Editorial: Servicios al turista: YA o nos vamos a marzo
Las cosas a resolver por parte del estado en la argentina nunca son en los tiempos que la mayoría pretendemos y que esas mismas cosas exigen para su mejor rendimiento o aprovechamiento. Es una regla que solo falla cuando en lugar de demorarse demasiado, esas cosas no se realizan nunca.
Vale esto tanto para el ámbito nacional, provincial o municipal. En el estado todo es diferente. Y no para mejor claro.
Y nuestra sociedad como dice la regla, se parece mu-chos a sus gobernantes. Muchos mas de lo que nosotros creemos. “Los políticos que se vayan todos. Pero nosotros quedémonos todos porque somos bárbaros”. Mas o menos así es la cosa….Nó?.
Aún sabiendo esto, decidimos abordar esta cuestión en la seguridad de aportar algo mas a lo que seguramente los gobernantes municipales y los rancheros todos sabemos y aceptamos en la materia.
Las ciudades y pequeñas localidades del interior, cercanas a los grandes centros urbanos han comenzado a vivir una situación inédita. Absolutamente novedosa y que resulta en el corto plazo inmodificable e imparable. Se trata de un modo de miniturismo nunca visto en el pasado y que hace que permanentemente, aún mas allá de los fines de semana o feriados, enorme cantidad de familias y/o grupos arriben a la localidad, por algunas horas o incluso un par de días en procura de todo lo que el lugar pueda ofrecerle en materia de distracción, naturaleza, tranquilidad y cosas interesantes de conocer.
Naturalmente que los fines de semana o en feriados, esta inmigración se transforma en un aluvión que ya, antes del verano pleno, ha desbordado en mas de una ocasión la estructura de servicios “normales” de Ranchos.
Nadie se asombra ya al ver el predio de la laguna, que dicho sea de paso, está muy bello pese a sus carencias, repleto de autos, carpas, casillas y otros medios desbordándola en todo su perímetro. Cientos y porque no miles de personas de todas las edades le dan marco al lugar mas concentrador que ofrece la cabecera de General Paz.
Decimos que ya nadie se sorprende, pero eso no significa que todos los actores ligados a los servicios al turista actúen acorde a la demanda.
Y marcamos esto, antes de pasar al estado al que apuntamos en el comienzo. Es cierto que el comercio, los servicios y la población en general no tienen aún incorporada la cultura de atención al turista. No es fácil lograrlo. Quienes hemos pasado algún lapso de nuestras vidas en ciudades altamente turísticas como Mar del Plata, sabemos bien lo que significaba para el habitante común la llegada de la temporada en la perla del atlántico. “Ahora llegan los que ocupan la vereda y no se puede caminar y andan por las calles paseando…..” y varias frases mas era el clima que el marplatense común imponía hace cuarenta o cincuenta años. Sirva como ejemplo.
No muy diferente era lo que solía escucharse en Ranchos en alguna fecha de Rally hace 20 años. Lentamente lo cultural cambia.
Y a esto apuntamos. Hace quince días, con un fin de semana que sumó feriado el lunes, la ciudad recibió a miles de turistas que se vieron además sumados con algunas competencias deportivas (el Newcom por ejemplo) que agregó delegaciones y mas visitantes. Resultó sorprendente a este columnista observar la cantidad (de los no tantos existentes) de restaurantes, resto, parrillas o similares que no abrieron el domingo a la noche, en la víspera del feriado. No solo fue fácil observar a visitantes procurando una cena, sino que fuimos muchos los rancheros que casi nos volvemos a casa a buscar en la heladera. Tampoco faltaron los lugares de los productos mas consumidos en esta época que se quedaron sin mercadería. “ No tengo”, “ se me terminó” eran frases repetidas a las 21 horas de ese domingo. Y naturalmente, los que abrieron sus puertas recibieron el aluvión y en casos se vieron desbordados y las esperas se hicieron prolongadas.
