Editorial: Alguien la recogerá y la llevará a la victoria

Hace algunos años que se instaló en la sociedad argentina la expresión de “la grieta” para referirse a una marcada división hasta con signos de enfrentamiento por afinidades o pertenencias políticas y que abarca desde lo mas alto de la dirigencia de todos los espacios, pasando por sus militantes y llega a la base social que cada día se observa mas dividida por esta materia.
Ante ello, están los dirigentes que han intentado transitar lo que han denominado “la avenida del medio” o “saltar la grieta” con muy escasos, cuando no nulos resultados. Y no podría haber sido de otra manera. Porque lo que se denomina “grieta” no es una discusión sin sustento ni raíces en esta sociedad.
Pareciera, tras tantos fracasos (Massa, Schiaretti, Larreta y otros) que ya es hora que la clase dirigente acepte la realidad tal como es, analice profundamente las razones y procure ir a las respuestas que la misma reclama, si es que en realidad existen los que quieren superarla y no servirse de esa grieta como ocurre con un sector importante de esta dirigencia.
Planteado esto veamos: existió (y sigue existiendo) el con-vencimiento mayoritario acerca de que en 2019 la mala gestión de la economía fue casi la única razón por la que el gobierno de entonces perdió las elecciones, dando lugar a la llegada de una coalición que “casi” no resistía análisis en cuanto al resultado que podría alcanzar. Mientras el actual presidente repetía que “les voy a llenar las heladeras de asado” y “conmigo con los jubilados nó” no hacía falta mucha agudeza para advertir que esa sociedad de tres “enemigos” al acecho no podía dar buenos frutos. Solo alcanzaba con aquél anuncio de la Dra. Kirchner: “He decidido que Alberto Fernández “me acompañe” en la fórmula como candidato a presidente en la que yo seré la candidata a vicepresidenta” (sic).
Inédito. Pero además insólito. Los que hemos trabajado en comunicaciones y sonidos toda la vida tenemos una frase que sintetiza la imposibilidad de corregir o siquiera atenuar este problema: “fallas de origen” llamamos a esto.
Y chau picho.
Pero la ciudadanía dijo que por encima de esto. De la archisabida antipatía terminal existente entre Cristina, Alberto y Sergio, había que castigar a un gobierno que no había logrado frenar la inflación (cosa que había asegurado) y la había llevado a porcentuales del 53,8 % en el último mes de su mandato, con índices de pobreza que ya superaban el 30 % de la población y un valor de la moneda estadounidense que rondaba los cincuenta pesos.
Todo ello agravado tras el estrepitoso resultado en contra en las elecciones PASO que dejó casi sin poder a un gobierno que pese a todo, tenía para la macroeconomía casi equilibrado el déficit fiscal que no es por cierto un dato menor.
Pero la vara de la mayoría ciudadana dio el veredicto de “inaceptable” tales resultados y poco importó quien era el reemplazo sino que era necesario reemplazar.
Podría agregarse para mayor ilustración que no hubo gremio que no realizara paros y protestas por la situación y hasta se llegó al famoso episodio conocido como “las toneladas de piedras” contra el Congreso y “el muchacho del mortero” que pasó a la fama. En fin…
Cuatro años más tarde el cuadro de situación en torno al clima electoral retorna y vale observar el panorama. Aquella cifra de inflación parece casi un alhaja comparada con la actual que ya en términos interanual se estima en cercana al 200 % (si se toman los últimos dos períodos de dos dígitos cada uno); la pobreza según los propios datos oficiales superó el 40 %; el endeudamiento externo subió mas allá de duplicarse y el interno se cuadruplicó; la moneda estadounidense ya superó los ochocientos pesos y nada parece detener su alocada carrera.
Siendo esta situación en el mismo país de hace cuatro años, con sus casi mismos ciudadanos (naturalmente se suman los jóvenes. Fallece gente….) pareciera irreversible que haya similar condena.
Pues bien. No es un detalle menor el que hasta aquí hemos omitido: el candidato del oficialismo actual es por un lado el superministro de toda la materia económica del país y a la vez, “cuasi” presidente, toda vez que ni el titular del ejecutivo ni su vice aparecen en escena desde hace un largo tiempo a esta parte.
