
Editorial: Pedimos peras y sembramos olmo
La decadencia argentina que resulta irrefutable e indisimulable, aunque vivamos teniendo gobiernos que nos «empoderan y nos llenan de derechos» como señala el relato mas burdo e insensato que un país que fue grande, próspero, culto y prometedor como éste puede permitirse, ha llevado a que resulte casi paradojal pedir algún buen gobierno cuando la dirigencia política toda y «los cuadros» que los acompañan listos para ocupar los sillones de los cargos no tienen ni siquiera la mínima capacitación que esas funciones exigen.
No es tan difícil comprender lo que ocurre en una sociedad que clama por peras y hace décadas que solo planta olmos.
Hay un punto en nuestra historia ya no tan contemporáneo donde las elecciones comenzaron a ser mas importantes que las gestiones. Y ahí nació la madre del borrego.
La necesidad pasó lentamente pero sin pausa a ir generando y encontrando los candidatos capaces de captar los votos ciudadanos, mas que en formar los estadistas dotados de las cualidades para gobernar del mejor modo y conducir a sus pueblos a destinos superiores.
Hoy la argentina muestra en todos los niveles de gobierno (nacional, provincial y municipal) no solo una falta de resultados positivos de sus gestiones, sino que aún con la mejor intención y hasta con algún plan promisorio, la ausencia de intérpretes idóneos es tan evidente que nada puede esperarse de ello.
Veamos: ¿Qué era la política hace cinco o seis décadas en esta comarca?. Bajo la batuta de alguna figura «caudillesca» se conformaban cuadros de acompañamiento y sostén, entre los que apenas si algunos pocos pensaban en ocupar cargos públicos, porque en general todos tenían sus actividades y profesiones liberales que los ocupaban satisfactoriamente. Solo le daban una mano a la causa con la intención de ganar el afecto de su gente y por cierto tener un poco del calor que da el poder amigo que siempre existió aunque NUNCA en la magnitud de estos tiempos. Y había nuevas generaciones que se iban acercando. Sumándose. Decía en una charla hace unos días alguien « que hace unos treinta años fue joven» y con larga militancia política; «Nosotros a los 17 o 18 años solo sabíamos que no sabíamos». Pero queríamos aprender se puede agregar. Y entonces, al dirigente mayor, al político con años lo escuchábamos con atención devoradora en la sede del partido o donde fuera para aprender de sus enseñanzas. Y despacito queríamos formarnos para enriquecer la causa. «Hoy todo se ha invertido. El viejo dirigente convoca a los jóvenes para escucharlos porque hay que saber lo que piden. Y no solo eso, enseguida le otorga una dosis de poder y como corolario «la política» le consigue la beca para financiarlo» agrega este joven/veterano de la política local.
«Le preguntas la diferencia entre Patria y nación a cualquiera de esos jóvenes y no tienen idea. Le hablas de los orígenes nuestros y el rumbo marcado por nuestros fundadores menos. Y lo peor; le preguntas de los compromisos que el cargo que ocupa por su «beca» y tampoco lo sabe, ¿Cómo querés que salga un buen gobierno de eso? Se pregunta respondiendo.
En la actualidad, quienes observamos el día a día de cualquier gestión municipal de la región, vemos las serias dificultades que tienen los intendentes para llenar los casilleros de sus gabinetes con gente a la altura de los requerimientos. Cada día encuentra menos profesionales aptos para acompañarlo eficazmente. Y muchas veces el único sostén que tiene un funcionario para mantenerse en su cargo es que no hay quien lo reemplace.
Hace algunas semanas, en tono de broma política nacional circulaba una campaña de respaldo a un popular y muy fallido ministro nacional. «No olvidemos que cada vez que reemplazan a un funcionario el que viene es peor» decía la chicana opositora.
Triste realidad. Miremos nuestro pueblo: ¿Cuánto hace que un partido (o espacio o como le guste) no usa su sede para dictar un curso de Cultura General, de Capacitación Social, de Turismo, de historia nacional con diferentes enfoques, etc. etc.?
Aunque ninguno de esos partidos pueda darse el lujo de tener al menos 3 o 4 opciones para cada uno de los cargos de un gabinete de gobierno para dotarse si es gobierno o si pretende serlo?.
Y ese claro déficit logra paliarse si quien ejerce el mando superior se desprende de pertenencias partidarias y hasta de localismos y recurre a profesionales de otros distritos (ocurre aquí en Salud, en Hacienda y alguna otra área) porque si además hay que oír la voz del partido y priorizar «a los nuestros», entonces el mal ya se convierte en tragedia.
Resulta imperioso volver a poner énfasis en la formación de cuadros capacitados para gobernar. No se puede seguir pensando en elecciones, en como captar los votos, acceder a los sillones y los sueldos y después vemos que hacemos y sobre todo con quienes lo hacemos.
Es hora de que los partidos políticos y quienes los conducen retornen al rol de escuelas de gobernantes, aunque a esos dirigentes les moleste capacitar « y que se te vuelvan competencia». La estrategia de tener los locales llenos de personas capaces de pegar afiches o hacer un videíto, pero vacíos de pequeños estadistas es el almácigo del mal que nos oprime. Y de cada lugar del país. De cada sede de un movimiento político se sigue sumando a esta mediocridad abrumante que hace rato nos ganó.
Ya cuesta y lastima al sentido común observar los disparates que se dicen y se hacen en lo mas alto del poder nacional. La brutalidad nos ha invadido y no reaccionamos.
Todo intento será vano siguiendo así. Seguimos regando olmos y reclamando peras.
(Editorial publicada en la edición de Tiempo de Ranchos del 15 de enero de 2021)
