Editorial: AH…, PERO ALBERTO
Por Héctor Ricardo Olivera
El proceso de desintegración del Gobierno ha entrado en una vorágine de resultado imprevisible.
A la hora de preguntarnos por el final de la tragedia entramos en un cono de sombras donde oscuridades y encandilamientos tornan imposible imaginar una respuesta.
Sí resulta más accesible responder a la pregunta de la razón que desemboca en este infierno.
Resulta que para el peronismo primero y luego para el kirchnerismo, que es una deformación de este, el opositor es un enemigo.
Y ya dijo el General que “para los enemigos ni Justicia”.
Para los demócratas republicanos el opositor es un adversario, jamás un enemigo.
Ahí vive la razón de ser de este drama donde una tribu que se unió solamente para ganar una elección explota ahora en el ejercicio del poder.
Ya no es Macri, ni los gorilas, ni la oligarquía, ni los cipayos.
Es Alberto, un pobre tipo que un día encontró en sus zapatitos que la Reina le había dejado el cargo de Presidente de la República.
Lejos de actuar con la responsabilidad que el momento exige la tropa de la viuda de Kirchner ha puesto en marcha un golpe contra su propio Gobierno.
Ante el fracaso inevitable de la gestión han optado por tomar distancia con la fría especulación de que puede ser posible que “la Historia ya me absolvió”, como dijo ella.
Lo que no puede absolverlos es el presente.
Inflación, desocupación, escuelas cerradas, crisis energética, amoríos con todos los dictadores son una carga en su mochila de la que no pueden desentenderse.
Tienen, eso sí, una desfachatez infinita.
“Esto no da para más”, dice Kicillof.
Ah…, pero Alberto…
“esto se va a poner feo” anuncia Felleti, el guardián de la jaula de los precios que se le escapan a cada minuto.
Ah…, pero Alberto…
El nene renunciante a la Presidencia del bloque de Diputados grita como un descocido contra su propio Gobierno.
Otra vez ah…, pero Alberto.
Lo mismo Parrilli.
Igual la Jefa que le regala un libro a modo de burla.
En el desbande cada cual juega su juego.
Felipe Solá, el gaucho de talabertería, salta otra vez el alambrado y ahora tiene una oficina propia en el Instituto Patria porque amplió su recorrido y ahora es Kirchnerista.
Ni que decir de Massa, una anguila en un balde de moco.
Es imposible definir cuál será su nueva traición
Lo único que crece son las ojeras del pobre tipo.
Nadie puede festejar.
Por el contrario, como es una certeza inapelable de que será la oposición la que deba hacerse cargo del drama en el próximo turno, es imprescindible que se inicie ya una tarea de programación seria y responsable de lo que será el arduo camino de reparación.
Aunque suene descabellado será parte de la tarea opositora cuidar al Presidente de las fauces de sus enemigos internos.
Y será más urgente todavía dejar para otro momento la decisión de candidaturas y ponerse a trabajar en la confección de programas concretos que alimenten una tibia esperanza popular que sea la base de condiciones mínimas para empezar a reparar tanto daño.
Todo en su medida y armoniosamente.
Da bronca, pero más da lástima ver a los que lo hicieron Presidente mascullar con espuma en la boca, ah…, pero Alberto.
