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Columna del domingo, por Héctor Ricardo Olivera: HABEMUS DIABÉTICUS

Indudablemente la designación del Papa produjo un impacto mundial que en nuestro País, por obvias razones, se magnificó por colocar a la Argentina en los títulos y comentarios de todas partes.
No es para menos, porque tal distinción, la primera que ocurre con un obispo de este Continente, es un dato singular.
Quienes forman parte de la Iglesia y quienes no se suman a la alegría de saber que un porteño ocupará la sede vaticana.
Apenas pequeñas minorías fanáticas ligadas todas ellas al fundamentalismo kirchnerista se atrevieron a balbucear una campaña de absurda descalificación de la persona del flamante Papa.
Son cercanos a la Presidenta que no pueden contener su odio fanático y pierden el sentido de la realidad soñando con el relato de la revolución adolescente.
El resto de la gente común, entusiastas unos y respetuosos otros, sumaron su alegría por la noticia.
El texto del mensaje de salutación de la Presidenta es un claro ejemplo de lo que cuesta ser amable, comprender que hay formas distintas de vivir y de pensar y que la pretensión del pensamiento único es una utopía inalcanzable en Argentina.
La Presidenta, que igual que “él” nunca hizo una cuadra por la Avda. Rivadavia para asistir a alguna ceremonia, va a tener que cruzar el Atlántico para asistir a la fiesta.
Si atendemos a las conductas que le son propias, la Señora lucirá más negra por dentro que por fuera, aunque algún gesto intente disimularlo.
Este fenómeno ha ocupado nuestros días pero es necesario que el árbol florido que es el flamante titular de la Iglesia no nos impida seguir viendo el bosque de acontecimientos locales que sorprenden y asustan.
En sus apariciones públicas post designación papal la Presidenta hizo mínimas referencias al hecho.
En una de ellas elaboró una teoría de medicina social revolucionaria, como seguramente a ella le gusta, pero no por su certeza sino por lo disparatada.
No es la primera, y posiblemente no será la última…
A vuelo de pájaro vuelve el recuerdo de la vez que promocionó el consumo de carne porcina porque es afrodisíaca.
“Es mejor que el Viagra” dijo esa vez.
O cuando en una fábrica de cosméticos en el conurbano una empleada, Yesica, le dijo que ella embalaba los pomos llenos y un operario, Gabriel, contestó a su pregunta que el era el que llenaba los pomos.
“Ah, vos sos el que le llena el pomo a ella”, dijo la Señora para agregar a media voz que era un chiste inapropiado para una Presidenta.
También viene el recuerdo de la teleconferencia con un supuesto minero en Olavarría que la llenó de elogios y resultó ser un dirigente peronista vestido de trabajador.
Se puede agregar la inolvidable referencia despectiva hacia la Universidad Nacional de La Matanza mientras balbuceaba en Harvard.
La lista puede continuar…
En el marco de la presentación del «Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación: Argentina Innovadora 2020 «, realizado el martes pasado en el Salón de las Mujeres Argentinas de la Casa Rosada, la Presidenta incursionó en la Medicina.
Apareció con un tubérculo similar a la papa.
“Parece papa pero no es papa”, dijo, quizás pensando en Bergoglio.
Dijo que se trataba del yucón, un tubérculo con el que está trabajando un laboratorio argentino para producirlo e industrializarlo.
Su nombre científico es”mallanthus sonchifolius” que, al no poseer glucosa, es adecuado para el tratamiento de la diabetes.
Enunció luego, con la voz temblorosa del alumno flojo de estudio parado al frente, una serie de cualidades propias del producto.
Este tramo leído de la exposición no es lo más importante, porque seguramente no lo entendió sino el especialista, ni ella ni nosotros.
La cuestión vino cuando hizo referencia a la diabetes, enfermedad que atribuyó a las personas con “alto valor adquisitivo”.
Tres veces repitió este concepto, agregando que la diabetes ataca porque los que tienen dinero comen mucho y son sedentarios.
Ya salida de la banquina y rodando por el fango, agregó que hay 80 millones de diabéticos en el mundo.
Los informes de su propio Ministerio de Salud de la Nación dicen que la diabetes abunda entre los sectores medios y bajos de la población, (4 de cada 5 diabéticos son pobres) en tanto que la Federación Internacional de Diabetes informa que el número de afectados en el mundo es de alrededor de 300 millones y con un crecimiento previsto exponencial.
El gesto de la Señora fue el de siempre.
La respuesta de los aplaudidores igual.
En un tiempo de serenidad y modestia podría tratarse de una anécdota.
Pero no es este el panorama en el que estamos inmersos.
No importaría que alguien diga semejante inexactitud.
Acá importa porque quien lo dijo es la Presidenta de la República que, se supone, debe aplicar esta misma escala de conocimientos a la hora de tomar decisiones de la importancia de las que pasan por su escritorio.
Es de imaginar que los planteos que se originan en esta sociedad del conocimiento, el avance tecnológico y el desarrollo de la ciencia requieren más capacidad cada día.
Finalmente, no puedo eludir hacer una referencia a mi condición de diabético insulino dependiente desde hace algo más de 50 años.
Algo ha pasado con mi fortuna familiar, que mis padres deberán haber escondido tan bien antes de morir que nunca la pude encontrar.
La diabetes se llevó mis ojos pero me dejó el ánimo de pensar la realidad, mantener el humor y, como tantas veces, recordar que lo que nos pasa no es un castigo mágico.
“Habemus responsables” y en octubre tendremos al alcance de la mano la herramienta para corregir los errores y los horrores …

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