La Columna del Domingo por Héctor “Cacho” Olivera: “OTARIOS”
Es natural que ante la inminencia de las fechas claves del proceso electoral que desembocará en la elección presidencial del 25 de octubre los dirigentes muestren al desnudo sus ideas, sus estilos y sus sueños.
Asistimos por lo tanto a un desfile de exhibiciones de miserias y grandezas que naturalmente nos han de servir, o al menos así debiera ser, para elegir a conciencia lo que mejor nos parezca para tomar el timón de la República.
Cada uno tiene sus medios para hacerse oír.
Ocurre entonces que hay un competidor, el oficialismo, que corre con tremenda ventaja respecto del resto en virtud de sus medios económicos que no son suyos, porque son nuestros, pero que usan a voluntad hasta la saturación y el hartazgo.
En esta carrera, la Presidenta no tiene escrúpulos.
La cadena oficial ha pasado a ser un instrumento de propaganda que inunda la paciencia de todos con actos partidarios disfrazados de ceremonias oficiales que a nadie ya pueden engañar y son, por el contrario, una muestra clara de miedo y debilidad.
En lo que va del año ya tuvimos 22 capítulos de la novela “Cristina, la emperadora”, y seguramente se repetirán las escenas frente a distinto público y similares argumentaciones.
Como es propio del que mucho no sabe, la señora se repite con su “¿ sabés qué?”
Como no somos otarios, como dijo el otro día en Mendoza, por supuesto que sabemos que el INDEC miente, que la inflación se come los sueldos, que el déficit fiscal llegará a los 180.000 millones, que la crisis energética nos cuesta una fortuna, que la inseguridad te mata en cualquier esquina, que las escuelas están tan mal como los hospitales y que los hoteleros no ganan nada con sus plazas ocupadas en tanto ella se enriqueció con las camas vacías.
El desorden ha llegado a tanto que hoy estamos asistiendo a una falsa toma de posición respecto a lo que debe ser la Política.
Algunos entienden que las idas y venidas oportunistas y especulativas son casi una virtud.
Si no que lo diga massa, que se arropó con las frazadas fáciles de los intendentes que a la hora de las papas vuelven al redil en procura de no perder sus campitos.
Por el contrario y por suerte, un sector creciente de la gente cree que la coherencia y la firmeza deben volver a ser bandera de unión y orden para conducir el cambio.
Un Gobernador cristinizado al mango y un intendente debilitado por su pertenencia original al mismo bando no pueden ser depositarios de esperanza alguna.
No será fácil correr el obstáculo de un aparato infernal bien pago y despojado de principios que se ha montado durante 12 años.
Pero precisamente por eso será imprescindible que todos hagamos el esfuerzo que nos saque de este camino declinante del populismo autoritario.