A este cuadro, que a todas luces parece suficiente, debe agregarse que los escándalos por corrupción en las filas del oficialismo crecen a pasos agigantados día por día. Tal es la situación que la mayoría de los gobernadores decidieron adelantar sus elecciones provinciales para despegarse de esta situación. Y aún así, ya son 12 las provincias donde han perdido el poder (a las 9 del espacio JxC se suman Neuquén, Río Negro y Misiones), un escenario sin antecedentes en la historia del justicialismo/peronismo criollo.
Ya sin solución de continuidad se suman los casos escalofriantes de corruptela. Como si las condenas que ya pesan sobre quien fuera vicepresidente de la República (con prisión incluida) la que pesa con alguna instancia de apelación sobre la actual vicepresidente y la de muchos que han pasado por estas filas gubernamentales, ahora están en vías de proceso el jefe de gabinete de la provincia y “capataz” de Lomas de Zamora y de la poderosa tercera sección electoral (renunciante en estas horas a sus cargos) Martín Insaurralde, la ministra de Desarrollo Social y candidata principal en las listas de diputados bonaerenses por compras millonarias en su ministerio a precios insostenibles hasta en la tienda de la esquina; el presidente de la C. de diputados de la provincia con un hecho de docenas de “ñoquis” y un puntero manejando decenas de tarjetas de sueldos, etc. etc.-
Para no abundar en evidencias que ya resultan harto suficientes, vale señalar que si se aplicara el criterio ciudadano de hace cuatro años, ya habría una fuerza política para excluir de la competencia.
El oficialismo.
Pero lo que se da en llamar “grieta” entre los argentinos es una clara y cada vez mas marcada diferencia en la vara con la que unos y otros califican a su clase dirigente y a sus gobernantes.
En medio del último escándalo que tiene como cabeza visible a Insaurralde, con cifras varias veces millonarias en dólares en juego, con evidencias de viajes extravagantes de costos casi inimaginables, con un divorcio en el medio donde habría “acordado” abonar unos veinte millones de dólares (ganados en la función pública según se estima), por estas horas los principales portales señalaban con letra de molde la discusión entre Bullrich (contrincante del oficialismo por la presidencia) y Macri por unas declaraciones de este último.
Es mas o menos lo mismo. Si un integrante de esta coalición opositora se saca una foto con fulano de tal o si el mas alto dirigente de la provincia, amigo personal y político íntimo de Máximo Kirchner recibe ocho denuncias por lavado de dinero, enriquecimiento ilícito y tiene que ser echado sin miramientos por el gobernador que trata de salvar su pellejo. Seigual decía un personaje humorístico muy famoso. SEIGUAL !!
En definitiva, la “grieta” es la distancia que existe entre la vara que la sociedad aplica a unos y la vara que usa para otros. Y es ahí donde reside la misma y por donde de una buena vez habrá que empezar a trabajar en serio.
Hoy, aún con las dudas que dejan los pronósticos de las encuestadoras y consultoras, el ministro-candidato oficialista es más competitivo que su adversaria que representa al espacio que triunfó ya en nueve provincias adelantadas.
Del tercer candidato y que aparece como con mayor intención de votos, ya habrá tiempo para referirse. Tal vez solo pueda afirmarse que su relación política con el mencionado Insaurralde y con el propio candidato- ministro en varios niveles y circunstancias está demostrado.
Vale la definición: “La grieta en la argentina es la distancia que existe entre las varas que la ciudadanía utiliza para medir a unos y otros”. Y eso no se arregla con modales ni avenidas del medio. Comenzará a repararse cuando un país ordenado, ponga por encima de todo, la justicia para ubicar a cada uno en el lugar que debe estar (muchos en la cárcel) y una educación que otorgue a los ciudadanos las herramientas para poder discernir con facilidad las cosas aquí explicadas sencillamente y que sin embargo, sabemos de antemano serán rechazadas por muchos por incomprensibles y hasta por capciosas.
No son grandes las pretensiones de este autor en torno a los resultados que brinde esta columna. Tal vez solo la de que la vida le permita dentro de cuatro años, cuando una nueva campaña electoral esté en marcha, recurrir a la misma para revisarla. Y si la vida no nos da esta posibilidad, aquí queda disponible.
“Alguien la recogerá en el tiempo y (tal vez) la lleve a la victoria”
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 06-10-2023)
