Editorial: ¿Sano festejo o desahogo?
En pocas horas mas la selección nacional de fútbol estará jugando la final del mundo del mas popular de los deportes y con ello la posibilidad cierta de obtener el tercer título universal en su historia.
Los triunfos consecutivos que llevaron a esta instancia durante el torneo que se dis-puta en Qatar se fueron celebrando de manera creciente en las calles, plazas y paseos de todas las ciudades del país muy al estilo criollo. El último triunfo del martes ante Croacia que ubicó al seleccionado de Scaloni en esta instancia final generó multitudes en todos los rincones del territorio, con el epicentro en el histórico obelisco porteño. Un día mas tarde, el actual campeón Francia se convirtió en el otro finalista y entonces, también las calles de Paris y sus paseos y todas las ciudades de La France vieron desfilar a miles de ciudadanos con banderas y caravanas coreando a Mbappé y los suyos por el logro.
Ante estas imágenes no pasó inadvertido el repetido slogan de conductores de medios nacionales, columnistas, enviados deportivos y cuanto colega imagine, coincidiendo en la “virtud” argentina de celebrar y vivir el fútbol como ningún otro país del globo. “En ningún lugar se vive el fútbol como en Argentina” fue mas o menos el mismo fraseo repetido casi en cadena. Y por cierto que lo que se ve en la superficie de estos días asi lo indica.
Pues bien. ¿Es ciertamente esta carac-terística un símbolo de la pasión nacional futbolera SOLAMENTE lo que hace que a la hora de festejar triunfos algo irrepetible en otros países ?. No estamos para nada convencidos de ello, pese a ser apasionadamente futboleros y de los que se suman a los cánticos y caravanas. Veamos: ¿Cuántos son los motivos y cada cuanto ocurren para que los argentinos todos ganen las calles para festejar cosas?. Apelamos a la memoria y sinceridad de los lectores. Salvo causas puntualmente propias de cada ciudad, como que uno de sus hijos se consagre en alguna disciplina, el “cachito” campeón de cada pueblo, celebraciones y alegrías nacionales la argentina y los argentinos no tenemos. Hace mucho, pero mucho tiempo que la sociedad argentina es una permanente industria de dopamina, donde la angustia, la tristeza, la protesta y la precariedad nos inundan diariamente. ¿Qué cosa puede llevar a llenar las calles con alegrías a los argentinos sin distingos?.
La respuesta aparece sin preguntarse mucho: un campeonato de fútbol. Antes Kempes o Maradona. Ahora Messi.
Cuando revisamos las últimas décadas del fútbol mundial, vemos que los campeones han sido Brasil, Italia, España, Gran Bretaña y Francia. ¿Alguien puede afirmar que en esos países, aún con las dificultades que en todos lados existen, necesitan ganar algo en fútbol para que sus habitantes se quiten tamaña angustia?. Tambien dejamos liberados a los lectores sus respuestas.
Que un título deportivo genere estas masivas reacciones en la Argentina, mas que ocasionar estas reflexiones sobre la prevalencia de la hinchada argentina sobre todos los demás (para decir como en tan-tas otras cosas que somos los mejores del mundo) debería llevarnos a una sincera reflexión sobre nuestro permanente estado de ánimo. Sobre la negatividad que día tras día nos golpea de manera lacerante. Para comprender nuestras existencias en todo el contexto.
Que para nada significa no permitirnos desatar nuestras frustraciones y vivir esta pasión con elocuencia. Con esta argentinidad al palo. Pero que también nos sirva para entender que el lunes, pasada la final que todos deseamos ganar, estaría bueno procurarnos darnos otras alegrías masivas y sin estúpidas y nocivas grietas que supimos conseguir, para no tener que esperar otros cuatro años y otras genialidades en una cancha y así otro motivo que nos lleve a abrazarnos y saltar todos juntos con los colores patrios.
Mientras tanto, seamos un poco mas cautos y sinceros y no hagamos de nuestras frustraciones acumuladas durante 36 años otra bandera de una supremacía planetaria que solo nos vendemos a nosotros mismos para ocultar nuestros dolores.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del viernes 16 de diciembre de 2022).
