Editorial: Evidencia no mata creencia
Es habitual oir en casi toda la dirigencia argentina referirse a las bondades que contiene la discusión. “Si algo nos permite la democracia – suelen repetir – es que todos podemos opinar y debatir ideas”. No es intención de la presente ingresar en lo que consideramos inútil, o ingresar siquiera en el terreno de las minucias de la misma. Solo nos limitaremos a afirmar que si tan útil resultara discutir todo, a la argentina y a los argentinos nos debería ir mucho mejor de lo que en realidad nos va.
Porque para discutir todo, nadie se nos compara en el mundo.
“Hasta la ley de la gravedad se pone en tela de juicio acá…., pero eso si: nadie se tira al vacío del décimo piso”.
Y es que a decir verdad, la mera discusión de los temas no contiene virtud alguna. Sobre todo cuando se discute a la “argentina” que es hacerlo por el mero objetivo de quedarse con la razón. O ganar la misma, como se dice.
Nadie se prende a un debate convencido que al final habrá aportado valor agregado y a su vez se habrá enriquecido del aporte del otro. Al cabo de mucho rato y sean la cantidad que sean los participantes, todos terminarán pensando igual que antes y en muchos casos, mas convencidos aún de lo suyo. Y eso si: habrán encontrado argumentos para descalificar al o los otros.
¿Cuál es el mérito de dichos comportamientos?. Los grandes países han crecido mucho mas por la capacidad de acatamiento al orden establecido que por discutir ese orden. Nosotros a fuerza de no acatar hace mucho que nos quedamos sin orden. Y tanto es el deterioro cultural sobre este aspecto que hasta en nombre de un particular progresismo nos hemos quedado detenidos en el tiempo oscuro de hace mas de cuarenta años y actuamos y ponemos eje en todas las cuestiones en base a esa época. Hablar de acatamiento al orden en la argentina es derivado casi de inmediato a la obediencia. Y esa virtud (que no es otra cosa) aquí la clasifican como obediencia debida, y disciplina militar, que es autoritarismo y la mar en coche….. y mientras tanto aplaudimos al general Milani como gran general en jefe de la democracia y a él, mas que obediencia, le rendimos subordinación sin valor.
En este contexto, no es extraño que entre nosotros no rija la clásica regla de “ver para creer”. Nada más lejos en la práctica que ese apotegma.
Y en tal sentido, rescatamos una afirmación de una figura muy popular nuestra, que no hace mucho tiempo hizo público un pensamiento que lejos está de haber sido recogido por pensadores y filósofos con la dimensión que contiene.
Fue el actor Pablo Echarri, una figura que sin dudas debe tener capacidad de análisis por encima de la media de la población, sobre todo de la de sectores mas castigados por nuestra decadencia y que al referirse a su pertenencia política que es muy conocida y por la que milita intensamente “si me demostraran que robaron o roban igual los votaría”.
La contundencia y significado de la afirmación, que por cierto al autor de este artículo solo le sorprende porque lo haya expresado, pero en nada por su contenido, hecha por tierra con bibliotecas enteras y con teorías que siguen alimentando espacios y protagonistas del análisis argentino. El aporte de Echarri al esclarecimiento de la sociedad argentina es invalorable. Y si no hacemos tácita mención al espacio político al que remite el actor es porque no es eso lo que pretendemos señalar.
Seguramente hay Echarris militando por todas las vertientes y con similar teoría.
¿Qué es entonces lo que se discute cuando discutimos los argentinos?. ¿Qué si tal o cuál gobierno o gobernante es deshonesto, o estafador de la confianza del pueblo?. ¿Y qué procuramos con ello?. ¿ Qué el otro que adhiere a otra postura finalmente comprenda que equivocó su confianza y cambie de parecer?.
Echarri up. Si lo viera igual los votaría. O sea: la demostración cabal de la abolición del ver para creer.
También es válido que algún lector se pregunte cual es el objetivo de esta columna o el aporte que hace. Solo nos limitamos a responder que apuntamos a la esterilidad del debate y la discusión, tan valorados por algunos en la argentina.
Todo debate de posturas en este país se conduce por reglas religiosas. Todas son basadas en creencias “cuasi” fundamentalistas. ¿ O acaso pueden analizar equilibradamente el fenómeno político Perón, un descamisado y un gorila?. Hacerlo pueden claro….
¿ Y cuál será el cambio en cada uno de ellos al final del debate?. ¿ Cuál el aporte?.
Y el que crea que tomamos un ejemplo extremo se equivoca. Son muchos más los temas actuales por los que se milita más enervadamente que el histórico peronismo.
En la argentina ya casi no quedan batallas por librar. Como afirmara el ministro de seguridad bonaerense, hasta la lucha contra la droga “está perdida”. Y está perdida la de la economía, la de la educación, la de la salud, la de la seguridad, la justicia, la corrupción y sigue la lista…
Al menos por alguna generación. Del posible Mesías no hablaremos aquí.
Por lo tanto, solo afirmaremos que eso de la ventaja de poder discutir todo, la libertad para hacerlo y otras “verdades relativas” que las sigan repitiendo, mientras mas de la mitad de la población vive ya en la indigencia, y los niños no pueden tener un plato de comida en su mesa.
Esas cosas se las dejamos a los pensadores modernos. Vale si decir que en uso de esas libertades señaladas, nosotros podemos levantar la bandera de nuestro más absoluto convencimiento: En la Argentina hace mucho que EVIDENCIA no mata CREENCIA.
¿Y entonces que sentido tiene demostrar nada?.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 18 de marzo de 2022)
