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Editorial: ¿Cuál esperanza?

“Nada es peor que vivir con esperanza» afirma el sociólogo y sicólogo Gabriel Rolón y explica su teoría con claridad meridiana. «¿Qué es la esperanza, sino aquello que mucho ansiamos y hasta necesitamos y no tenemos?» se pregunta, y agrega: «No lo tenemos, por eso la esperanza de llegar a tenerlo. Sin ninguna seguridad, porque sino sería certeza y no esperanza. Con muy pocas posibilidades de que se concrete, porque la esperanza, cual una ilusión, es la creencia de la llegada de algo casi milagroso». Y remata: «Por eso la esperanza es algo que muy pocas veces se hace realidad y por ende tantas decepciones genera».

Más allá de las divergencias que este concepto puede generar, no sobran tampoco los argumentos para quitarle razonabilidad al licenciado. ¿Y a qué viene esto? podrá preguntarse el lector.

Es sabido, que el domingo pasado culminó un extenso proceso electoral de varios meses en la argentina que ha elegido, por un sorprendente margen de diferencia al nuevo presidente que asumirá el 10 de diciembre con mandato de cuatro años. Un proceso lleno de sor-presas, de episodios inéditos, hasta de curiosidades dignas de Guinness como que el nuevo mandatario nació candidato al impulso y resguardo del propio oficialismo, que lo alimentó en procura de plantearle a quien consideraba su potencial adversario y probable vencedor, un competidor que le menguara sus chances al restarle votantes, haciendo así posible la continuidad del espacio en el gobierno, que en estos cuatro años fracasó en prácticamente todas las metas que se había propuesto.

El gobierno, a sabiendas o ignorancia, creyó que «campaña mataba gestión» y que con la mera contratación de una docena de carísimos armadores de campañas,  considerándose «la oposición» de si mismo y con un desaforado «plan platita» a cualquier costo, podía alimentar «LA ESPERANZA» de concretar una quimera. Designar un año y medio antes de los comicios a su «mejor candidato» como superministro con casi el poder absoluto del gobierno, otorgándole «toda la botonera» del poder y respaldarlo para que fuera «a vencé..» como repetía el gran Carlo. Y como un verdadero Quijote, el que fuera funcionario en el inicio del ciclo Kirchnerista, luego fuera nada menos que jefe de gabinete y tras ser violentamente eyectado del gobierno por el mismísimo Néstor, se plantó en la vereda de enfrente y como «gran candidato» que es supo «encantar» a la oposición y ganarle las elecciones de medio término en 2013 a la mismísima Dra Cristina. Tras pasar por el equipo de la oposición casi como el capitán del mismo, «se dejó tentar» nuevamente por el mismo oficialismo y volvió al espacio y finalmente al poder en 2019 y terminó en esta «esperanza» que ante la historia terminará siendo algo increíble.

Desde el lugar menos  indicado para ser candidato, superministro de una economía detonada, con los peores indicadores de los últimos 32 años, con pobreza, indigencia, salarios, deudas, inseguridad y cuanto cuadro comparativo se analice, con un endeudamiento del estado que roza los 400 mil millones de dólares (esto se informa muy poco llamativamente en los medios, aunque nadie se atreva a ponerlo en duda), Sergio Tomás Massa demostró hasta donde llega el candidato y una excelente campaña, aún dándose de bruces con la realidad cotidiana. La  historia fría dirá que finalmente, en la ronda del balotaje, cayó derrotado por casi 12 puntos. Pero tal vez esa historia no refleje lo inexplicable a la luz de la razón que haya llegado primero a ubicarse en ese balotaje y en el mismo trepar hasta el 44 % de los votos.

Muchos podrán afirmar, no sin razón, que la esperanza una vez mas no se concretó. Otros, tal vez, menos apasionadamente pero con otro análisis, sostengan que el candidato  logró un milagro.

Claro que no puede obviarse a quien resultó su vencedor. Es parte de la  lógica aquí desplegada, que si el mismo fue «ungido» por su propio vencido, no puede pensarse que eligieron para ello un «Messi» de la política. Más bien, fue un marcador central con algo de pinta y nada más. Un verdadero outsider de la política, Javier Milei, hoy presidente electo, desde el primer día transitó a contramano de los más elementales manuales de la seducción. No dejó a nadie sin ofender, lastimar y despreciar. Convencido que estaba, que enfrente tenía una interna en el espacio competidor (J. x el Cambio) que ganaría el alcalde de la ciudad de Buenos Aires, se dedicó a destrozarlo desde el primer día, mientras le tiraba flores a sus rivales internos, Bulrrich/ Macri. Hasta que faltando poco para el desenlace, se enteró lo que «casi» todos sabíamos y era que esa interna la ganaba Bullrich. Y entonces, como buen mandado del oficialismo, cruzó todas las fronteras y llegó a la más grave acusación que encontró para la ex ministra de Seguridad. No se salvaron ni el ex presidente Alfonsín, ni todos  los radicales, ni siquiera el Papa. El único no tan maltratado era precisamente el candidato del gobierno Sergio Massa.

Todo parecía muy evidente y claro. Pero, una sociedad ofuscada, enojada, descreída no estaba para ver ni lo que le mostraba la vidriera. Y al sonar de una motosierra fue haciendo crecer la figura del león, que increíblemente ni se interesó en competir en las elecciones de las provincias a las que ni les prestó atención. Sorpresivamente, ganó en las primarias PASO y todo se transformó. Se convirtió en el primer jugador en ubicarse en la ronda del balotaje. El resto, lo imaginó otro notable «ajedrecista» de la política: Mauricio Macri. Con la sangre en el ojo por la jugada de Cristina en el 2019  que le ganó con el muleto de Alberto, rápidamente imaginó ese plato que se come frío, como el cangrejo: la venganza. Y concretado el resultado del mano a mano entre el creador y el muleto, corrió rápidamente a abrazar a ese muleto y explicarle que no estaban ante una esperanza sino ante la certeza del triunfo.

Y así, esta novela que nunca nadie ni como guionista imaginó, se concretó en la política argentina. Aquél candidato arrimado para ayudarlo a ganar, terminó venciendo a su inventor, «por el mayor margen que registra la historia de los balotajes en todo el continente».

Hoy el presidente pronto a asumir se llama Javier Milei. En medio de una crisis extrema que hace ilusoria cualquier pretensión de una mejoría en la calidad de vida de los argentinos al menos en el corto y mediano plazo.

Más allá de los análisis y las eventuales contingencias favorables que puedan devenir de aquí en más, al gobierno entrante solo le cabe el crédito de la esperanza.

Y aquí la incógnita: ¿La esperanza de la que habla el popular Diego Torres en su canción?. ¿O esa esperanza descripta al principio que explica Gabriel Rolón y que termina siendo solo una ilusión que casi nunca se concreta?

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 24 de noviembre de 2023)

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