Editorial: Inseguridad: con reacciones espasmódicas no.
Ranchos acaba de darse cuenta que forma parte de la Argentina. Al menos una clara mayoría de sus habitantes ha despertado casi abruptamente y descubierto que integra también esta provincia de Buenos Aires y que geográficamente está situada a una hora de automóvil de la ciudad capital del país o de la capital provincial y del tan mentado conurbano. Pero el despertar en situaciones extremas o al menos inesperadas, demora la toma plena de conciencia y resulta altamente probable que se produzca lo que es fácil de reconocer por estas horas en la comunidad.
Hay un claro estado de espasmo de sollozo. Dice al respecto la siempre consultada real academia sobre esto: Un espasmo del sollozo es un episodio en el que el niño deja de respirar de manera involuntaria y pierde la conciencia durante un breve período inmediatamente después de un episodio atemorizador o inquietante desde el punto de vista emocional o de una experiencia dolorosa.
Cual un niño en esa situación, un par de hechos delictivos resonantes (y claro que preocupantes) han dado lugar a reacciones que, cuanto menos, merecen ser tan analizadas como los hechos mismos.
Para ello, no puede obviarse el contexto general que atraviesa la sociedad argentina, en el que si Ranchos está inserto, lo admita y lo sepa o no, su propia población. Como el resto de gran parte del planeta los (aún seguimos convencidos que «los» involucra a todas y todos) rancheros hemos padecido dos años de pandemia con nuestros muertos y afectados. Como en casi todo el país los rancheros hemos soportado la encerrona mas larga del mundo. También los rancheros, somos ar-gentinos con cincuenta por ciento de inflación anual, con caída abrupta del poder adquisitivo, con creciente índice de pobreza y en la otra cara la mayor presión tributaria del planeta en relación a lo que el estado que lo recauda devuelve en servicios y obras.
En todos estos aspectos Ranchos y su gente no son de otro planeta, por mas que el querido «Tata» haya sido compañero y amigo de aquél que no se sabe «de qué planeta viniste»
Nada de estas y otras cuestiones sorprenden al ranchero y tampoco este, aún con grieta por medio, está tan lejos de saber por donde andan las mayores responsabilidades de estos dramáticos problemas.
Pero en materia de Inseguridad, el ranchero acaba de demostrar una vez más que se sigue creyendo habitante de otro cosmos. Lejos de darse por enterado de lo que pasa a su alrededor hace ya largo tiempo, no solo se declara desconocedor, sino que apenas alguien intenta explicarle claramente esto, tajantemente responde: «A mi no me importa lo que pasa acá al lado. Yo hablo de Ranchos». Y así pretende con su sola voluntad darle rango de local a una cuestión absolutamente provincial (por lo menos) como es el delito.
Y tan es así, que abundan por donde se miren, las opiniones que remiten «a la gente que viene de afuera» casi la discriminatoria señalización de ser los autores de todos los desmanes. Tan así como esperar que cada uno de nuestros hijos, esposos, novias, o padres que se van a vivir a otro lado, sean considerados los autores de todo lo que ocurra en esos lugares.
¿O pretendemos calificar a los que aquí llegan como «sospechosos» y/o «peligrosos» mientras que los rancheros que permanentemente se van a otros lugares deben ser recibidos con alfombras rojas?.
Extraño nó?.
Pero mas extraño aún es que mientras se habla tanto de la mucha gente «nueva» que hay en Ranchos, haya distracción con tantos «antiguos» nuestros y que son más conocidos que el tango La Cumparsita. ¿Es qué en serio, no alcanza la cantidad de rancheros que han venido hasta ahora caminando por la banquina para preocupar a toda la comunidad, que necesariamente hay que pensar que lo malo es todo lo que llega?
No queremos pensar que la comodidad, la hipocresía y la cobardía son tanta, que hablamos de hipotéticos «desconocidos» porque con los muy conocidos «no nos metemos».
Y vale aclarar que todo aquél que cometió un error tiene todo el derecho a exigir su oportunidad y rehacer su vida. Y creemos en ello. Pero no es desviando atenciones como se evalúan las realidades.
Dicho todo esto volvamos al principio. No puede soslayarse que ante acontecimientos tan cotidianos y remanidos que observamos en cualquier medio todos los días en pocos kilómetros a la redonda (nuestros medios que se ocupan de la información de Chascomús alcanzan y sobran para eso) porque esta vez cayó en Ranchos repiten en coro para que hayan tenido reacciones tan espasmódicas de todos los sectores. Aunque pretendan mostrarse como en las antípodas, las posiciones políticas de los espacios mayoritarios, mostraron el mismo espíritu.
Fueron casi iguales al elegir con que caso revelarse (verán que hacemos esfuerzos para que nos denosten todos por igual porque como siempre no lo hacemos para el aplauso fàcil), porque no hace tanto que hubo una entradera en la casa de un conocido comerciante local en plena mañana y por cierto no vimos muchas connotaciones en ningún espacio. Y se conoció un robo violento al frigorífico de la zona del parque industrial y tampoco se observaron reaccio-nes tumultuosas o declaraciones altisonantes. Es mas, en algunos casos las víctimas terminaron puestas en duda y tratadas mas como culpables que como damnificados. Pero se suma a esto que semanas atrás se cometió un femicidio, que bajo cualquier análisis, debiera ser mas grave por dejar como saldo una vida perdida. Tampoco hubo un manos a la obra ni del gobierno ni de la oposición.
Y para completar, la semana comenzó con un vecino denun-ciando haber sido víctima de una violenta entradera y juramos que al pasar por la estación comunal a la tarde no vimos un solo manifestante.
