
Editorial: Fulbito para la tribuna
La corporativa situación de la política argentina, solo comprometida con los intereses sectoriales, partidarios y personales, contrariamente a lo que debieran ser en cualquier proyecto de República rendida rotundamente a lo señalado en nuestra carta magna, que los ubica sometidos a las normas vigentes, a las instituciones y a los altos intereses de la Patria, ha llevado al gran conglomerado de protagonistas responsables de administrar el país a disyuntivas de muy complejas resoluciones.
El presidente argentino en otro muy desafortunado mensaje, esta semana afirmó preguntándose quien va a querer ser presidente de la nación (cosa que a él le costó poco por cierto) si se tiene que hacer responsable de todo lo que ocurra de su cargo para abajo.
Al margen de la insólita postura presidencial, lo que nos deriva a tomar de sus palabras sobre quien va a querer ser, es la responsabilidad en cargos mucho menores en jerarquía y poder como el de un gobernador de una provincia de menores recursos (y menor cantidad de votantes que tanto le importa a los poderosos) y ni hablar de un simple intendente.
¿Existe la forma de ejercer el cargo de intendente municipal en un distrito como el local sin ataduras feroces que van mucho mas allá de la natural pertenencia a un mismo espacio político, de comunión en lo central de la visión general y hasta de un grado de agradecimiento con aquellos funcionarios provinciales y nacionales que dan respuestas a las gestiones locales?.
Todo esto mas o menos lógico (en la argentina) y natural.
Pero esa no es la cuestión. Trabajemos en una respuesta.
Desde hace largos días el país está “acorralado” por el tema judicial que involucra a la vicepresidente Fernández de Kirchner. Y ninguna otra cuestión pareciera ocurrir en el país y con los argentinos. Es como que se detuvo la inflación (que este mes volvería a superar el 6 % mensual), los tarifazos de servicios, el ajuste de shock que alcanza a todos, salvo a la política, o el salario básico que no alcanza para el alquiler de un monoambiente, con los jubilados estancados en 40.000 pesos, con los municipales lejos de lograr salarios por debajo de la línea de pobreza y…….
Nada de eso alcanza para que la dirigencia se siente a procurar alguna alianza que nos lleve a una fumata anunciándonos “habemus solución”.
Resulta un tanto esquizofrénico que se procure que los ciudadanos todos nos enfoquemos a “condenar” o “defender” a un ciudadano que seguramente es del muy pequeño grupo de argentinos con mayor capacidad de defensa propia que pueda gozarse.
Cuando se ve y escucha a miles y miles de ciudadanos ocuparse casi de manera full time a “trabajar” por condenas o absoluciones de personas como Fernández de Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández o sus pocos comparables estamos dejando de entender nada menos que ellos (todos) tienen algunas garantías mas que cualquiera de nosotros, que cuentan con los mas ilustres defensores en la justicia, el poder de sus cargos y sus fortunas y algunas herramientas mas, para que necesiten de “el pueblo en la calle” para ejercer esos roles propios de sociedades medievales y sometidas.
En ese clima que no resiste un gramo de razonabilidad ni sustento, deben moverse quienes ocupan cargos in-termedios en la escala de gobernantes, pero de altísima responsabilidad porque son quienes se ubican en la primera línea de esa escala y en contacto directo con la ciudadanía.
¿Qué puede o debe hacer un alcalde local elegido en las filas de la coalisión gobernante en el país, cuando se lo “invita” a firmar un documento a favor (¿?) de Cristina?. ¿Se le otorga el pleno derecho de lo que indique su conciencia para actuar y hasta se le concede que teniendo un íntimo convencimiento de la inocencia judicial de su líder, superponga a su pensamiento personal la representación de ser el gobernante de todo un distrito y de todos los que en el habitan para abstenerse de hacer pública su postura?. No.
Rotundamente NO. Y rogamos abstenerse de la pretensión de convencernos de otra cosa si alguien llegara a pensarlo.
Contrariamente a la publicidad de la tarjeta de crédito, pertenecer tiene sus serias dificultades.
¿Qué alternativa puede imaginar ese alcalde, partiendo de la mas noble intención en beneficio de sus vecinos, si sabe con claridad meridiana el costo que implica revelarse y no “militar” la causa?.
Tan vinculante es la intimación que de la decisión de ese intendente dependerán la concreción de muchas obras de servicios para sus vecinos, de barrios de viviendas, de mejoras en salud o en seguridad.
La tan difundida proclama de estos días de “Todos con Cristina” contiene una dosis de realismo. El castigo de no alinearse directa o indirectamente pareciera apuntar a todos.
Y debemos los periodistas, que pretendemos analizar el gran lente de la realidad no dejar de mirar este “otro lado de las cosas” como decía el gran Ferreyra Basso.
El dilema de un intendente oficialista hoy es muy claro y evidente. Y nadie pretenderá que lo expliquen o menos que nieguen esto de manera pública. Pero tampoco seamos los analistas tan pretendidamente ingenuos para no comprender lo que es estar en los zapatos de ellos.
Por lo tanto, no dejaremos de denunciar esta “organización política” nacional que cada día se parece mas a las de otros propósitos y que en lugar de ser organizadas y regidas por una constitución y un estado de derecho, solo tienen sus propios “códigos” y que no requieren de esta columna mas traducciones.
No solo la política en si sino la gobernabilidad en la argentina hace mucho que se maneja por códigos. Y del tipo de esas organizaciones.
En paralelo, se hace como que funciona un parlamento, un estado de derecho, órganos de control y hasta rige una carta magna.
En la práctica, ya todos sabemos que eso es “fulbito para la tribuna”, mientras en la oscuridad del Poder, solo se ordena y se acata por otra metodología.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del viernes 26 de Agostyo de 2022)
