Columna del domingo, por Héctor Ricardo Olivera: “VERGÜENZA Y CONTRA VERGÜENZA DE LA POLÍTICA Y EL FÚTBOL ”
Amado Boudou es el Vicepresidente de la República.
Javier Mascherano es el mediocampista central de la Selección Argentina de fútbol.
En un marco de orden y jerarquía mínimo va de suyo que la autoridad de uno está, (debería), muy por encima del otro.
Uno es la segunda autoridad del País.
El otro es sólo un deportista de gran nivel pero que solamente hace lo suyo con maestría dentro de un campo de juego.
Esta obviedad que diferencia niveles y funciones se diluye cuando es puesta en el escenario de una argentina sometida a una gestión de gobierno que en su andar de retirada supera sus vicios con la velocidad de un rayo.
Nadie podría imaginar a los jugadores y cuerpo técnico del Seleccionado yendo al vestuario a pedirle a Mascherano que se abstenga de jugar la final de mañana contra Alemania.
Por el contrario, los Senadores peronistas, con el Presidente del Bloque a la cabeza, el rionegrino Picheto, tuvieron que ir al despacho del Vicepresidente a decirle que no fuera a cumplir su rol institucional de presidir la sesión del Cuerpo.
Indudablemente la Señora fue consultada y de allí bajó la directiva.
Sucede entonces que cuando más de un peronista del gobierno soñó con la utilización política demagógica de un eventual triunfo argentino en el Mundial se encuentra hoy que precisamente desde el fútbol vienen también mensajes de sentido común y respeto a las jerarquías que perjudican los sueños oficiales.
Las redes sociales se han inundado de elogios y comentarios de inteligente humor para señalar las virtudes de Mascherano.
No sólo las futbolísticas, sino las de su conducta, su solidaridad, su ejercicio mesurado y firme a la vez del liderazgo, su calidez para el elogio y su respeto para imponer criterios.
Del otro lado hemos asistido a la lastimosa imagen de la segunda autoridad de la Republica encabezando el acto oficial del Día de la Independencia en Tucumán.
Tan solo 11 minutos de discurso alcanzaron para mostrar la desfachatez de Boudou y, a la misma vez, el sometimiento manso de un Gabinete mediocre y carente de la mínima autoestima y la elemental rebeldía que jerarquiza a la Política.
Los jugadores y el destino definirán el resultado de mañana, que esperemos satisfaga nuestros deseos de éxito.
No ha de ser el destino, sino nuestra responsabilidad cuando llegue la hora de las urnas, la que nos evite los papelones que hoy nos duelen.