No hace falta que nos expliquen que el vaso rebalsa con la última gota. Y tampoco explicarnos a nosotros la gravedad de lo sucedido en el domicilio de la calle Ameghino. Nadie le dio tanto espacio y repercusión como nuestros medios, sin negar lo hecho generosamente por el resto de los colegas.
Y por si hace falta, fuimos los primeros en comunicar en nuestros medios audiovisuales la convocatoria a una mar-cha aquella tarde, por lo que nada mas debemos explicar.
Pero luego vino lo de los voceros de esa marcha pidiendo cosas tan increíbles como «queremos saber que cámaras funcionan» «queremos que nos digan….» «queremos que nos muestren….» como si fuera necesario explicarles que «el homicida o un enviado por él, siempre participa en las marchas en reclamo de justicia por su víctima». ¿Somos claros nó?.
Y los que, sin disimular sus costados políticos partidarios (y otros seguramente por ignorar la materia) pidiendo por la presencia del intendente al que «imaginan» con facultades inexistentes para decidir en esta cuestión. Por último, para no ser más extensos, algunas iniciativas para marchar a «la casa» del intendente directamente no merecen ser siquiera consideradas. El domicilio familiar del gobernante, de los funcionarios, de los concejales (todos claro) deben ser excluídos de toda agenda de reclamo de cualquier tipo. Ninguna de esas familias, entre las que se cuentan niños y abuelos, tienen una carga extra por ser la familia de alguien público. Esto debiera haber sido ya ratificado unánimemente por todos los sectores de la vida política local. Ciertos dirigentes empujando a esto merecen nuestra más drástica y contundente descalificación. Como lo haríamos si fueran sus hogares los blancos de una actitud similar.
Y por último el espasmo del gobierno municipal. La decisión de presentar un secretario de seguridad municipal el mismo lunes; la manifestación del intendente de hacerlo para «tratar de que esto no vuelva a ocurrir» (cosa que lamentamos decirle será inevitable salvo que nos convirtamos en embajada suiza) y todo el gesto «asumiendo una carga que no es de él» es tan difícil de explicar como de comprender. Dejamos de lado al funcionario designado porque lo incomprensible es la decisión institucional.
Por último: La Policía de la provincia (si bien algún alto jefe estuvo de paso) no dio señales de vida ni de respuesta. Que haya sido el jefe del distrito, apuntado por las críticas, el que saliera a enfrentar a los manifestantes es también un espasmo. Y por último, lo central de toda esta situación: la verdadera jefa de la investigación de todos estos hechos, no solo no ha tenido participación alguna. Nadie, ni del gobierno municipal, ni de los manifestantes, ni de ningún sector, siquiera mencionó y menos reclamó la presencia de la fiscal. INSOLITO !!.
¡Quien tiene el poder de dirigir las investigaciones, solicitar actuaciones, ordenar operativos no existe aún en ninguna parte, mientras pretendemos que un secretario de seguridad municipal resuelva algo de todo esto!.
La fiscal titular de Brandsen, Dra. Albizu está de licencia (ya que nadie pregunta ni habla de esto se lo contamos) y está subrogando la fiscalía la titular de San Vicente, Dra. Gullot que al decir de un empleado de la justicia «va los miércoles a Brandsen a firmar».
Y no ha de ser ni su culpa ni falta de voluntad. En este país donde para algún cargo insignificante cobran sueldo cinco o seis personas a la vez, en la justicia no hay fiscales para cubrir las vacaciones de otros.
La inseguridad es un tema muy grave EN LA ARGENTINA donde se ubica General Paz y Ranchos específicamente. Los que hemos sido víctimas de casos tan o mas violentos que estos hace mas de diez años a 30 Kms de aquí ya lo sabemos hace mucho. Lo que junto con esa realidad nos preocupa aún mas es como se enfrenta esto. En gran parte del país con la negación de lo que suelen llamar sensación. Y en Ranchos, diciendo que puede pasar lo que pase en «todo el pago», pero no tiene que pasar acá.
Y las autoridades locales, a las que imaginamos plantadas apenas conocido el hecho pidiendo en lo posible que bajara el ministro de Seguridad mismo y la Fiscal, aquí en el territorio dando las explicaciones del caso. Convocando a los concejales de todos los sectores para juntos analizar la situación y los pasos a seguir, en lugar de estar eligiendo a quien poner de secretario de seguridad municipal, que ese es el cargo por más bambolla que se le agregue.
La Inseguridad es por cierto, uno de los más graves problemas que enfrentamos. Pero no solo nos debe preocupar tanto delito, sino como se decide enfrentarlo, combatirlo y minimizarlo. Una experimentada especialista en el tema como Florencia Arietto (con clara mayoría de adeptos entre los manifestantes rancheros del jueves) dijo ese mismo día en nuestros medios: «La gente putea a los intendentes y los comisarios porque los fiscales se esconden». Nada que agregarle.
Y por último algo para destacar entre tanta reacción «de apuro» y otras yerbas: a la hora de buscar sensatez, esta la encontramos en la señora víctima del caso del jueves. Sus declaraciones públicas, poco después de haber pasado dos horas sometida a los delincuentes como solo lo vivió ella y su esposo. Y por lejos, fue la voz mas equilibrada que se escuchó por esas horas.
Mucho para repensar nó? O tal vez seamos los únicos que pensamos de esta forma y la verdad esté de su lado. Lo que sería realmente aliviador y esperanzador.
Y si así lo advertimos en algún momento seremos los primeros en reconocerlo.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 1º de abril de 2022)
