Editorial: Al fondo del abismo, en su medida y armoniosamente

Si una persona parada en el piso 35 de un edificio tuviera la posibilidad de saltar de balcón en balcón piso por piso en descenso, muy probablemente lograra realizarlo hasta llegar al del primer piso. Si en ese momento, alguien mirando hacia arriba le marcara que ha cometido una locura y que ha saltado desde el piso señalado hasta casi el piso, y le agregara el ruego para que se detenga, seguramente el aventurado alquimista le responderá con una sonrisa socarrona señalándole que lo que va a hacer no es nada descabellado ni para asombrarse. Y dará el último salto de menos de tres metros y estará en tierra firme.
Cuando alguien pretenda contar que este hombre se “lanzó” desde un piso 35 hacia abajo y ahora se lo ve perfecto en la vereda del lugar el que será tomado “pal´churrete” será el narrador.
Nadie le creerá naturalmente y con sobrados argumentos, podrán responderle con un minucioso relato que tal cosa es imposible.
Es asimilable a esta fábula lo ocurrido en la argentina en una cantidad de años, un poco mas o algunos me-nos que los pisos del imaginado edificio. Desde la terraza de la situación que el país podía mostrar hace varias décadas, en la que no existía ni la droga en todas las esquinas, ni la violencia, inseguridad y delincuencia de hoy. Ni el hambre mayorista que hoy taladra el espíritu de cualquier ser humano, ni la corrupción en números romanos, ni la carencia de educación, ni …… (para que seguir),la sociedad ha descendido locamente a la superficie y nada hace pensar que se detenga aquí, habiendo varios subsuelos por alcanzar de alguna manera.
Las nuevas generaciones naturalmente que han llegado cuando ya casi todo el descenso estaba concretado. En la mayoría de los casos, solo pudieron apreciar el último salto o a lo sumo los últimos dos. Y resulta claro que no les sorprenda tanto el episodio. Todo ha sido concretado en su medida y armoniosamente.
Piso por piso.
¿En qué piso habrá ocurrido aquello del mayor impulsor de los derechos de los trabajadores -al menos en sus consignas- como se identifica al presidente Juan Perón afirmando que de ninguna manera podía dárseles a los gremios el manejo de Obras Sociales, “porque entonces el poder que ostentarán será inmanejable para el verdadero poder del estado que es su gobierno”?. ¿Dónde aquél principio democrático de hacer un compromiso de “todos” que cada gobierno elegido termine su mandato constitucional cumpliendo en todo con la carta magna?. ¿Y dónde también el claro y contundente espíritu de los convencionales del ’94 de reemplazar el período único presidencial de seis años, por dos posibles y UNICOS de cuatro años cada uno, si rápidamente aparecieron los creadores del matrimonio (ante la ley UNA SOLA persona jurídica) presidencial para ir turnándose y quedarse de por vida?. Vale preguntarse: ¿Dónde el concepto contundente afirmando que “una inflación del 25 % anual hace volar por los aires a cualquier país”? que afirmara Cristina Fernández.
Estas y mil cosas mas son naturalizadas y compartidas cotidianamente en esta argentina actual. Y aunque a los que peinamos canas o ya no peinamos nada, nos resulte más claro que un río de deshielo, nos resulta imposible lograr que nos crean de donde venimos, el recorrido realizado y las causas mas contundentes de esa caída. Las causas reales y palpables de esta caída estrepitosa, se han convertido en “derechos consagrados” de las víctimas. Cuales endemoniados fanáticos de causas maquiavélicas, regalan sus vidas y no dejan de dar testimonios de agradecimiento a quienes se las quitan.
La argentina ha saltado uno a uno todos los estamentos del edificio que alguna vez la tuvo entre las mejores naciones del planeta y proyectada a lo mas alto del podio.
Si para muestra basta un botón, veamos lo ocurrido esta semana, como corolario del suicidio de la economía nacional que se viene dando cada hora con mayor vértigo a raíz de una alocada y sin sentido pretensión electoral de la mano de un piloto que debe conducir dos vehículos a la vez. Uno con la vaga e inalcanzable pretensión de ser presidente de los argentinos y el otro manejando “toda la botonera” de dicha economía para lo cual ni siquiera tiene aprobado un curso de aquellos que alguna academia ofrecía por correo. Aquellos que miramos lo que ocurre (y nos ocurre) minuto a minuto, con la perspectiva de la azotea del edificio, solo nos agarramos la cabeza, sabiendo el final y abrazados a la impotencia de ya no poder evitarlo.
Muchos (demasiados) siguen bailando y brindando como en la cubierta del Titanic. Y nada de lo que ocurre a su alrededor les llama demasiado la atención.
Hace apenas algunas horas, el recinto de la Cámara de Diputados de la nación fue escenario de una puesta en escena que no hubiera ocurrido jamás en pleno auge del circo romano. El piloto de los dos vehículos, apenas un rato después de conocerse OFICIALMENTE el dato de alcanzar un ritmo inflacionario de mas del 12 por ciento mensual que lleva al anual a mas del 120 %, llegó al lugar para ser ovacionado por sus adeptos partidarios sentados en sus bancas (muchos de los cuales necesitan votos para renovar sus mandatos) y acompañado por ……..
…..será muy difícil (o imposible) que alguien en el futuro, siquiera sospeche de verdad lo que pasamos a detallar. El piloto estuvo acompañado de toda la cúpula de la Central de Trabajadores Argentinos (CGT) que consideran poco menos que un mesías al ministro candidato, ignorando (una forma de decir) una de las peores, sino la peor, situación que atraviesa el país en esta materia.
Es que esta escena, resulta ser el último salto del personaje del inicio. Apenas si saltó del primer piso al suelo. El resto ya estaba hecho.
Cuando los estragos más inimaginables, aún aquellos que hunden en la tragedia a todo y todos los que nos rodean, se realizan “en su medida y armoniosamente” pueden alcanzar la magnitud lograda en la argentina.
Y no solo no intentarán frenarla o enfrentarla quienes han sido designados para ello (en este caso los representantes de quienes mas padecen este sismo), sino que batirán palmas en su honor y levantarán al mayor culpable a la cúspide de un monumento.
La tragedia colectiva, al fin y al cabo, será otro de los derechos que se les ha otorgado a las víctimas. Y guarda con quien se atreva a intentar quitárselos.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 22 de septiembre de 2023)
