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Editorial: No hacen falta más palabras

El proceso electoral en el país se encuentra en estado avanzado pese a que aún resta casi un mes para celebrar las llamadas elecciones PASO para la presidencia de la nación y en nuestra geografía provincial. Es que son más de diez las provincias en las que sus ciudadanos concurrieron a las urnas, en algunas de ellas para la instancia de primarias y en otras varias para renovar sus gobernantes y poderes legislativos. En todas ellas, en mayor o menor medida, la característica común es la caída de concurrentes a las urnas en un porcentaje de tal magnitud que en algún caso el mismo casi alcanzaría para triunfar en el escrutinio.

Y esto ocurre en un contexto de descontento con la fuerza que gobierna en la nación y en muchas de las provincias, toda vez que la oposición se está quedando hasta el momento con  la mayoría de los estados. Es ese estado de descontento el que, en un criterio supuestamente lógico, debería impulsar mas al votante que tiene en un único día el poder de modificar situaciones tales como las que origina quien gobierna, cambiando los protagonistas y aspirando con el resultado (y el mensaje que conlleva) a ser escuchado por el Poder y reasignar la marcha del país.

Pero en la práctica está ocurriendo todo lo contrario.

Acaba de suceder uno de los casos más emblemáticos este fin de semana con las elecciones en Santa Fé. En esa provincia la situación de inseguridad y el imparable crecimiento del narcotráfico se han tornado ya incontrolables al punto de llevar a un experimentado ministro de la nación como Alberto Fernández  a afirmar que la guerra contra los narcos “ya la perdió el estado”.

Puntualmente se destaca en esa rica y productiva provincia la situación de Rosario, la ciudad de mayor población. Con estadísticas que señalan que son casi 300 los muertos por sicarios o enfrentamientos narcos en el último año, el accionar y la influencia de las mafias ligadas a la droga han perforado  todas las capas sociales y se han infiltrado en todas las instancias del poder.

La situación es límite. Salir de este drama, que impera incluso en las cárceles de la provincia no será tarea fácil ni rápida. Y tampoco se logrará sin un alto costo en vidas humanas. Nadie como los habitantes de la ciudad de la bandera saben de esto. Vivir en Rosario ya no es vida se suele escuchar en boca de ellos.

Sin embargo, cuando la expectativa por lo que ocurriría el domingo en las urnas, casi el 40 % de los habilitados para sufragar no concurrió a hacerlo.

Mas allá de la explicación que cada uno pretenda darle a su postura, lo real es que quien no concurre a sufragar sabe que no está aportando nada en favor de cambio alguno.

NO EMITIR VOTO NO TIENE OTRO SENTIDO QUE EL DE CONFORMIDAD CON LO EXISTENTE.

¿Y puede creerse que esa es la sensación de los rosarinos?. Cabe pensar entonces que en realidad lo que impera es un gran desconocimiento sobre el resultado de los accionares propios. Suena casi a insólito que mucha gente afirme que “no voy a votar porque estoy cansado de los políticos”. O “son todos iguales” o “es mi forma de señalar mi disconformidad”. Resulta altamente creíble cualquiera de estas expresiones, pero es necesario explicar que el resultado del ausentismo es solo funcional a lo contrario de lo que manifiestan estos ciudadanos.

Mas allá de su “cansancio” y “hartazgo” con la clase política, será ésta la que seguirá gobernando. El voto en blanco o como se lo llame no quitará a la dirigencia política del Poder. En cambio el voto, es el que decide quienes de ellos seguirán en el mismo y quienes deberán abandonarlo.

Y en cuanto a que son todos iguales, razonamiento nada fácil de contrarrestar porque sino son iguales, casi todos se parecen mucho, también resulta ser el voto ciudadano “el látigo” con el cual castigarlos. Porque bastará que esa dirigencia advierta que en cada oportunidad de llamar a las urnas, solo los pocos que han satisfecho a sus gobernados tendrán renovación de sus gestiones y el resto se irá a la casa, no pasará demasiado  para que también comprendan que “su mejor negocio” será no enojar al soberano.

Contrariamente, si llegada la instancia de las elecciones, los “favorecidos” y “allegados” al gobernante concurren a votar y lo hacen solo guiados por sus mezquinos y a veces ni siquiera lícitos intereses y por el otro lado los castigados por ese accionar y directos perjudicados “compran” el libreto de no votar, el resultado es obvio y los grandes perdedores serán solo ellos mismos.

La democracia y la búsqueda del gobierno de los mejores, tiene un requisito imprescindible que está sentado en sus bases mismas: la participación masiva de la ciudadanía.

La concurrencia a votar de todos los habilitados no garantiza “per se” un buen gobierno. Pero el desinterés ciudadano, y dejar la libre decisión de elegir a nuestros gobernantes en manos de pocos si garantiza gobiernos cuanto menos débiles y en muchos casos de los peores.

Así entendido este concepto, es válido reclamar una reconsideración de estos criterios por parte de quienes siguen pensando, hasta con la mejor intención, en no cumplir con lo que se menciona como un derecho, pero que atento a lo expresado está mas emparentado con una obligación cívica que con lo anterior.

Vaya para cerrar un caso que podría sintetizar toda esta columna: hace muy poco se celebraron elecciones en Córdoba que eligió sus nuevas autoridades. Todas las estimaciones previas señalaban una reñida puja entre los que gobiernan la provincia y quienes aspiraban a desalojarlos. En tal situación y en un caso inédito, el ministro de gobierno, cinco días antes del domingo “votacional” anunció de modo oficial que “todas aquellas personas que no concurran a votar no serán pasibles de las sanciones que establece LA LEY y por lo tanto no sufrirán multa ni inconveniente alguno”.

¿Qué le parece a usted estimado lector que procuraba con ese anuncio el importante funcionario?. Veamos el resultado: la concurrencia a las urnas fue la más baja que recuerde Córdoba y el oficialismo salvó su permanencia en el poder por el 3 % de los votos.

¿Quieren que se lo mostremos mas claramente?. Seguramente a su inteligencia y comprensión no le hacen falta más explicaciones.

 

(Editorial publicada en la edición de Tiempo de Ranchos del 21 de julio de 2023)

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