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EDITORIAL: LA MARCHA QUE HACE FALTA

Por Héctor Ricardo Olivera

Las dos marchas en reclamo de atención a dificultades de las Universidades fueron claras manifestaciones de la valoración que la educación superior  tiene en la consideración popular.

Más limpia la primera y menos transparente la última, ambas significaron una clara demostración de necesidades atendibles.

Lástima que la segunda perdió su autenticidad por la aparición de dinosaurios de la política en la mayoría de los casos responsables de la crisis que se denuncia.

La viuda de Kirchner en el  balcón, la reaparición de Massa mate en mano y abrazado con  Moreno, el falsificador del INDEC, Moyano, Lousteau, Grabois y otros grandes que escapan a mi memoria fueron alimento que engordó el rechazo al veto presidencial de días después en Diputados.

Es importante aprovechar el momento para que la Universidad sea motivo de análisis y se pueda revisar en serio su funcionamiento en busca de mejorar.

Que se hable de ella es abrir una puerta que hace falta para buscar cambios que  puedan beneficiarla y con ella a sus estudiantes, sus profesores y la Patria misma.

Recordar la gesta  de la Reforma Universitaria de 1918 es un gesto patriótico positivo.

Pero también puede servir para preguntarse si lo que fue una demanda legítima hace más de 100 años puede seguir siéndolo hoy.

El ingreso irrestricto, por ejemplo, es hoy una irrealidad que no puede sostenerse seriamente.

Sirvió como bandera ante la Universidad oligárquica y eclesiástica de ayer, pero la realidad actual es muy otra.

Muchos no pudimos acceder a la educación superior por carencias económicas.

Hablo de 60 años atrás lo que significa que hoy, con 55 % de pobres la restricción es mucho mayor.

Para “llamar a las cosas por el  nombre que tienen” como reza el Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria de 1918 hay que admitir que ya no existe el ingreso irrestricto que suena lindo pero no es verdad.

Cabe consignar que la inmensa mayoría de los países tiene examen de ingreso en sus universidades, sin importar la ideología política de sus Gobiernos.

Lo hay en China, en los países más desarrollados de Europa y prácticamente en toda América.

El resultado es una producción de profesionales muy superior a la nuestra.

La Argentina tiene más alumnos pero menos egresados.

De cada 100 ingresantes acá se reciben 28 en tanto en Brasil y en Chile son más del doble.

Para seguir en la senda de la verdad tampoco es cierto el tema de la gratuidad.

Apenas el aire es gratis, al menos por ahora.

Todo lo demás alguien lo paga.

Lo que debe decirse es el no arancelamiento, que es valioso pero que no es lo mismo.

Y en este tema es interesante cruzar el río y ver que Uruguay tiene el Fondo solidario uruguayo, (FSU) que impone a los egresados a partir de los 5 años de su graduación un aporte mensual que sirve para becar a estudiantes con carencias económicas.

Los profesionales deben hacer el aporte hasta los 70 años, edad de su jubilación.

En un Mundo que marcha a velocidad satelital en su desarrollo científico y tecnológico queda claro que el recurso humano es fundamental en la carrera hacia el futuro.

Tanto es así que hoy se considera que la capacitación de la ciudadanía es más importante que los recursos naturales de lo que Japón es un claro ejemplo.

No tienen tierras, no tienen ríos, no tienen pasto pero tienen alto nivel académico.

La deserción en el primer año de estudio en Argentina es tremenda, muchos de los que empiezan llegan a aprobar tan solo una materia en su primer año y el promedio de años para recibirse es de entre 9 y 10 años.

Esto significa que lo que aprendieron en primer año no sirve 10 años después porque el progreso tecnológico lo ha tornado inútil.

Hay mucho para pensar, para analizar y para cambiar.

Es buena la movilización pero sería lamentable que solo se sustente en una demanda dineraria.

Hay que cambiar en serio, para que la Universidad lidere la recuperación de valores científicos, tecnológicos  y morales que están notoriamente anémicos.

Apasionados por lo inmediato es tiempo de acompañar los impulsos con razonamientos de más largo alcance para hacer un aporte al cambio que nos saque de tanta mediocridad.

