Editorial: Sabio como el perro que voltea la olla
Procurar ser original en función editorialista en esta argentina actual es un intento de misión imposible. No porque sean escasos los temas que se puedan abordar, sino todo lo contrario; el abanico de cuestiones que tratadas de a una, alarmarían a cualquier persona de otras latitudes con un cierto grado de normalidad, son tantas y cotidianas, que la sociedad ha terminado por naturalizarlas y como marca el dicho popular “Ya nada nos asombra”.
El cartelito de advertencia de los canales televisivos de información, señalando que las imágenes a emitir “pueden herir su sensibilidad” ya casi se podría dejar de modo permanente durante varias horas al día. Porque desde los títulos de las noticias, pasando por la opinión de la mayoría de los periodistas de cualquier cuestión, hasta los mensajes de campaña de la casi totalidad de los candidatos políticos, son en gran modo hirientes al que lo reciba, salvo que éste tenga “el cuero muy curtido”.
Y los argentinos por cierto lo tenemos.
Sobado por el trajinar de un país al que esforzada y muy efectivamente sus gobernantes y dirigencia en general llevan al mas estrepitoso de los fracasos con velocidad inusual, los naturales resortes de autodefensa que la psiquis humana posee, empuja a un espacio neutral que sabe ponerle límite al espanto hasta llegar al lugar de cosas habituales, a las que no encontrarían (ni encuentran) lugar en sociedad alguna, salvo las mas condenadas y retrasadas del universo, entre las cuales ya nos contamos, aunque tampoco de esto tomemos nota.
¿Cómo podría vivir cualquier persona en el conurbano bonaerense, si tuviera la conciencia plena de estar haciéndolo con la muerte a la vuelta de la esquina, todos los días y durante las 24 horas? ¿Cómo seguir trabajando en medio de las peores condiciones, recibiendo cada vez menos retribución si además es plenamente sabedor que algunos de esos sueldos y ahorros terminarán en manos de los “chorros”?.
¿Cómo esforzarse esas familias para que sus hijos concurran a la escuela, a sabiendas que de lo bueno aprenden poco y lo otro es casi imposible evitar?
Y así podríamos seguir casi por varias ediciones de este medio. Y mencionamos el conurbano nuestro, pero en la realidad es la suma de todos los conurbanos del país. Y mas “tierra adentro” también.
Mientras un tango clásico muy conocido concluye su letra con una queja:
“Lo que mas bronca me da……., es haber sido tan gil”, hoy nadie ignora que hacer-nos un poco el gil es la única forma de seguir viviendo esta argentina. Y tampoco ya da bronca.
En el capítulo de los ¿Cómo……? debemos agregar: ¿Cómo seguir cumpliendo años, teniendo en el horizonte una vejez con una limosna por jubilación, obras sociales que ya no son ni obra y mucho menos social?
Y en tren de estas elucubraciones, ¿Cómo hacer para ir a votar, si hay que pedirle otra gilada mas a la ilusión para creer en el/ella de la papeleta que elegimos?.
Aún así, y en este punto nos permitimos poner el acento, no vemos otra alternativa que seguir simulando “como el perro que volteó” la olla. ¿Puede acarrearnos algún beneficio, o siquiera alguna reducción en la condena el no ir a las urnas y echar uno voto?. Absolutamente ninguno.
Solo haremos que todo les sea más fácil a los “albañiles del escombro”. Y en todo caso, que elijamos otro de ellos, o que si por pura casualidad, encontramos alguien un tanto mejor y no le dejen hacer nada, no nos asombrará mucho.
Será un capítulo más en esta argentina que viaja apuradita a su autodestrucción. Y será la herencia para los que vienen detrás nuestro.
Les llegará a ellos el turno de ser los desafortunados habitantes de esta tierra afortunada. Y serán ellos los desafiantes de una nueva era.
Y seguramente, los televidentes de algún futuro canal “Volver” donde le muestren la historia de lo que hoy es presente.
Y tal vez aún se mantenga el hábito de advertir con el cartelito: “Argentina 2023. Advertimos que las imágenes que mostraremos pueden herir su sensibilidad”.
Y seguro que como ahora, ya nada los movilizará.
A estos argentinos de hoy y a los que vendrán, ya no nos entran mas balas. Salvo claro….
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 04 de Agosto de 2023)
