La Columna del Domingo por Héctor “Cacho” Olivera:“HAY QUE CUIDAR A CRISTINA”
En una de sus tantas muestras de simpatía indisimulada, el Papa dijo que “hay que cuidar a Cristina”.
Puede que el Jefe de la Iglesia lo haya hecho como una forma de fortalecimiento de la institución presidencial, pero las circunstancias actuales seguramente no imaginadas por el Pontífice dan razón a sus dichos.
Efectivamente, y más que nunca, es imprescindible procurar alguna manera de asegurar la presencia y la estabilidad emocional de la mujer que durante 4 años acompañó a su marido en el ejercicio del Poder y por otros 8 fue ella misma la que lo ejerció.
Seguramente será difícil convivir con el peso de la responsabilidad de haber sido la timonel de un barco que naufragó por impericia, por soberbia, por corrupción y autoritarismo.
Como siempre ocurre con los regímenes totalitarios, a la hora del derrumbe no son los competidores de afuera los más crueles.
Siempre son los amigos del campeón, los aplaudidores y los socios circunstanciales los que primero y más fuerte pegan tanto como para ver si pueden zafar de la parte que les toca.
Sólo así puede entenderse que el Presidente Macri con minoría en ambas Cámaras del Congreso haya logrado la sanción de la anulación de las leyes que harán posible cancelar nuestras deudas con los acreedores externos que rechazaron los acuerdos de 2005 y 2010.
Son los mismos que quemaban sus manos aplaudiendo cuando la Señora daba cátedra de Economía y Gobernabilidad en los foros internacionales y encaraba como una fiera en celo al Presidente de EEUU EN EL SENO DE LA Asamblea de las Naciones Unidas.
Ahora y por fin, se quema el rancho.
El relato será tan solo un amargo recuerdo y habrá que ver si somos capaces como País de soportar los dolores del parto de una sociedad nueva, moderna y eficiente que nos saque de tanta mentira, de tanta corrupción y de tanta delincuencia.
No será fácil.
Nadie lo hará por nosotros.
No debemos caer en la satisdación egoísta de saber que los que estaban ya no están sino que hay que controlar a los de ahora para evitar desviaciones y falsas promesas.
El Gobierno de Cambiemos tiene ante sí una posibilidad tan grande como la responsabilidad de poner en marcha un estilo nuevo, fresco y transparente que nos incluya a todos.
Para ello deberá despertar sin demoras ni vacilaciones ante acontecimientos que no pueden soslayarse y menos prolongarse.
El achicamiento de la Economía, la inflación descontrolada y sus consecuencias sobre los sectores más débiles deben acelerar respuestas.
La anunciada reforma que rebaja a la mitad el IVA a los productos de la canasta básica no puede demorarse.
La puesta en marcha de las paritarias de los sectores privados tampoco.
Tiene que saber que se están pagando precios nuevos con sueldos viejos.
La figura presidencial no puede mancharse con trivialidades como el traslado de un Ministro en el helicóptero oficial a su domicilio, ni el Presidente durmiendo en la estancia de un millonario que tiene secuestrado un lago del sur, ni un Ministro alquilando un avión privado para irse de festichola con una enamoradiza serial que no deja títere con cabeza a Punta del Este.
En un País normal, nada de esto sería motivo de un comentario.
Pero nosotros somos una sociedad hipersensibilizada a raíz de la docena de años de la que venimos.
Volviendo al principio, hay que buscar los medios que aseguren el cuidado de la Jefa del descalabro.
La Justicia la necesita viva, entera, sana y fuerte.
Porque es fundamental que el que las hizo las pague.
Sería políticamente correcto decir que no hay aquí el menor sentido de venganza.
Pero si lo que se reclama es sinceridad y verdad hay que admitir que la venganza., en una proporción no exagerada, alimenta la vocación de un futuro que le asegure a nuestros hijos que nada de lo que nos pasó puede repetirse y es, queramos o no, parte de nuestro mundo interior.