Con más dimensión de estadistas que de políticos sería deseable que algunos piensen en el futuro que vivirán nuestros hijos y nietos.

Si alguien lo hiciera podría decir, con sentido didáctico y convocante, que dentro de 15 años la Universidad argentina no tendrá alumnos.

¿Por qué?

Porque la escuela inicial, primaria y secundaria no enseña.

Las estadísticas conocidas dicen que los chicos terminan la primaria sin saber leer, escribir, interpretar  un texto y resolver un problema matemático elemental.

En la secundaria nada cambia.

Solo 1 de cada 4 ingresantes termina en el tiempo previsto y con los conocimientos mínimos requeridos.

Además de las estadísticas podemos comprobarlo en vivo y en directo con un hijo o un nieto.

De los 93.000 vocablos de nuestra lengua los adolescentes manejan apenas algo más de 200.

En las zonas marginales dominan un idioma propio, al estilo de los tumberos de las cárceles, que nosotros no entendemos.

Volviendo a lo que ocurre en nuestros países vecinos debemos decir que en Brasil la terminación del secundario exige un examen final que mide los conocimientos adquiridos con rigor.

Se llama Examen Nacional de Educación Media, (ENEM y el que no lo aprueba no tiene terminado su paso por la secundaria.

En Chile se llama Prueba de Suficiencia Universitaria, (PSU) y el que no aprueba no puede ingresar en el nivel superior.

Objetivamente, las perspectivas no son buenas.

Por eso el título de esta columna.

Deberían llenarse las calles con una marcha  verdaderamente multitudinaria para exigir cambios en las escuelas del nivel obligatorio para que los 15 años de escolaridad preparen a nuestros chicos para el progreso intelectual que se acople al avance científico y  tecnológico que se nos viene encima a pasos imparables.

Los resultados de las pruebas nacionales, (APRENDER) y las internacionales, (PISA) nos ubican en el fondo de la tabla.

La “pedagogía de la espera” que vestida de progresismo se aplica en las escuelas no ha dado resultado.

Es tiempo de volver a las fuentes y comprender que la Educación es una relación asimétrica donde hay un docente que enseña y un alumno que aprende.

Además de conocimientos la escuela debe enseñar responsabilidad, contracción al trabajo, respeto y valoración del mérito.

Es obligación de los dirigentes cambiar el nivel de sus propuestas para que el futuro no nos resulte un drama.

Volviendo al manifiesto liminar de la Reforma Universitaria de 1918 podemos decir que si la dirigencia política y la sociedad toda atienden y comprenden que las escuelas no están cumpliendo con lo que el futuro les exige y se propone una transformación profunda, pasaríamos a tener “una vergüenza menos”.

Tradicionalmente la palabra es el arma de la Política.

Es hora de que también lo sean las ideas.

  • El ingreso irrestricto, por ejemplo, es hoy una irrealidad que no puede sostenerse seriamente.Sirvió como bandera ante la Universidad oligárquica y eclesiástica de ayer, pero la realidad actual es muy otra.Muchos no pudimos acceder a la educación superior por carencias económicas.Hablo de 60 años atrás lo que significa que hoy, con 55 % de pobres la restricción es mucho mayor.Para “llamar a las cosas por el nombre que tienen” como reza el Manifiesto liminar de la Reforma Universitaria de 1918 hay que admitir que ya no existe el ingreso irrestricto que suena lindo pero no es verdad.Cabe consignar que la inmensa mayoría de los países tiene examen de ingreso en sus universidades, sin importar la ideología política de sus Gobiernos.Lo hay en China, en los países más desarrollados de Europa y prácticamente en toda América.El resultado es una producción de profesionales muy superior a la nuestra.La Argentina tiene más alumnos pero menos egresados.De cada 100 ingresantes acá se reciben 28 en tanto en Brasil y en Chile son más del doble.Para seguir en la senda de la verdad tampoco es cierto el tema de la gratuidad.Apenas el aire es gratis, al menos por ahora.Todo lo demás alguien lo paga.Lo que debe decirse es el no arancelamiento, que es valioso pero que noes lo mismo.

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