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Editorial: ¿Quién es el Zaffaroni de los perros rancheros?

La portada de nuestra edición anterior puso acento en la gran cantidad de perros vagabundos y de dueños despreocupados que llevan ya una interminable lista de víctimas en la ciudad sin que haya reacción alguna de las autoridades, al menos reacciones de las que se hacen notar y van solucionando la situación. Vale decir que tampoco (y hasta menos) el Concejo Deliberante aborda el tema y aporta soluciones.
Desde la publicación pasada, ha sido el vecindario en general el que nos ha aportado una innumerable cantidad de documentos, fotografías, videos, datos puntuales de animales sueltos que atacan a niños, adultos, señoras y abuelos sin distinción.
También es llamativa la escasa o casi nula capacidad para imponer decisiones o medidas por parte de las autoridades. En varios casos de denuncias conocidas, por ataques de perros cuyos dueños están debidamente identificados, consta que han sido notificados pero con solo meras promesas de resolver la situación todo sigue igual y a la vista de todo el mundo. Vale citar el caso de una persona que arrastra una verdadera tragedia en su vida a causa de los perros y que fue atacada hace dos meses en la ciudad por un par de canes que la mordieron en va-rias partes del cuerpo por las que fue atendida en el hospital Campomar. Si bien el nosocomio afirmó que de inmediato traslada la denuncia a la Policía, este medio que sigue este y otros casos, puede afirmar que las autoridades policiales “niegan haber recibido información del nosocomio”. Pero además, si bien hubo una intimación al propietario de los animales (casi protocolar al estilo de “haceme la gauchada”) los animales siguen en el mismo lugar en la vía pública y hasta se la han sumado otros dos. La víctima, que por razones familiares debe movilizarse caminando muchas veces al día, para evitar pasar por donde están estos animales, hace un rodeo de cuatro largas cuadras, para esquivar la amenaza. Parece importarle poco y nada esta historia a todos. ¿Es justo que esto ocurra? ¿Acaso hay que esperar que un niño muera para hacer una manifestación? Y en tal caso: ¿ Quién se animará a encabezarla?. En Ranchos se festeja que la Iglesia en sus ceremonias a veces tenga más perros que fieles. O que para caminar hacia el mástil a izar el pabellón haya que esquivar perros en los actos patrios. Para algunos esto es hasta simpático. Para nosotros una muestra de la dejadez en la atención y cuidado del espacio público y aún mas, de las personas que por el circulan.
Ni hablar de lo que ocurre en varios barrios de la ciudad donde la cantidad pe-rruna es alarmante. Circular en bicicleta es un desafío al coraje. En el caso de señoras que utilizan sus bicicletas para hacer sus compras abundan las caídas con heridas resultantes, producto de los perros que las corren, las cruzan y les hacen perder el equilibrio.
Y son muchos los niños que también han padecido los dientes de un perro. Causa hasta una molestia infinita escuchar a ciertos propietarios decir “no muerden. Si no les hacen nada ellos tam-poco hacen nada” y luego terminan explicando que “el chico lo quiso agarrar y el animal lo desconoció” casi como que el culpable es el niño.
El daño que otros perros hacen en la laguna ranchera desde hace años tampoco es advertido por nadie. Ver a un par de ellos cruzar a nado desde la costa hasta la isla de reserva natural es habitual. Y como han ido exterminando allí varias especies también. O recorrer las periferias del campo del Fortín de los Ranchos y ver el plumerío de algún ave cazada o los restos de algún carpincho presa de una jauría es bastante fácil.
Hace tres meses que en nuestros diferentes medios y hasta personalmente estamos abordando este problema. Hemos hablado con todas las autoridades con incumbencia en el mismo. Como se afirma al principio, menos mal que la solución no es para traer la partera o los bomberos porque sino el niño nacido ya es-taría por caminar y el fuego no hubiera dejado nada.
Y por último: los concejales no tienen nada que decir al respecto?. Ni ordenanza por aplicar, o reforma por hacer o nueva por aprobar?.
Vaya. Si una persona corriera a una mujer que marcha en bicicleta por la calle hasta hacerla caer y sufrir lesiones serias, esa persona termina en la cárcel. Acá lo hacen perros todos los días y los responsables miran para otro lado. Quién es el Zaffaroni de los perros rancheros?.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 04 de Noviembre de 2022)

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