Editorial: Poner a la ciudad en vereda
Si hubiera que definir la gestión del gobierno municipal en el lapso que lleva conduciéndola el actual intendente (interinato incluído) nadie dudaría en señalar que el fuerte de la misma ha sido el éxito en materia de obras con financiamiento nacional o provincial. Su perfil es sin dudas el de un gestionador ante los más diversos organismos, lo que sumado a su perseverancia ha logrado ya convertir a estos tiempos, nada fáciles, en récord en obras de todo tipo.
Dicho esto, todo indicaría que a la hora de marcar falencias o retrasos, habría que ir por otros caminos, co-mo puede ser el de algunos servicios, atención en algunas áreas o los programas que se ponen en práctica en algunas áreas (algunas muy mejoradas con los cambios de funcionarios) y otras, pese a ellos, aún sin síntomas de esas esperadas mejoras.
Vaya como al pasar la reiteración de un reclamo que ya no se entiende porque sigue sin ser atendido: sea por el flujo natural de los fines de semana, por la celebración de eventos como el Festival de Fortines, la concentración de los seguidores de automóviles Ford, el Rally y otros eventos un tanto menores, es multitudinaria la cantidad de turistas que llegan a Ranchos los fines de semana, y el área de Turismo sigue sin disponer un sencillo folleto que no debería faltar en ningún comercio en la ciudad, donde se le indique a los visitantes la guía de teléfonos de todos los lugares de alojamiento, teléfonos útiles como el hospital, la Policía, Bomberos y alguno de atención del propio municipio. Se lo hemos señalado a las autoridades de modo personal. Lo hemos reiterado en mas de una oportunidad y seguimos siendo testigos cada fin de semana de visitantes dando vueltas preguntando por esos datos para obtener un alojamiento, o un restoran o donde queda tal calle porque tampoco le resulta posible encontrar un mapa de la ciudad con su nomenclatura, salvo los recursos que ofrece la tecnología celular y solo para aquellos que la saben manejar. Es tan sencillo esto y de imperiosa necesidad que no se entiende una demora que ya cuesta ser explicada. Hasta nos atrevemos a creer que podría resultar de costo cero para el erario público porque los mismos servidores turísticos seguramente financiarían la impresión de esa información. En fin….
Volviendo al eje de esta columna de hoy, en materia de obras públicas, es hasta sorprendente lo conseguido tanto en Viviendas, Pavimentos, rutas, edificios, redes de agua y cloacas, etc. etc.- Pero una mirada solo un poco atenta de la realidad ranchera, permite constatar claramente que el ejido urbano y sobre todo el radio céntrico de la cabecera del distrito clama por un plan de obras que salve una de las grandes carencias urbanas. Se trata de un plan integral (que no sabemos si debe ser todo estatal o con participación de los particulares, pero que debe imponer el estado en alguna de estas formas) para dotar (ya no decimos reparar) de veredas a la ciudad. Ranchos hace demasiado tiempo que no se ocupa de una cuestión que es mucho mas importante de lo que pareciera resultarle tanto al ejecutivo como al Concejo Deliberante, que desde hace muuuuuchoooo tiempo pareciera dedicarse solo a apoyar o contrariar lo que envía o hace el ejecutivo.
Creación propia poco y casi nada.
Los que por una cuestión de edad, podemos buscar en el tiempo, recordamos que la última vez que se llevó a cabo un plan de veredas en la ciudad fue en la década del setenta y como consecuencia de la dotación de servicios de agua y cloacas a todo el pueblo. Naturalmente que la obra que se desarrolló por las veredas, imponía luego repararlas y así fue como se construyeron muchísimas cuadras dejándolas en general mucho mejor que su estado anterior. Desde entonces, solo existen los frentistas que se ocupan de esta cuestión y algún atisbo no muy feliz de construir veredas que se vio en la avenida Campomar y que murió apenas una cuadra después de comenzado.
Para no extendernos en algo que está tan a la vista que no debiera haber llegado a ser tema de esta columna, recordamos que hace alrededor de un año y en el pico de la pandemia y sus medidas restrictivas, el gobierno municipal dictó un decreto de dudosa constitucionalidad por el cual en determinados días se prohibía el tránsito de automotores por las calles de la ciudad durante un lapso de dos horas. Y la argumentación de tal medida era clara y contundente: se prohíbe la circulación de vehículos motorizados a los fines de permitir que tanto las personas mayores como los niños puedan salir a caminar por la cercanía de sus hogares y paliar las serias consecuencias del encierro. Y para ello y a fin de evitar riesgos de accidentes y darle a esas personas el lugar por donde movilizarse, se liberan las calles para ellos. Queda claro que las veredas, que son el natural lugar por donde moverse los peatones, casi no existen y obligan a caminar por calles y avenidas.
Esta pareciera ser razón suficiente para poner manos a la obra. Pero hay otras cuestiones adicionales que tienen que ver con la mejora en la vista urbanística, el contagio que generan las obras que inducen a los particulares a promover otras mejoras en los frentes de sus viviendas, la revalorización de sus propiedades y por último en hacer de Ranchos una ciudad que luzca mejor que hoy.
Una rápida recorrida permite asegurar que Ranchos está mucho más lindo en muchos de sus barrios periféricos que en el centro mismo. Y no dudamos que lo descripto es una de las mayores razones de esta realidad.
Es probable que con esta iniciativa, deba atenderse el estado y lo que genera la arboleda de vieja data que al decir de muchos expertos no es la más aconsejable para una ciudad por el daño que generan.
Pero todo esto ya supera lo que puede aportar este es-pacio editorial. Lo relatado es solo la reflexión que viene de largo tiempo sobre una palpable situación que seguramente no será tan sencillo de recomponer con premura, pero sobre la que sería muy bueno enterarnos que se han puesto a trabajar seriamente aquellos que tienen la responsabilidad de hacerlo y que seguramente son los mismos que han dado sobradas muestras de ser eficientes y muy capacitados en cuestión de obras.
Tal vez, solo sea necesario que ubiquen el rubro veredas en un lugar que hasta ahora no tuvo en sus agendas.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 25 de marzo de 2022)
