Editorial: Solo demócratas mientras ganan
En el momento de salir a la calle esta edición de fin de año, el gobierno nacional habrá cumplido mas o menos unos 13 o 14 días hábiles de gestión. Se supone que esta frase breve y simple es contundente en cuanto a comprender lo que ha podido hacer esta conducción en medidas reales, ponerlas en marcha y así permitir analizar sus efectos. A lo sumo, mientras aún no se completan las designaciones en las segundas y terceras líneas, se han advertido gestos, hechos simbólicos y algunas posturas tales como que el presidente recibiera a todos los gobernadores, que hiciera lo propio antes con aquellos que fueron sus adversarios en las elecciones y tomara sus primeras decisiones trascendentes como una discutida designación de dos jueces para la Suprema Corte de la que mucho se habló pero que ha quedado a la espera de la aprobación del senado como corresponde y una salida del cepo cambiario que ha sorprendido por su éxito a propios y extraños.
La tan mentada devaluación del peso, no solo no ha ocurrido sino que el dólar norteamericano ahora en un mercado absolutamente libre, ha bajado su valor de manera ostensible.
Muy poco por cierto para balances profundos de éxitos o fracasos de este gobierno. Pero aquí viene lo inédito. Lo que nunca antes se vio en la Argentina con un gobierno democrático.
Para que no fuera solamente la ceremonia de transmisión del mando en la que no participó la presidenta saliente la gran nota que quedará en la historia de los traspasos de gobierno, el saliente (los protagonistas bien merecen ser considerados el gobierno) ya lleva al menos dos manifestaciones públicas con marchas encabezadas por el ex ministro de economía que dejó su cargo el 9 de diciembre, otros ministros del último gobierno, diputados y senadores del Frente para la Victoria, reclamando en reclamos por la vía pública por el cambio urgente de las medidas del actual gobierno.
Pueden agregarse a estos episodios, algún acto encabezado por el diputado hijo de la ex presidenta donde el slogan eje es el llamado a la «resistencia» al gobierno entrante y junto a todo esto, declaraciones de algunos de los que fueron voceros durante largos años del gobierno saliente que han calificado a sus sucesores de «dictadores» que han llegado por los votos. Y hasta periodistas militantes que afirman sin rubores que están cerca « los vuelos de la muerte» y «los campos de concentración».
Un desconocedor de la realidad del espacio político que gobernó los últimos 12 años del país, podría decir que serán estos actos o individuales o de algunos de los ex funcionarios que aún no procesan que perdieron las elecciones y debieron dejar el poder. Pero quienes por conocimiento del modus operandi en la política, periodistas especializados y otros no tan «especialistas» sabemos que nadie se mueve en el llamado núcleo duro del kirchnerismo sin tener la aprobación del trazo grueso de lo que hará o dirá.
El llamado a «resistir» al nuevo gobierno fue una declaración oficial de ese sector, en una clara postura mas acorde a la oposición a un gobierno de facto, una dictadura o una invasión que a un gobierno democrático elegido en elecciones muy transparentes.
Es necesario para mantener viva la memoria de las diferentes etapas de la vida institucional argentina dejar establecido este inédito plan de acción de un sector de la política argentina que pese a todo esto, se sigue llamando democrático y que como tal ejerció el gobierno durante 12 años consecutivos en el país.
El espíritu democrático, claro está no es un atributo que poseen los ganadores para legitimar sus gestiones y ejercer el poder con plena validez de facultades. Ese espíritu es una regla imprescindible para moverse en el sistema político en cualquier tiempo y lugar que se ocupe. Desde el gobierno a cualquiera de los estamentos de la oposición.
La acabada demostración dada sin tapujos ni disimulos por el grueso de la dirigencia del Frente para la Victoria (cada día aparece algún notable funcionario de ese espacio que ahora dice no haber tenido nunca nada que ver con ese Frente) de la carencia de esa ineludible virtud, los ha puesto claramente en la marginalidad democrática y por la tanto afuera del sistema.
No debiera la sociedad aceptar como aptos para ser parte de este sistema que tanto nos costó a los argentinos recuperar a quienes solo saben participar del mismo y de sus instancias electorales si obtienen el triunfo y el acceso al poder. Contrariamente, lo primero que deben demostrar los que quieran tener chapa de democratas es que saben reconocer sus derrotas y como comportarse y aportarle al país desde la oposición.
Porque al fin y al cabo, una mera cuestión matemática demuestra que son mas los que pierden que los que ganan elecciones. Y poco puede esperarse de la clase dirigente si los republicanos son los menos en el poder y los que «resisten» y trabajan por «voltear al que gana» desde el primer día son los mas.
No hace falta describir cual es el final de la Argentina y de cualquier país que habilita comportamientos dirigenciales de este tipo, que en la situación descripta están claramente determinados y a la espera de la debida sanción por parte de la sociedad.
(Editorial de TIEMPO de Ranchos del 30-12-2015)
