Ranchos: Los menos indicados
En medio de una crisis propia de un país que de buenos tiempos tiene pocos recuerdos, el domingo pasado se llevó a cabo la primera instancia de un proceso electoral que culminará con la elección de un nuevo titular presidencial y completará la renovación de gobernadores e intendentes.
La elección se produce en medio de un verdadero atentado a la institucionalidad. Ni el mismísimo Maquiavelo podría haber armado una situación siquiera comparable. El presidente de la nación ni protocolarmente ha estado presente en todo el tramo proselitista. Ni partidariamente ni invocando su investidura. Del mismo modo, la vicepresidente, aún considerada la líder política de su espacio, y segunda autoridad de la nación estuvo mas ausente que el mismísimo titular del ejecutivo.
Y como si esto fuera poco, con una economía al borde del precipicio, el superministro del área, es el candidato presidencial ejerciendo ambas funciones. Unos que son mucho sin nada. Otros que son menos por todo. Para no mezquinarle condimentos, su fórmula es con el Jefe de gabinete de ministros, también en funciones y el jefe de la campaña el ministro del interior, también en su cargo.
Es tal la dimensión de los que se describe, que cuando pasen los años y esto pueda ser leído como historia, no serán pocos los que duden de la veracidad de este presente.
Así con este cuadro de situación, absolutamente límite, resulta de una osadía y gravedad lindante con la ilicitud, la actitud de dirigentes de diversas áreas ligados al actual gobierno, despreocupados totalmente con todo lo que pasa a los argentinos, pero dedicados con envidiable entusiasmo a lo que suponen vendrá en algunos meses en el nuevo período.
Como un adelanto de lo que decidirán las urnas, en las que no parecen confiar mucho (y por los resultados del gobierno por ellos llevado adelante no debieran estar muy equivocados), la «preocupación» es el temor «por la llegada de la derecha», «la pérdida de los derechos», «la abolición de Educación, salud y….».
La desfachatez con que aquellos que bien pueden ser «el cuco» hablan hoy de la llegada «del hombre de la bolsa» supera cualquier frontera de sensatez.
Es impactante como hablan en nombre «del pueblo» quienes en las urnas no llegan a un tercio de los sufragantes, casi con pretensiones impugnatorias para con candidatos que sumados «a la derecha» de sus «progresistas ideas» han cosechado mas del sesenta por ciento de esos apoyos.
Es el mundo del revés y tal vez el de la desesperación que antecede al temporal.
Vaya un ejemplo de esto último: en las elecciones del domingo pasado en las bases militares de la Antártida Argentina se dio un resultado similar al resto del país con triunfo del candidato Milei seguido por Patricia Bullrich. Ante ello el ministro de trabajo del gobierno de la provincia de Buenos Aires acaba de «advertir»: «Si en la Antártida siguen votando por Milei se tendrán que quedar a vivir allá». Sea cual sea la interpretación que procure darle a sus palabras Correa (el citado ministro) solo debería corresponderle ser separado de inmediato de su cargo. No puede haber concesiones con tamaños disparates.
Y los ejemplos siguen: el titular del gremio mas «pesado» como es camioneros, ya ha repetido varias veces cual será su postura y actitud si ganara cualquiera de los espacios que hoy mas posibilidades tienen de hacerlo. Las afirmaciones de estar en la calle enfrentando con violencia a cualquiera de esas presidencias es un claro delito que atenta contra los cimientos mismos del sistema democrático. Y si el país no está en condiciones siquiera de enfrentar estos comportamientos, entonces nada tiene sentido ya. ¿Cuál es la diferencia que la democracia se quiebre por unos u otros?. ¿Cual es la violencia «legítima» y cual la marginal?.
Dicho todo esto resulta muy claro que mas allá de un cambio de gobierno lo que viene es un cambio de escenario, absolutamente diferente al que nos acostumbramos desde 1983 hasta acá. Desgraciadamente es posible, que el «parlanchin» Anibal Fernández tenga cierta razón cuando afirma que lo que viene es con sangre y muertos. Aunque lo que no dice es que no será una continuidad de esta realidad donde lo que impera es «sangre y muertos» como no se recuerda. No menos de 4 o 5 argentinos mueren todos los días en manos de la inseguridad, la corrupción y el narcotráfico. Por año mueren inocentes en toda la argentina en cantidad bastante superior a los caídos en la guerra de Malvinas.
«Lo que vendrá será con sangre y muertos». Pero…. «Hace tiempo que nos trajeron a la sangre y muertos». Como hace tiempo que los derechos mas esenciales se convirtieron solo en letra muerta.
No hay derechos por eliminar ya. Porque los pocos argentinos que todavía los tienen ya lo hacen en condición de privilegiados. Y de esa forma ya no son derechos.
Por lo tanto, lo que vendrá solo puede generar incógnitas. Las dudas propias de quienes de modo alguno pueden asegurar poner la proa de esta nave a mejores destinos. Y hasta es lógico que generen múltiples interrogantes los resultados que puedan lograr, sean quienes fuesen los electos.
Pero si algo debe tenerse por válido, es que no son los que nos trajeron hasta acá los que pueden colocarse en guardianes de la ciudadanía. No tienen legitimidad alguna ni autoridad para hacerlo.
Y menos en nombre de un pueblo que ya les ha dado la espalda hace mucho tiempo y por si hacía falta, el domingo pasado lo ratificó con una contundencia inédita en la historia de esos movimientos.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 18-08-23)
