Editorial: Con absoluta franqueza
¿Qué dice nuestro rico idioma sobre el significado del término Sinceridad?. Más o menos literal, una de las traducciones indica que tal cosa “es la virtud de quien se comunica y actúa de acuerdo con la totalidad de sus sentimientos, creencias, pensamientos y deseos de una manera honesta y genuina”. Dicho esto cabe preguntarnos con “sinceridad”. ¿Somos sinceros los argentinos?. A quien pueda responder afirmativamente le recomendamos volver a leer el significado de vocablo.
Debe estar en este aspecto una de las razones mayores del estrepitoso fracaso argentino que asombra al mundo sin encontrar muchas explicaciones sensatas por el mismo. Es que para no ir muy lejos en la historia (que en muchas décadas nos vió estar mejor) no es difícil apreciar que a los gobiernos que en los últimos 40 años sucedieron a la tragedia de la dictadura (producto entre otras cosas de la catastrófica situación que la antecedió) se les entregó “una Ferrari” (en términos automovilísticos) y al cabo de cuatro décadas de competencia estamos clasificados muy lejos atrás de un Citroen 2 cv, un Fíat 600 o un viejo Rastrojero diesel.
Y la primera sinceridad absolutamente ausente es la aceptación de alguna cuota de responsabilidad de alguno de los que compartió el gobierno del país en esos larguísimos años. Solo el dedo acusador de todos para indicar la paja en el ojo ajeno.
Pues bien.
Si en el discurso político de todos hay una coincidencia (del tipo Alcoyana) esa es la referencia a la absoluta necesidad de la confianza social para alcanzar el éxito de cualquier programa de gobierno, aún por prolijo y virtuoso que este sea. “Sin confianza no hay plan que funcione ni economía sostenible” nos hemos cansado de oír a peronistas, radicales, del PRO, de izquierda o de derecha.
¿De dónde creen que puede nacer la confianza de una sociedad que se sabe absolutamente hi-pócrita, falsa, farsante y que hace de esta inep-titud y carencia una característica que ha ido copando todo el tejido social, con una metástasis que nace de lo mas alto de poder hasta socavar los cimientos mismos de la población?
¿Dé que confianza se debate si en el mismo gobierno el presidente no le cree a su vice, y ninguno de los dos a su superministro y este a su vez sabe que no puede creerle a ninguno de ellos?. Exactamente algo parecido pasa en la oposición.
En la Argentina nadie le cree a nadie. Y no se equivocan al no hacerlo. EL PROBLEMA ES QUE EN PARALELO TODOS PIDEN SER CREIDOS.
De manera brutalmente clara, hay una letra que repetida por un tal Arjona dice “el problema no es mentirme; el problema es que te creo”.
No Arjona. El problema, y la argentina lo muestra todos los días es que todos nos mienten descaradamente y no le creemos a ninguno.
Miente la dirigencia toda. Miente el gremialista. Mienten los empresarios. Miente gran parte de la justicia. Miente gran parte del periodismo que “relata” los hechos como les ordenan.
Miente ante ellos el ciudadano de a pie. Y en esta gran farsa, es mentira que estemos creciendo. Que algo ande bien. Que tenemos futuro. Que la inflación, la moneda, la educación, la distribución de la riqueza y el arbolito de Navidad.
“Si llegaba a decir lo que iba a hacer en el gobierno no me votaba nadie” dijo hace mas de 30 años un ex presidente. Tal vez uno de los últimos actos de sinceridad que se recuerde.
Y desde entonces, pasó el presidente que expre-saba “qué lindo que es dar buenas noticias” y duró un rato. Y vino el que aseguró que “el que depositó dólares, recibirá dólares” (sabiendo que no podría cumplir); y luego llegó el Dios de los Derechos Humanos y “no dejar las convicciones en el perchero de la puerta de la ro-sada”, y luego llegó la presidente que venía a dar “ institucionalidad” a la República (es fuerte esto….), y mientras tanto le ganaba alguna elección el que prometía meterlos a todos presos “y con la Cámpora no voy ni a la esquina” y hoy es su principal socio; y así llegó el que “tenía el mejor equipo de los últimos 50 años” y que “ terminaba con la inflación en menos tiempo que lleva escribir esta columna” y por último llegó “ El Okupa que está usurpando el poder que nos pertenece a nosotros” como dicen del actual presidente sus propios socios y electores.
Confianza es el fruto que da el árbol de la sinceridad constatada. De esa virtud de comunicar y actuar en un todo de acuerdo a lo que se piensa, se cree, sus pensamientos y buena voluntad. Ese árbol hace mucho que se secó y no quedan de él ni las astillas.
¿Hay solución para esta situación?. Tal vez arar el terreno, quemar toda la maleza y resembrar con nuevas pasturas donde encuentra fertilidad esa planta llamada sinceridad. Mientras tanto, no hay manera de modificar nada de esto.
SINCERAMENTE.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del viernes 02 de diciembre de 2022)
