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La columna del domingo por Héctor ”Cacho” Olivera: ”¡NUNCA MÁS!»

La muerte del Fiscal Julio César Strassera se ha llevado a una figura relevante de la Democracia argentina.
Su recuerdo ha servido para que retomara fuerza su célebre final en el alegato en el juicio histórico que sin antecedentes en el Mundo metió presos a los dictadores.
El “nunca más” se fortaleció en nuestra memoria y en nuestros corazones e hizo lugar para que les contemos a los chicos lo que fue ese momento y lo que significó como piedra basal de la Democracia recuperada.
Es un ineludible compromiso democrático contarle a los que no vivieron ese tiempo la diferencia abismal que existe entre la condena a los militares todopoderosos de esa época contra la comedia liviana de bajar un cuadro de una pared del Colegio Militar.
El destino ha querido, además, que el fallecimiento de Strassera y el eco de su “nunca más” ocurra en un momento en que la Argentina vive una situación tensa que desequilibra a los que se tienen que ir y compromete a los que tienen que venir.
Como en el fútbol, es muy fácil comentar los partidos del domingo con el diario del lunes en la mano.
Esta nota, por el contrario, está siendo escrita justamente un día antes de que la Presidenta pronuncie ante la Asamblea Legislativa su último discurso de apertura del período ordinario de sesiones.
El clima, desgraciadamente, no es el mejor.
Las características personales de la Jefa de Estado y el resultado de la gestión iniciada por su marido y continuada por ella muestran inequívocas abolladuras producto del choque entre sus fantasías y la realidad.
Por eso la escena, que debería ser un acto de plena convivencia, será sin dudas otra muestra más del rencor, la rabia y el desenfreno que ha caracterizado a esta casi docena de años.
Por primera vez el Ejército estará a cargo de la seguridad del edificio legislativo.
Por primera vez el Vicepresidente no estará en su puesto de Presidente de la Asamblea para recibir a la Jefa de Estado.
Y nadie creerá que es auténtica la decisión de mandarlo a la asunción del Presidente uruguayo.
No estará porque doblemente procesado y con otras causas pendientes, lo esconden para protegerlo cuando deberían echarlo.
La Plaza del Congreso estará llena como para contestar a la “marcha del silencio” en una competencia absurda y adolescente que solo puede servir a la mezquindad de alimentar la brecha que vienen cavando desde el primer día.
La performance será la previsible.
Una larga descripción de planes nunca completados, una larga lista de inauguraciones dudosas de escuelas, hospitales, usinas, caminos, gasoductos, “flamantes chinerías”, desendeudamientos y declamaciones violentas de defensa del ejercicio irrestricto de nuestra condición soberana.
De todas formas, si sólo fuera eso, se lo podría soportar con estoica resignación y respeto.
Pero resulta casi inevitable imaginar que, como no se ha podido superar la visión feudal importada de Santa Cruz, no podrá evitarse la denuncia hueca del golpismo, las acciones destituyentes, la presencia del flamante “partido judicial” y, como corolario, alguna bravuconada lingual de nula eficacia.
Con la eterna sabiduría de la Naturaleza, el destino ha querido que así como en la oscuridad del socavón aparezca un hilo de metal precioso, ha aparecido aquí y ahora, de la mano de la muerte de Strassera, el “nunca más”.
Es como si el Fiscal fallecido hubiera querido brindar un último tributo a la Democracia.
Porque su “nunca más” nos viene justo para sumarle convicciones, valores y compromisos.
Hay entonces otros “nunca mases” que completan el menú.
Nunca más a la corrupción.
Nunca más al populismo.
Nunca más al feudalismo.
Nunca más al autoritarismo.
Nunca más …

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