No hace falta agregar mucho a los descripto para brindar un panorama mas amplio. Si algo defiende y con mucho derecho el turista (como lo hacemos nosotros en esa condición) es su tiempo. Nadie sale por un día para perder cinco horas de ese día en almorzar y cenar. El ritmo debe ser otro para atenderlo.
Y el disponer de los lugares habilitados debe ser un compromiso del comerciante. Seguramente en la noche del domingo no haría la caja del sábado a la noche y el domingo a mediodía, pero en nombre de los visitantes que decidieron quedarse hasta el lunes y que son quienes le dieron esa caja, en la noche del domingo hay que dar servicio. Así sea para tres mesas.
En esta situación nos acordamos (¡Y cómo!) de quienes cuando regían las restricciones “bramaban” por tener que cerrar una hora antes o cumplir un aforo. No quedaba santo sin que nombraran en redes sociales y cuanto oído los escuchara. Parece que se recuperaron rápido de la crisis. Ya no es necesario trabajar tanto ni tener mercadería o tener un rato mas abierto.
Si esta cultura de atender y servir al visitante no cunde pronto en la totalidad de los prestadores, la masiva difusión de como se atiende al turista en cada lugar que las innumerables páginas y redes sociales que hoy utilizan los visitantes de pueblos del interior, pondrá en conocimiento del mundo los inconvenientes a padecer por visitar Ranchos. Cada lunes (o martes) cientos de posteos se encargan de estas cosas.
Ahora bien; el estado tiene y debe hacer algunas cosas de manera URGENTE. No debería pasar un fin de semana mas sin que la laguna tenga al menos una mayor oferta de sanitarios que la casi inexistente actual. Una gestión que ha sido -al menos en nuestro criterio- de las mas eficientes en materia de obras no puede demorar tanto en construir media docena de baños. NO PUEDE. No hacerlo casi implica poner un cartel en el acceso a la laguna que diga: prohibido pasar. No hay baños!!.
Del mismo modo es imperativo, disponer de una folletería (aunque no sea la del mejor diseño en la urgencia) que generosamente distribuida (oficinas de turismo, comercios todos, estaciones de servicios, oficina en la laguna, etc. etc) le brinde al visitante la información básica pero imprescindible: todos los lugares de alojamiento con sus teléfonos, todos los lugares gastronómicos también con sus direcciones y teléfonos, un plano de la ciudad con los lugares mas requeridos bien marcados, teléfonos de Policía, Bomberos, Hospital, etc.- El plano de la ciudad que marque debidamente las salidas a las diferentes rutas que llegan hasta aquí. Es muy penoso ver a grupos de personas por la noche entrando a algún comercio pre-guntándole a alguna camarera o un recepcionista por un lugar para alojarse y ver la pobre explicación que le devuelve quien no sabe y no tiene porque saber los teléfonos de cada cabaña.
En uno de esos comercios, noches pasadas mas de diez jóvenes rancheros miraron poco menos que sacados cuando dijimos que en Ranchos hay un hotel muy lindo (creemos que está funcionando) en la calle Moreno frente a la estación. “¿Dónde está eso?” nos dijeron esperando que le dijéramos que era un chiste. Hemos hablado de lo cultural. Esto exige también del estado campañas masivas de concientización. No hay, ni por asomo, otro rubro que ofrezca las posibilidades económicas que brinda hoy el turismo. Nada podrá generar fuentes de trabajo directas e indirectas como los recursos que cada semana deposita el turismo. Pero si no comprendemos que esa oferta exige, al menos mínimos servicios y que los exige ya, tanto del estado como de cada particular, la región y la provincia toda está llena de lugares esperando por esos visitantes.
Solo de lo que hagamos para merecer su llegada y estadía depende que aprovechemos esta realidad. Y que lo hagamos con una velocidad que hasta ahora brilló por su ausencia.
Si nos demoramos, nos iremos a marzo. En el almanaque y en lo que representa esa frase a la hora de aprobar una materia.
(Editorial publicacda en la edición de TIEMPO de Ranchos del 03-12-2021)
