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Editorial: Los ajustes económicos necesitan tener padres como los buenos anuncios

En la semana que termina la secretaria de EconomÍa mnicipal concedió una entrevista a la televisión (de la que se informa en esta edición) que resultó sorprendentemente reveladora.
Tomar conocimiento de números que –por cierta desatención de la prensa en general sobre este tema y un claro desinterés público– son ignorados por la inmensa mayoría de la población, el costo de los diversos servicios que obligatoriamente debe prestar el estado municipal y de otros muchos que resultan de la decisión política de la actual gestión, obligan, aún desde la mera condición de ciudadano sin mas cargas públicas que las que esa condición impone, a prestar una minuciosa atención a las políticas vigentes y en nuestro caso a realizar un análisis mas profundo sobre el tema.
Cierto es que este medio ha manifestado en muchas oportunidades algunas objeciones a «la generosidad» municipal ranchera para brindar atención a múltiples aspectos de la vida pueblerina mucho mas allá de las que tiene fijadas obligatoriamente. Alguna vez afirmamos que «en la virtud está el defecto» de estas políticas que mas allá de los matices, son una marca registrada de este distrito desde la recuperada democracia hace ya 33 años. Muchas veces advertimos sobre el rol tan abarcativo del estado comunal que lo ubica tanto como organizador de festivales musicales, competencias automovilísticas de gran envergadura, como siendo el principal sostenedor del fútbol de competencia, por citar solo algunos ejemplos que podría ampliarse con un listado capaz de llenar toda esta página. Por cierto cabe aclarar de antemano que no está mal tratar de ayudar a todos los que llevan a cabo actividades culturales, deportivas, recreativas o de cualquier orden. No merece una crítica directa tal voluntad, como no lo sería en un padre tratar de darle todo lo que un hijo desea tener o hacer.
Pero así como en el caso paterno, la falta de límites, equilibrios, prioridades que impongan decisiones afirmativas y otras por la negación (aún las que no son simpáticas) terminan por ser mas dañinas que beneficiosas, algo similar ocurre en la administración de las haciendas públicas.
Puestos a brindar ejemplos claros no podemos dejar de citar los costos que implica el mantenimiento de la pileta climatizada, los del Centro de Educación Física y sus anexos, o los del transporte de delegaciones deportivas o culturales durante el año. También en esto el listado abarca muchas otras áreas. Tal vez en algún momento de la economía nacional todo esto pudo hacerse sin desmedro de otras necesidades a nuestro entender prioritarias. Pero no es un secreto que la economía nacional y por ende la de los municipios y la de sus habitantes atraviesa una época de estrechez que obliga a una severa austeridad. Pues, debiera sonar el alerta para que quienes tienen sobre si la responsabilidad no solo de administrar lo que reciben sino de prever con la debida antelación los tiempos por venir, tomen las precauciones pertinentes.
¿Puede seguir funcionando con todas sus actividades de forma totalmente gratuita -salvo las excepciones– el Centro de Educación Física? ¿O será el momento de gravarlas para que la inmensa mayoría que puede abonar un cannon comience a financiar el altísimo costo que mantener esa estructura requiere? ¿No habrá llegado la hora de ajustar las prestaciones en el hospital de modo que las Obras Sociales paguen todas y cada una de las prestaciones de sus afiliados?. Los $ 16.000 que diariamente cuestan las guardias del nosocomio son demasiado elocuentes como para no pensar en buscar fondos que hoy no ingresan, al menos como debieran hacerlo. Y así, también llevar adelante un ajuste mayor de gastos en cuestiones que en en Gral. Paz han sido siempre generosas por cierto.
En estas circusntancias pareciera oportuno que el Concejo Deliberante también elabore una minuciosa propuesta, para que finalmente las medidas que se tomen tengan el debido respaldo político. Y porque en definitiva la mejor administración de todos los recursos públicos es una obligación de todos los poderes.
«Son tiempos difíciles» es una frase muy escuchada y repetida en cualquier ámbito en estos tiempos. La administración pública atenta a esa situación debiera tomar con la debida antelación las medidas que «vacunen» contra la crisis. Y en General Paz, donde la «generosidad» ha sido durante años mucho mayor que en cualquier otro lado, esas vacunas generarán mayor dolor, incomprensión y hasta reacciones ampulosas. Será el momento de saber quienes se quedan en la comodidad de las fotos felices y quienes están a la altura de las circunstancias en épocas de tempestades.

(Editorial publicada en la edición del sábado 4 de junio 2016 de TIEMPO de Ranchos)

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