Editorial: Gobernar o militar
La argentina suele marchar a contramano de lo que imponen las circunstancias y los mejores consejos en aspectos relevantes y trascendentes para la vida de sus habitantes. Un ejemplo de ello se refleja en el valor que la dirigencia le otorga hoy a las ideologías, casi como un Don supremo y ubicándolas por encima del sentido común, de los valores universales, de las buenas acciones y gestiones y hasta del ser humano como tal. Mientras como si fuera un disvalor, el mismísimo presidente de la nación se burla de quienes creemos en el mérito como una herramienta que legitima alcanzar destacados objetivos, a la vez por cuestiones ideológicas poco menos que se mata y se muere…..bah, en realidad se llega a matar y morir por ellas.
Hace mucho que los países que han logrado crecer en beneficio de sus pueblos, mantienen matices claros y prioridades de agendas según quienes gobiernen y atento a las pertenencias partidarias y en consecuencia a posturas ideológicas. Pero nunca la ideología es el patrón mayor. Vaya usted a desconocer a las Fuerzas del orden o un fallo de la justicia en EEUU, Ale-mania, Francia o Gran Bretaña, gobiernen los Demócratas o Republicanos. Liberales o Conservadores.
Y si quiere verlo mas cerca, intente algo similar en Uruguay, con “pepe” Mujica o con Lacalle Pou.
El resultado siempre será el mismo. Esos valores y principios consagrados no se mezclan ni se minimizan por excusas tan nimias como “derechas” o “izquierdas” que ya resultan términos más aplicables a un jugador de fútbol o tenis que a un gobierno.
En la argentina en cambio, avanzamos raudamente al pasado. Ya hemos logrado retroceder hasta volver a poner en duda el estado de derecho que es la verdad con mayúsculas que recuperamos en 1983 y que representa en si mismo una definición mas amplia que la propia democracia.
Esta argentina desbordada de problemas, con una población al borde de la esquizofrenia y en estado de angustia creciente, muestra una agenda de su dirigencia ya inaceptable. La vicepresidente de la nación (en ejercicio del poder) acaba de plantear sin sonrojarse debatir la au-tonomía de la ciudad de Buenos Aires. Ha afirmado en el propio senado que preside que “total la constitución no dice nada de autonomía y esta es la ciudad de todos los argentinos”. Ha sido la Dra. Fernández constituyente en 1994 y ha votado el artículo 129 de la carta Magna que dice textualmente: “129. – La ciudad de Buenos Aires tendrá un régimen de gobierno autónomo, con facultades propias de legislación y jurisdicción, y su jefe de gobierno será elegido directamente por el pueblo de la ciudad. Una ley garantizará los intereses del Estado nacional, mientras la ciudad de Buenos Aires sea capital de la Nación.” Pero además de su condición de constituyente estamos ante la figura de mayor mandato al frente de la República y actual presidente del senado.
¿Puede desconocer esto?. No. Absolutamente No.
Pero en el armado “político” hay excusas ideológicas que justifican este y mil disparates mas afirmados como verdades absolutas.
Desde otras posiciones, por inercia, incapacidad o empujados por la mirada cortita, tampoco se privan de algunas posturas parecidas, para conjugar un país de irracionales.
Ahora bien: ¿Debe esto significar que todos los qué pertenecen a un espacio determinado y ligados por las banderas del mismo al resto de sus “compañeros”, “camaradas”, “correligionarios” o como se llamen, actúen y razonen de la misma forma?.
No. Rotundamente No.
Es absolutamente caprichoso “meter a todos en la misma bolsa”. Forma parte de nuestras disparatadas verdades actuales hablar de “los peronistas”, “los radicales”, “los Pro” y el resto del mapa nacional como colectivos que marchan a un único destino y llevan idénticos pasajeros.
Hay excelentes gestiones del espacio Frente de Todos con discretas y hasta muy cuestionables oposiciones. Y de esos mismos espacios opositores, a pocos kilómetros de distancia hay excelentes gestiones municipales, con opositores del F. de Todos lamentables.
Todo pasa por si se atienden las necesidades, urgencias y progreso de sus comunidades, o si se dedican a armar marchas en favor o en contra del fiscal Luciani.
El variopinto partidario que presentan los municipios de la región habla por si solo. Los vecinos de cada pueblo, que saben de sus dirigentes locales saben valorar sus capacidades por encima de sus pertenencias partidarias. Aunque es absolutamente previsible, que los grandes dirigentes que pueblan diariamente los grandes medios y que difícilmente le hagan ganar una elección municipal a un resistido por sus vecinos, si tienen a capacidad de daño para acabar haciendo perder a un buen gobernante, por el solo hecho de arrastrarlo a sus superficies y hasta regalarles algún conocido abrazo de oso.
Será determinante en este sentido, que los dirigentes que día a día caminan las mismas calles y dialogan con la misma gente, sepan separar bien la paja del trigo y llegado el momento se sometan a la voluntad de sus conocidos vecinos, por lo que han hecho, lo que son, y lo que se vislumbra que pueden hacer. En cambio, si en el momento de las urnas, se mimetizan con los cantos de sirena de sus líderes y procuran que esa voluntad ciudadana, en lugar de ir a sus alforjas, se traspase a sus “mentores ideológicos” pueden terminar con derrotas “que no logran explicarse”.
No estamos adivinando nada. Ni presumimos de visionarios. En la historia reciente, todos encontrarán ejemplos para ilustrar esta columna.
(Editorial publicada en la edición del semanrio TIEMPO de Ranchos del 02 de Septiembre de 2022)
