Editorial: LA MORDAZA AUTORITARIA Y EL BARULLO DE LA LIBERTAD
Por Héctor Ricardo Olivera
(Legislador m.c. por la UCR)
El papelón oficial que terminó con el Decreto que habilita la llegada de vacunas Pfizer, Janssen y Moderna es un testimonio más de la asombrosa capacidad del Gobierno para desplazar sus ineptitudes de ayer por una más grande de hoy seguramente menor que la de mañana.
Simultáneamente estamos en pleno proceso de confección de las listas de candidatos para las elecciones que vienen.
Ya ha dicho esta columna que se trata de un hecho fundamental porque si el Gobierno alcanzara la mayoría en la Cámara de Diputados de la Nación, la República pasaría a ser un recuerdo nostálgico reemplazado por un sistema autoritario que desplazaría la división de Poderes y el equilibrio para suplantarlo por el totalitarismo populista como el que ya existe, a modo de prueba, en la provincia de Santa Cruz.
El Diputado Mario Negri ha sido exacto al afirmar que “estamos a siete diputados de Venezuela”.
Este proceso de confección de las listas sirve para mostrar lo que piensa, lo que proyecta y lo que ansía cada contendiente.
El kirchnerismo vive silencioso y sometido a la decisión implacable de su Jefa, la viuda de Kirchner.
No hay espacio allí para discusiones ni opiniones distintas.
Ya la hemos visto en modo campaña y sus dichos, sus tonos y sus gestos la muestran en plenitud de sus poderes.
La Política es naturalmente discusión, acuerdos y desacuerdos.
Para ella es sometimiento, cabeza gacha y aplauso complaciente.
Nadie dirá nada en contrario y sumisamente admitirá su condición de súbdito.
Sus dos presentaciones públicas la mostraron en plenitud de su pensamiento.
En Ensenada fue a inaugurar casas sin techo ni puertas ni ventanas.
En Lomas de Zamora fue a regalar computadoras.
Los chicos a los que les cerraron las escuelas fueron llevados al acto como un adorno innecesario.
“Los débiles vamos a ser más débiles” dijo, sin ponerse colorada.
No se atrevió a incluirse entre los pobres porque hubiera sido el colmo de la caradurez.
El silencio de los sometidos contrasta con el barullo que hoy por hoy se vive en las filas opositoras.
Es que son tan distintas las formas y las ideas que sería impensable que organizaciones democráticas vivieran en silencio este tiempo de candidaturas.
No hay dudas que serían mejor listas únicas que eviten el esfuerzo y el costo de competencias internas.
Pero tampoco hay dudas que las elecciones internas son imprescindibles si no existen acuerdos.
Desde afuera uno tiende a imaginar que las divisiones son un lujo que la oposición no puede darse porque el kirchnerismo debe operar como el factor aglutinante.
De todos modos lo que importa es que la oferta sea la mejor para asegurar el respaldo popular.
En Capital parece que el conflicto interno del PRO tiende a superarse.
En Provincia de Buenos Aires no hay certezas.
El trasplante de Santilli suena raro.
El Mesías laico del Radicalismo, Facundo Manes, es una novedad no exenta de du-das e ilusiones.
De todos modos no hay que caer en la simpleza de fijarse quien es el primero de la lista.
Leandro Alem, Alfredo Palacios, Lisandro de la Torre, Ricardo Balbín, Arturo Frondizi, Juan Carlos Pugliese o Raúl Alfonsín fueron lo que fueron no por sus números de orden de las listas sino por lo que hicieron en el ejercicio de sus cargos legislativos.
Una vez adentro del recinto la mano alzada del primero vale lo mismo que la del número 20.
Hay que buscar los mejores.
Hay que garantizar firmeza para que actúen como dique de contención de los arrestos autoritarios del kirchnerismo.
Aflojen con el 2023 que ya va a llegar.
Y hablando de lo que va a llegar lamentablemente llegarán los 100.000 muertos producto de la incapacidad del Gobierno que por hacerse los “socialistas del siglo XXI “impidieron la llegada de vacunas de EEUU.
Poco les duró la risa fácil de cantar con el pavote de Copani que “los gorilas quieren Pfizer”.
En realidad deberían atender los requerimientos reales de la gente que quiere trabajo, escuelas abiertas, vacunas y Verdad.
