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Editorial: Avanzar hasta alcanzar a Sarmiento

Sin necesidad de mirar con demasiado detenimiento se puede advertir que la argentina padece de un megaprogresismo declamativo que en la práctica no es mega nada y menos aún progresismo.
La realidad es el mejor testimonio; si por progresismo se entiende lo único que cabe interpretar de tal definición que es un sistema que conduzca al “progreso” de la sociedad en general.
¿Hace falta explicar que ese progresismo hace mucho, pero mucho, que no impera en el país?.
Veamos alguna línea comparativa entre la antigüedad del fondo de nuestra historia y la modernidad de nuestros días.
Luego de los gobiernos de Urquiza (y su frustrado intento de reelección que “casi” no figura en ningún lado), el malogrado de Derqui, y el no muy trascendente de Pedernera, el primer presidente constitucional (en toda su dimensión) será quien deje huellas indelebles en el trazado argentino. Llega en 1968 el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento que si bien arriba con un clima interno mas calmo tenía un país en cero con todo por hacer. TODO. Había que fundar un país inmenso, sin instituciones fuertes, con una población absolutamente sin conocimientos ni preparación, sin organización laboral ni económica y todo lo que pueda pensarse en la misma dirección.
Y Sarmiento pone eje rápidamente a su plan de go-bierno. Y ese eje fue Educación. Rápidamente hace venir de Europa a los mejores artesanos especialistas en mimbre y organiza la población del archipiélago de Tigre, poniendo en marcha el proyecto de redistribución de tierras. “La tierra debe ser para quien la produce” impone.
¿Les suena esta frase?. Y les asegura en la práctica (su proyecto de ley se aprobaría en 1984 recién) a quienes habitan algunas de las islas que se habían ido formado de a poco su propiedad a cambio de plantarlas mientras aprenden a trabajar ese mimbre que aún hoy sigue siendo el mejor material para mantener productos como el pan. Los famosos canastos. Y aún hoy, el mercado de Tigre sigue comercializando la producción inmensa de los pobladores isleros que vienen desde entonces.
Y para no extendernos en lo que sería poco después el Tigre en materia de turismo internacional, su impresionante hotel casino y su urbanización, vayamos a una de las decisiones mas trascendentes de su gestión. Rápidamente decide que hay que transitar todo el territorio educando y preparando docentes que puedan ir organizando maestros criollos para seguir educando “al soberano”. Y sin dudar decide invertir el 66 % del presupuesto que ese año (1869) tenía para Educación y lo invierte en traer al país las mejores maestras norteamericanas a repartirlas por la incipiente argentina enseñando. Así, arriban al país un grupo de 61 mujeres del mejor nivel y tras comenzar una intensa campaña en colegios de Buenos Aires, son repartidas por las principales ciudades del interior. Educación pública para todos.
¿Les suena esta bandera?
Otras cosas pueden esperar, según dice el estadista. Pero educar a la población es impostergable. Nada puede hacerse con un pueblo analfabeto.
El trabajo de “las señoritas” ha sido mezquinamente casi ignorado por “los ganadores encargados de contar la historia”.
De allí surgiría décadas después el brillante Jorge Luís Borges, nieto de una de esas señoritas (inglesa ella que ya residía en Paraná y se sumó al grupo) que contrajo matrimonio aquí. Y muchísimos de los avanzados alumnos de ellas, escribieron páginas ilustres en la historia nacional.
Pero hay otro aspecto que no se puede pasar por alto de aquella experiencia, cuando hoy nos vemos bombardeados por los movimientos y/o colectivos feministas, que esgrimen la defensa de los derechos de la mujer “jamás respetados en esta argentina patriarcal” como mas o menos rezan las consignas de esas organizaciones que han generado tanto efecto que prácticamente nadie se atreve públicamente a contradecir una palabra provenientes de esos grupos.
Pues aquí señalamos un aspecto que se nos ocurre central en este abordaje. Si bien la enorme tarea y la trascendencia que el “Plan Federal de Educación” tuvo para la vida y el futuro de nuestra nación y que se mantuvo entre 1869 y 1898, con centros de altísima repercusión como Paraná (donde la inglesa abuela de Borges las hospedaba), Catamarca, La Rioja o Santa Fe, vale señalar otros aspectos de aquellas mujeres. El solo hecho que en aquellos tiempos se trasladaran a radicarse a la Argentina, su alto nivel de educación y los importantes ingresos que percibían, hacía que fueran mujeres que claramente “se autoabastecían” y para nada requerían asistencia de hombre alguno. Eso también lo enorgullecía al “padre del aula”. Estas maestras no solo enseñaban a leer y escribir. Levantaban sus banderas de defensa de los derechos de la mujer a punto tal que “las señoritas” son consideradas “el primer grupo organizado del mundo profeminista” y una parte del mismo, que se fue antes de 1998 de la Argentina, lo hizo para recorrer los mas importantes países de Europa difundiendo sus ideas en favor de los derechos de la mujer.
Y vaya un ejemplo: un par de ellas, que se radicó en Mendoza, adonde habían sido destinadas en el marco del programa sarmientino, conformaron entre si una pareja que pasó el resto de sus vidas conviviendo en una de las localidades del gran Mendoza, siendo muy respetadas y queridas por toda su vecindad.
Esto ocurría antes de 1880. ¿Qué extraño resulta que jamás alguna de los modernos colectivos que hoy parecieran descubrir estas luchas no reivindiquen y ni siquiera mencionen que en esta argentina trabajó y existió este primer movimiento serio universal en la lucha de los derechos que hoy dicen defender?.
Tan extraño es que ignoren a quien hizo de la educación, del progresismo como expresión de progreso, “su lucha, su vida y su elemento” como que en estas horas también ignoren a un personaje como el Feudal tucu-mano Alperovich, procesado por abusos y violaciones, entre ellas a su propia sobrina?. Señalar todo esto y afirmar que el final de la argentina como sociedad con esperanzas es una obviedad.
Es que la Argentina de este siglo XXI necesita volver a fundarse. Está obligada a renacer. Porque su estado es terminal. Y esto que nadie lo dude.
Y es allí donde hacen falta ideas fundacionales. Visiones de avanzada. Estadistas.
Sería bueno no seguir retrocediendo hacia adelante y por el contrario viajar un poco al futuro hasta llegar a gobernantes como Sarmiento. Y un primer paso imprescindible para ello es derrumbar un relato histórico que ha cegado por décadas a varias generaciones de argentinos, y proceder a quitarles las vendas de la mentira, la negación, la ficción y la fantasía que les permita volver a mirar la realidad tal como es.
Esa que Aristóteles dijo que era la única verdad.

 

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 13-05-2022)

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