Editorial: Nosotros ya estuvimos ahí
Aquellos que ya tenemos consumidos varios calendarios y hemos tenido además la suerte de recorrer gran parte del país, llevamos grabadas enorme cantidad de imágenes que generalmente no alcanzamos a procesar en modo inventario y con detalles, pero que siempre están en la estantería de los recuerdos, prestas a saltar a la superficie de la memoria cuando reaparecen ante nuestra mirada.
Es común que al pasar por algún lugar y observar el panorama uno se diga a si mismo como el poeta “yo ya estuve aquí”. Y de igual modo ocurre al ver una película, un programa televisivo o una simple fotografía.
Es increíble como la memoria guarda esas imágenes y hasta con detalles. Aún muchas que vienen de la niñez de una persona ya entrada en años. Y sobre todo si con esas imágenes se juntan circunstancias emocionales trascendentes.
Si determinado lugar se relaciona con pasajes de una gran alegría, de felices recuerdos o por el contrario con alguna desgracia fuerte, mas grabadas quedarán cada una de esas vistas Y hasta con detalles que de manera a veces gradual van resurgiendo.
Es hasta increíble la capacidad de la memoria humana. Solo requiere a veces de un disparador que nos lleve al casillero donde un determinado episodio, un paisaje, un personaje y hasta un sonido han quedado guardados.
Es esta facultad del ser humano la que lleva a hacer mas sorprendentes algunas cosas que nos pasan (y que producimos) a los argentinos.
Cuando vemos las actuales circunstancias por las que atraviesa el país, en materia económica, política, de Seguridad, justicia, educación, Relaciones Internacionales, convivencia interna y todo lo que conforma la realidad social del país, es imposible que cualquier argentino no vea desfilar ante si la sensación de estar ante la repetición de escenas ya compartidas. Y de acuerdo a la edad del espectador, será la cantidad de veces que ya vió la película.
Inflación descontrolada, Inseguridad angustiante, Educación en caída libre, economía sin rumbo, dirigencia teñida con altos grados de corrupción y para colmo con una incapacidad manifiesta, una nación cada vez mas alejada del contexto internacional de los países que se desarrollan en beneficio de sus habitantes y sigue la interminable lista de ejemplos que podríamos agregar de esta foto año 2022. Y nadie con un mínimo de equilibrado sentido podrá dejar de decir: Yo ya es-tuve aquí. No hay memoria que haya borrado estos pasajes de la vida de todo argentino, que cuanto mas edad acuse, mas repeticiones tendrá de “la jugada”.
Claro que es totalmente aceptable que la inmensa mayoría coincida que el paisaje está un tanto mas deteriorado que la última vez que lo vió.
Es el mismo pero está en peor estado, le dictará la memoria.
Y en ese momento seguramente como una continuidad del archivo abierto, surgirán las reacciones que ante esos panoramas tomaron los circunstanciales encargados de corregir, mejorar y salir de esas encerronas.
Claro!!!!. ¿Cómo no acordarnos de lo que hizo aquél presidente, ese ministro de economía o ese gobernador? se dirá todo argentino ante la remembranza de lo que hoy observa.
Y junto con ello, tendrá más que claro cuales recetas no surtieron el efecto deseado y que medicación no respondió. Podrá decirse ese argentino que por cierto no conoce la terapia ideal, pero “contrario sensu”, tiene muy claro que medicación no cura el mal y hasta que contraindicaciones tiene la misma para este tipo de males.
A esta altura del recorrido llegamos a una rotonda de interrogantes: Si afirmamos que la inmensa mayoría de los argentinos (sentimos una inmensa tentación de decir todos en lugar de una mayoría pero la realidad nos para en seco) vuelve a la superficie de su memoria todo este cuadro, es natural que aceptemos que entre ellos están los que hoy ocasionalmente ocupan el lugar de médicos de este enfermo. Para que quede claro: presidente, ministros, gobernadores y tantos mas que por decisión propia primero y por decisión mayoritaria de los votantes, están ahí para enfrentarse a situaciones largamente conocidas por todos.
Y……Oh sorpresa!!!! Ante la atónita observancia de una creciente tribuna, aparecen los médicos, enfermeros, cirujanos y hasta los médium que con firmeza y hasta pareciendo convencidos llenan el recetario de la medicación a aplicar, indican el tratamiento y las prácticas y mirando a los afligidos familiares (entiéndase el pueblo argentino) le dicen: “Tranquilos. Con esta medicación y siguiendo las indicaciones el paciente andará muy bien. Todo estará bien”.
Salta de nuevo el poeta. “Yo ya estuve ahí”. Ya viví la enfermedad del paciente. Ya conozco desde sus primeros síntomas y hasta sus peores sufrimientos. Se de sus gemidos y plegarias. Se de la desesperación de sus seres queridos reclamando un alivio. Conozco esa medicación. Sus dosis y todas sus marcas, incluidos los genéricos.
Y finalmente, recuerdo la fecha del fallecimiento del paciente. Estuve en su velatorio. Deposité una flor en su tumba.
¿Qué no somos médicos? Nos dicen. Claro que no.
Pero tenemos vívido el recuerdo de cada uno de los trances en donde la historia se repitió. ¿Y siempre la misma receta? ¿Y hasta del mismo laboratorio y en la farmacia propiedad de los médicos?.
No pueden, sin lograr nuestra peor reacción y encendida bronca tratar de llevarnos por el camino que la me-moria recuerda muy bien y marca donde termina. El que la inmensa mayoría (que ganas de decir todos….) sabe adonde conduce.
Basta!!. Importa nada que se muestren de chaleco blanco y expongan sus títulos de galenos. Ustedes serán los capacitados presidentes, vicepresidentes, ministros, gobernadores, legisladores y todo lo que quieran.
Pero si pretenden seguir engañándonos, al menos prueben con otro tratamiento. Indíquennos una ruta diferente. Saquen algún conejo distinto de la galera. Y entonces ahí, recién ahí, mirando a todos los que los rodeamos dígannos que el paciente mejorará y todo estará bien.
No les creeremos ciegamente, pero tal vez mirando al cielo e implorando la ayuda divina, depositemos una pequeña dosis de esperanza.
Pero así. De esta forma. Con la misma lapicera, escribiendo en el mismo recetario el nombre del mismo medicamento, ante un paciente con idénticos síntomas que los que ya se fueron, no sigan pretendiendo que les creamos cuando hipócritamente nos aseguren su mejoría.
Así no. Entiéndanlo de una vez.
Porque yo ya estuve ahí. Y mi memoria registra muy bien adonde termina el viaje.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 08 de abril de 2022)
