Editorial: El día que no griten.
Casi a modo de prólogo de esta columna nos viene a nuestra escasa imaginación una conocida fábula que originalmente tuvo intenciones humorísticas, que no son las que tenemos al refrescarla en este momento. Según la misma, el episodio ocurrió en uno de los aeropuertos mas importantes del mundo, cuando la sala de embarque estaba repleta de pasajeros esperando la partida de su vuelo. En ese momento apareció cruzando la misma, un señor de uniforme blanco, anteojos negros, un bastón blanco y un acompañante que lo tomaba del brazo. Por los parlantes del salón se anunció: Señores pasajeros: ante ustedes el segundo coman-dante del Boeing que esperan. El es No Vidente, pero uno de nuestros mejores comandantes.
Las miradas sorprendidas de unos a otros fueron profundas. Dos minutos mas tarde – según la misma historia – por la misma puerta apareció otro señor algo mas bajo, pero de uniforme casi idéntico, también de anteojos negros, bastón blanco y acompañante tomándolo del brazo. Antes que los pasajeros se cruzaran alguna pregunta, por los mismos parlantes se explicó: “Señores pasajeros: ante ustedes el señor comandante de vuestro vuelo. El es no vidente, pero con mas de 10 mil horas de vuelo y un referente de nuestros pilotos. Tendrán un excelente viaje”.
Poco después, el pasaje completo estaba en sus asientos y todo dispuesto para partir. La aeronave comenzó el carreteo y ya en la pista principal comenzó el “ motores a toda potencia” y el inicio del vuelo. Pero algo pareció ocurrir y pese a alcanzar la velocidad de despegue la nave seguía viajando por la pista y se acercaba el final de la misma. El pasaje, ya muy sensible por lo advertido en la previa estalló en gritos desesperados, angustiantes, en pánico…. pero en en ese momento el avión despegó y se elevó tomando su altura.
Junto con el alivio generalizado en todos los viajeros en la cabina de mandos el subcomandante estiraba su brazo y tocando a su compañero con una sonrisa le comentaba: “ Al final…..un día va a pasar que los pasajeros no van a gritar y nos estrellaremos nomás”.
Hecho este relato vamos a lo realmente serio. El país en todos sus aspectos muestra una degradación de tal magnitud como se recuerdan pocas, pese a nuestra rica historia en crisis profundas. Mas que gobernantes, el país pareciera contar solo con aprendices de magos, a los que hace rato se le acabaron los conejos y en lugar de galera en el mejor de los casos, solo tienen alguna gorra, mas propia de mendigos que de Coperfield. Con una economía devastada, sin alguno de los recursos que puedan servir para apagar el incendio declarado, con una moneda casi sin valor alguno, sin capacidad de generar recursos genuinos, ni créditos a los cuales recurrir, con una clase dirigencial absolutamente desacreditada y unos cientos de argumentos mas en la misma dirección, mirar apenas un poquito adelante asusta en extremo. Pero si el cuadro del paciente es preocupante, la pasividad de los médicos es mas alarmante aún y a ello se suma, una absoluta falta de reacción de los resortes intermedios que la sociedad tiene. Los sindicatos – por señalar alguno de ellos – lejos de plantear la gravedad del momento y “declararse en estado de alerta” por usar una frase tan usada por ellos aún en situaciones mucho menos graves están dedicados a frenar cualquier reacción de las bases. Por estos días se los ha visto a los mas importantes de ellos parando reclamos, usando todos sus recursos (muchos de ellos no muy elegantes) para desautorizar a “sus trabajadores” y frenar reclamos en cumplimientos de “ pactos”, por ejemplo para ubicar a algunos compañeros en las próximas listas de candidatos a legisladores.
En paralelo, en los Estados Unidos, el responsable argentino ante el único organismo que nos prestó y nos sigue “fiando” algunos pesos, se encarga de denunciar una supuesta conspiración de economistas de la oposición ante ese FMI, cuando en realidad no necesita denunciar nada ni imaginar en la oposición, porque gritando a los cuatro vientos,en público y sin disimular nada, defenestra cualquier negociación con el mismo la máxima jefa del gobierno y de todo el arco oficialista que es la Dra. Fernandez de Kirchner. Contrario sensu, fue esa oposición la que le concedió al gobierno el acuerdo logrado.
Todo ya es un desquicio. El desesperado intento de llegar a “a orilla de diciembre” es tal, que a nadie sorprende que el gobierno diariamente salga al mercado vendiendo a 200 lo que hace unas semanas compró a 350. Claro que antes manoteó los fondos de todos los jubilados y todo lo que aparecía a su vista.
En fin.
Usan bastón blanco. Anteojo negros. Un lazarillo. Sólo que la voz de los parlantes (podrían ser Cerruti o Máximo) no nos dicen que son ciegos. Es mas: están esperando el momento para anunciar que “la dueña de la empresa” lo designe comandante de esta nave que es la argentina.
Hasta aquí toda similitud mas la fábula del encabezamiento es solo fantasía del lector.
Pero en tren de esa historia, vale recordar el final que salvó la tragedia. El final de la pista de despegue está bien a la vista. Y el pánico parece haber dominado tanto al pasaje que ni siquiera se escucha una voz.
A recordar la humorada del subcomandante y -claro que cuidando mantener el avión y dentro de esas reglas – a gritar a garganta plena.
“Un día el pasaje no va a gritar y ese día nos hacemos pelota”.
Yyyyyyyy ??
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 28 de Abril de 2023)
