Editorial: Con Barco, pero al naufragio

El más popular de los deportes, el fútbol, sirve con ejemplos contundentes para mostrar aspectos salientes de esta sociedad que se repiten permanentemente y que son merecedores de mejor atención.
Es el caso de una joven figura aparecida en Boca Juniors con notables condiciones para el juego y que con solo 19 años ofrece un futuro de primer nivel mundial. Se llama Valentin Barco y conocido como “el colo” ya se ha metido en el corazón de la hinchada con sus piruetas y su extraordinaria habilidad. Es un hecho que en poco tiempo su lugar será algunos de los más importantes equipos de Europa que se lo disputan.
Ahora bien: el chico tiene algunos problemas de conducta, refieren todos los entrenadores que lo han tenido en divisiones inferiores y los directivos del club. Algo bastante habitual en los adolescentes de hoy sobre todo si deben afrontar los avatares de la fama, el dinero y las mieles de la popularidad a tan temprana edad.
En pocos partidos en la máxima división y disputando instancias finales de importantes torneos, “el colo” al margen de algunas fintas y gestos no muy bien vistos en el ambiente (lo que suelen llamarse “sobradas” sin ningún beneficio práctico para su equipo) ha tenido un par de entredichos con el capitán del equipo y veterano uruguayo Edinson Cavani que llegó al club hace poco tiempo luego de 15 años de jugar en el máximo nivel europeo. El último cruce en pleno partido y a estadio lleno fue observado por miles de hinchas y en el mismo, el capitán de 36 años lo advirtió seriamente y hasta se escuchó cuando le espetó: “A vos te hablo nene”. A partir de este hecho, se multiplican las voces que por todos los medios se encienden contra el uruguayo considerando que sus advertencias al “botija” son inaceptables. El pibe tiene todo el futuro y Cavani ya está de vuelta y hasta casi ya han planteado la opción de uno u otro.
Es larga la lista de ex jugadores, directivos, el entrenador y hasta otro veterano y figura del xeneize como su arquero Romero que estiman que el chico debe corregir sus comportamientos.
En realidad, este ejemplo que tomamos del fútbol no debería sorprendernos tanto. Esta sociedad hace mucho que ha cambiado hasta sus roles fundamentales. La experiencia, la sabiduría de los años, la persona adulta que en toda sociedad es credencial para ganar el respeto de los demás, en argentina lejos de una virtud es un disvalor. Aquí un candidato presidencial puede referirse a los mayores como “viejos meados” y la respuesta es resultar el más votado.
Hace mucho, que siguiendo pautas bien direccionadas, en la familia argentina (en las que van quedando en esta total destrucción social) los hijos apenas asoman sus narices son los que deciden que deben hacer sus padres. Es natural y cotidiano oír a mamá y papá comentando como tomaron una decisión trascendente de sus vidas según el criterio del “nene”. “Le preguntamos a juancito porque los chicos hoy saben mas y están en todo y el decidió que vendamos la casa/ cambiemos el auto/ compremos dólares…” o lo que se le ocurra.
Cada día hay “menos jefe de familia” y los hijos son “amigos de los padres” y los padres en la práctica cada día son menos. O casi nada.
Y entonces: ¿Si la figura maternal/paternal no forma parte de su mapeo, como pretender que ese chico acepte otras figuras rectoras de su formación?. “A mi no me dicen nada en mi casa, me lo vas a decir vos” responden ante cualquier observación que se les haga.
Y como si eso no alcanzara, enseguida hay desafíos de violencia. Una criatura de 15/ 16 años desafía a pelear a un hombre de 60,70 u 80 años por cualquier gesto como si fuera una galardón. Y en la tribuna (de la cancha y de la vida) la inmensa mayoría alienta y apoya al chico y clama por tirar al viejo por la ventana.
Esta, como toda sociedad que pretende crecer con cierto orden, se hizo no solo con el rol vital de los padres, sino con la complementación de maestros, autoridades, vecinos y hasta ese primordial del comerciante del barrio y los dueños de las confiterías (entonces), boliches que se encargaban que los mas chicos fueran entrando en razones cuando las desconocían. Cualquiera de los adultos de hoy recuerda alguna reprimenda de un mayor por alguna macanita que, con los años agradecemos y valoramos.
La argentina de hoy perdió absolutamente esa guía. En una cancha de fútbol, un chico con apenas un puñado de partidos en primera, sin haber ganado aún absolutamente nada, desafía con desfachatez a un veterano de mil vestuarios muy pesados que si algo le recrimina seguramente es porque “la cosa en el mundo va por ahí”.
La gran masa, aplaude al chico. Y recrimina al capitán.
Lo que pasa en los 100 x 70 de una cancha pasa en todo el territorio y en todos los aspectos. Y así como ya no existen mas las figuras de jefe de hogar, de autoridades escolares respetadas, de las policiales, gubernamentales y de ningún tipo, en épocas como es-tas, prontas a elegir quien conduzca el país, no faltan los que lejos de involucrarse y asumir el alto desafío de comenzar a cambiar algo para recomenzar el camino a la normalidad, como la mamá y el papá ya citados, le “consultan” a esos pibes como les gusta que los gobiernen y le recitan las letras que les tararean.
Algún espacio político en esta campaña tuvo la desatinada idea de suscribir como slogan “voy a poner el país en orden”. ¿Qué asesor le habrá aconsejado que la mayoría desea y procura orden en esta argentina?. Si ya en 2013, el Papa Francisco ganaba simpatías repitiéndole a los jóvenes: “Hagan lío”.
Volviendo al ejemplo del gran jugador de Boca, es probable que apenas pise las grandes ligas y los vestuarios y grupos muy pesados, comprenda que tan importante como pegarle bien a la número cinco, o tirar “un caño” es integrarse a la convivencia y lograr el cariño y respeto de los mayores. De los líderes. De los Messi que nosotros tanto amamos.
Eso es deseable para “el colo” y posible. Pero mucho más complejo es lograr que cambiemos los que llenamos las tribunas. Los que aplaudimos la grosería, la indisciplina, el desorden. La desobediencia diaria.
Y así como estimamos que finalmente, el pibe será campeón de todo, mucho sospechamos que los espectadores, lejos de Barco, nos vayamos a pique como sociedad y no paremos hasta el fondo.
Del que por cierto, no nos separa tanta distancia.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos de 20 de Octubre 2023)
