Editorial: Jugar para ascender
En el fútbol, por recurrir al más popular de los deportes, hay una consigna de la que ningún técnico, dirigente o jugador se desprende. Y es la de considerar difíciles a todos los adversarios. Juega el primero que está a punto de salir campeón con el rival que ya está casi descendido y antes y después del partido (y de vencerlo) los conceptos serán mas a o me-nos estos: “Era un rival difícil, sobre todo en esta can-cha donde se hace fuerte, con un buen entrenador y además necesitados de puntos….”. A esto le pueden agregar algunas virtudes más y hacer de un cómodo triunfo 3 a 0 casi una epopeya deportiva.
Y por cierto que tales principios responden a los mas básicos conceptos de la psicología. Valorar todo lo que se logra; mentalizarse que nuestras victorias son relevantes. Sentir que somos mejores entres buenos.
Lo que pasa en el fútbol también ocurre en muchos otros aspectos de la vida. Y no solo en el plano deportivo.
Pero no ocurre en la política criolla. En realidad, en esta materia pasa todo lo contrario. Antes, durante y hasta después del partido, todos juegan contra los peores rivales. Para la dirigencia política argentina no hay mínimo respeto por los rivales de la misma liga donde juega. Regla casi inviolable. La aplican los oficialistas, los opositores, los de derecha, la izquierda, los que no se sabe bien que son y cada uno agregándole mas y mas descalificaciones que van desde la ineptitud para hacer lo que hacen, pasando por la agresión personal y en general un poco mas de condimentos como la deshonestidad, el travestismo político y algún paso fallido por la función.
En realidad, los triunfos que logran los políticos argentinos no debieran servir jamás ni para festejar. Porque siempre sus vencidos son lo peor que podían encontrar !!.
¿Qué cosa menos válida podría existir para el espacio de JxC que el Kirchnerismo y el actual gobierno?. En simultáneo: ¿Hay algo mas terrible que “la derecha” que representa al Fondo y lo mas rancio de la dirigencia nacional que eso es según el Kirchnerismo el espacio de JxC?
En mas o menos igual sentido se expresan desde Javier Milei (“la casta”) y la izquierda mas concentrada (“los cipayos”) y así con todos sumados, conformar una selección le sería imposible al mismísimo Scaloni “porque a decir de ellos mismos no hay uno que valga la pena”.
Así las cosas nadie se descalifica a si mismo tanto como la dirigencia política criolla porque siempre se enfrentan a malos tan malos que no hay peores. Y para colmo, ni al árbitro pueden culpar “porque el pueblo al expresarse es lo mas genuino que puede existir” en una expresión que mas o menos todos aceptan y repiten.
Así las cosas, toda victoria carece prácticamente de mérito. ¡Imagínese estimado lector que gana solo uno. ¿Lo que serán los demás que ante tan impresentables adversarios son derrotados?.
Es para renunciar de inmediato y retirarse. No es lo que precisamente hacen. Siguen compitiendo en esa liga de grandes mediocres y hasta en muchos casos terminan asociándose a algunos de ellos.
Nos surge en la memoria alguna excepción. Fue el caso de aquella victoria del actual precandidato presidencial Sergio Massa al triunfar por vez primera en el municipio de Tigre. Tanto en campaña como a la hora de los festejos, afirmó haber vencido a una muy buena gestión que llevaba adelante el vecinalismo del lugar.
No recuerdo otro caso.
Y lo dicho, retomó fuerza en estos días previos. Al realizar una de las tantas entrevistas que nos ocupan a candidatos diversos, quien ocupa el primer lugar en la nómina de concejales del vecinalismo defensista no tuvo empachos en reconocerle varios logros a la actual gestión municipal a la que enfrenta. “No hay dudas que ha gestionado muy bien en materias de obras públicas, con muchas viviendas, pavimentos, recuperación de edificios y otras materias” dijo el Dr. Luís Lamarque, un experimentado dirigente ranchero. Al ser consultado si no temía que decir esas cosas se viera perjudicada su posibilidad de vencer, exclamó convencido que no. “Es que a mi los logros de este ocasional adversario me motivan para poner el acento en procurar superarlo en caso de llegar a reemplazarlo. Nada es mas motivante tanto para competir como luego gobernando que tener la vara alta. Y saber que haber hecho bien las cosas en algunas áreas, no significa que muchas otras no puedan mejorarse y atenderse de otra forma” expresó el candidato que hasta agregó una vieja frase de un recitado criollo que es todo un desafío: “Le corro con mi manchao, al alazán de Cirilo y no le pido ni un kilo, pa´ganarle la carrera”. Optimismo, confianza, fe en sus propias aptitudes y reconocimiento al adversario. No tan complicado.
Por esos mismos días, otro candidato que transita por el mismo espacio grande que el anterior pero enfrentado en el proceso interno, desando un discurso tan opuesto donde solo habló de algo así como una epopeya fundacional, donde hay que transformar todo haciendo los cambios que “la gente pide”. “Las obras que se hacen (“para entregar en las elecciones”) no tapan todo lo que no hace o hace muy mal este intendente” subrayó otro precandidato a intendente.
Que naturalmente estará convencido de triunfar, porque cuando de antemano uno marca tan débil adversario y con tantos errores, no mucho hará falta para vencerlo.
En fin. La política hace mucho que es la única materia donde para todos y cada uno de sus protagonistas (con excepciones como las citadas) mi mayor mérito y el que me debe dar el derecho a reemplazar y gobernar por el otro, es “lo malo que es él”. Lineamiento que ha servido (a veces) para ganar elecciones. Hace mucho que es atentatorio para gobernar.
Tal vez si la política tomara los criterios del futbolero. “Todos los rivales son difíciles”. “Todos tienen buenos jugadores, y buenos técnicos”. “Todos quieren ganar como nosotros” etc. etc. los éxitos que abren las puertas del poder serían valorados de otra forma. Habría un estado anímico alto en los gobernantes y sobre todo, existiría en el vencido un reconocimiento que lo alejaría de las broncas que hoy lejos de posicionarlo en el lugar de oposición, lo ubican como un “enemigo” que solo apuesta por el fracaso del que le ganó.
Parece todo muy complicado. Sin embargo solo se trata de revisar los manuales básicos de toda competencia, de saber convivir y de quitarle el dramatismo de “Yo o el abismo” que hace mucho predica la dirigencia nacional.
Volver a reconocer como bueno al que enfrento, nos permitirá jugar en otra liga. Salir del ascenso. Y el día que todos los nuestros jueguen en primera, tal vez empecemos todos los demás también a ser simpatizantes, espectadores y protagonistas de un país de primera.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 28 de julio de 2023)
