General Guido.

La Patria. El Bien. La Cruz.

1- Ante todo, los invito al entrar en esta Iglesia Catedral o al salir de ella, a detenerse unos instantes ante el bello vitraux de la puerta principal para contemplar la escena en la que el general Don Manuel Belgrano pone en manos de la Virgen de la Merced el bastón de mando y la proclama como Generala del ejército por haber vencido en la Batalla de Tucumán en el marco de la guerra por la Independencia. Nuestros próceres y nuestro pueblo no tenían temor ni vergüenza de testimoniar libre y públicamente la fe que animaba sus vidas.

Era un momento crítico y difícil de nuestra historia que desde sus comienzos estuvo iluminada por la fe cristiana.

Belgrano moría pocos años después con una expresión dolorosa y actual: ¡Ay Patria mía! Con ese sentimiento rezamos hoy por la Patria.

Ponemos en el corazón fiel de la Virgen las tristezas y las alegrías, los dolores y las esperanzas (cf. Gaudium et spes 1) de todo el Pueblo Argentino.

Lo que vivimos, más que una crisis, es un padecer crónico del que necesitamos salir y reconstruir una y otra vez la democracia. Las palabras ayudan, pero no bastan, se necesitan gestos y la decisión de caminar juntos: “estamos todos en la misma barca […] llamados a remar juntos […] Nadie se salva solo” (Papa Francisco).

La búsqueda de la trascendencia y el valor de la fraternidad pueden inspirar e iluminar decisiones.

No podemos quedarnos paralizados frente a una lógica que enfrenta y divide.

La Iglesia no puede ser parte del problema en enfrentamientos, posicionamientos ideológicos, rencores, visiones sesgadas y menos aún en la tentación de la violencia. La Iglesia está llamada, fiel a su libertad y a su misión, a ser puerta de solución, espacio donde sea posible el diálogo que es escucha, respeto y confianza, en la búsqueda incansable del bien común poniendo en el centro a los más pobres.

El Papa nos sigue llamando a desarrollar la “cultura del encuentro” para la “construcción de un pueblo en paz, justicia y fraternidad” (cfr. Evangelii Gaudium 220-221).

2- La página Evangélica proclamada nos hace peregrinar espiritualmente al Calvario para contemplar al Señor que vive en la Cruz el culmen de su amor y de su libertad.  En la cruz de Jesús aprendemos el amor, la compasión, el perdón. Desde la cruz nos deja lo mejor que tenía: “Aquí tienes a tu Madre” (Jn. 19, 26-27).

A los pies de la cruz está María, madre-mujer serena y fuerte, que permanece de pie. Con esa actitud María nos muestra que se puso íntegra y definitivamente del lado del Bien y nos entrega una enseñanza para todas las circunstancias de la vida: ponernos siempre con libertad del lado del Bien.

Estar del lado del bien significa también tender puentes y no levantar muros.

3- Dice San Bernardo que María entró en la Pasión de su Hijo por la compasión y desde ella asume la nueva misión que su Hijo le encomienda cuando le presenta al discípulo amado, y en él a todos nosotros, diciéndole: “Ahí tienes a tu hijo” (Jn. 19, 26-27).

¡Junto a la Cruz estaba María!

La pasión de Cristo se prolonga en la historia y sigue crucificado en sus hermanos. Nos toca con María estar junto a esas cruces con amor, con misericordia, con compasión, dejándonos herir por las heridas de los hermanos e inclinarnos para curarlas.

El Papa Francisco nos presenta cruces cuando nos muestra las nuevas esclavitudes: tráfico de seres humanos, trata de personas, con fines de explotación sexual o laboral de mujeres, de niños y adolescentes… Escuchemos el llamado: reconocer y luchar contra las causas de las esclavitudes modernas: pobreza, subdesarrollo, exclusión, falta de educación y de trabajo, y distintos tipos de manipulación. Asumir el compromiso de ayudarnos para superar esta desigualdad y discriminación, para devolver a tantos hermanos y hermanas la conciencia de su libertad y su dignidad.

¡Recuperemos la fuerza transformadora de la esperanza! En la enseñanza de San Agustín “la esperanza tiene dos bellas y queridas hijas: la indignación y el coraje. La indignación para rechazar las cosas tal como están, y el coraje, para cambiarlas”.

María de la Merced, entregada al servicio de Dios y el prójimo, nos ayude a seguir a Jesús para conocer la verdad y vivir la libertad en el amor. Amén.

¡Nuestra Señora de la Merced, ruega por nosotros!

Carlos H. Malfa

 Obispo de Chascomús

 

 

 

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