Actualidad

Editorial: Había que decirlo

Hay que decirlo con todas las letras aunque el dato no sea grato. Así como en diversas áreas la gestión municipal muestra una intensa actividad que moviliza y acerca a mucha gente a la ciudad (Festivales, Rally, Pruebas deportivas etc.) son coincidentes los datos que indican que por fuera de esos eventos disminuyó ostensiblemente el turismo que desde hace un tiempo venía desbordando los fines de semana la ciudad, con epicentro en nuestra laguna.
Varios elementos exógenos pueden ayudar a que exista esa baja. La temporada estival lleva a mucha gente a otros destinos mas turísticos, el verano quita gente de la región y algunos otros. Pero nuestra responsabilidad manifiesta pasa por observar y atender las razones propias que inciden en este retroceso. Y por cierto que varias de ellas están demasiado a la vista como para seguir ignorándolas. El retroceso que viene padeciendo y padece Ranchos en aspectos tan ligados a la llegada de turistas como es la gastronomía y sus rubros afines son alarmantes. Cuesta encontrar justificativos para esta caída tan marcada. Una recorrida por la ciudad y los recuerdos nos llevaba días pa-sados al quincho Don Mateo, a otros tiempos del res-taurant del CEF, al hotel Santalucía y un poco mas acá a ese bello restorant de La Quinta, por citar solo algunos lugares de almuerzo y cena permanentes con una carta variada, con cocina especializada y fundamentalmente (que nadie le quite valor a este dato) con atención que invitaba al comensal a regresar.
Y vale decir: Aquello no era lo ideal. Estábamos por debajo del nivel de todos los pueblos vecinos. Pero era una muy buena base para procurar llegar a competir con ellos.
¿Hace falta describir la actualidad, al margen de lo ofendido que se sentirán la mayoría de los prestadores?. A ellos (especialmente a los puramente privados) les decimos que tienen todo el derecho de recurrir a la tradicional parrilla, empanadas y choris. Y disponer de un amoblamiento sencillo donde no se observen ni muchos manteles, ni servilletas de tela, ni mozas/os prolijamente dispuestos (no pedimos mas que lo que eran los Porcel, Omar Cillero, Luis Santi, Oscar Sierra, Paco Querejeta, Chino Correa y 50 mas a los que nunca les falto un saco, una buena camisa y hasta un moño) y que conocían “básicamente” toda la carta, de modo de explicarle a cada cliente en que consistía cada plato. Ninguno de ellos hubiera respondido ante una consulta. “La verdad no se. Soy nuevo/a acá…..Si quiere le averiguo”.
No piense en procurar el lugar con la carta que le ofrezca alternativas de platos de cierta sofisticación. De elaboración algo compleja.
Pero insistimos que el “puramente” privado puede probar como quiera y hasta si no interpreta a sus clientes seguir permitiendo que dos o tres perros caminen entre las mesas y la gente.
Otra cosa son los lugares licitados por el gobierno municipal que en su concepto básico debe imponer cuestiones elementales que hacen a la mejor atención del visitante. Allí no hay ni debe haber atenuantes. Ha-ce 30 años, una licitación de este tipo marcaba contundentemente las cosas que no podía dejar de prestar el concesionario. Desde la variedad gastronómica, días y horarios de atención, higiene y hasta algunas sugerencias en cuanto a costos.
Hace mucho tiempo que “las autoridades municipales oficialmente no concurren a los lugares que concesionan como clientes”. Gabinete y Concejales suelen procurar una mesa en algunos de los lugares privados. Vale preguntarse por qué?
Pero ya que estamos sigamos en la cuestión. “Donde podemos tomar un buen café o un buen desayuno?” preguntó días pasados alguien que llegó hace poco a trabajar toda la semana a Ranchos y como tantos argentinos acostumbra al buen café tirado. Y le tras-ladamos la pregunta al lector. Dígale usted adonde ir por un buen express. Es casi una muletilla “se nos rompió la máquina”. Hay lugares que nos consta tienen la máquina rota hace años.
Ya ni siquiera el obsoleto batido ofrecen muchos.
Y por último. La insólita actitud de no publicitar. Días pasados, algunas vecinas que ya han probado suerte con todos los lugares gastronómicos (algunas de ellas vegetarianas) probaron consultar en otro comercio al que no ubicaban bien por rubro. Allí descubrieron que funciona algo así como un resto. “ Ahhh, no sabíamos” se atrevió una de ellas. “Una pena que no hagan publicidad para que los conozcan” La respuesta fue: “Hacemos publicidad en Instagram”. En fin….
Conocemos las mil respuestas que los “tocados” por este abordaje tienen en sus mentes. “La pandemia nos obligó a convertirnos en Delivery….” A ellos les decimos que todas las ciudades vecinas también padecieron de igual o peor forma la pandemia. Otra respuesta: “La gente de Ranchos es muy especial”. Ahí le decimos que si. Sobre todo la gente que se dedica a este rubro. Hay que ser muy especial para que una ciudad que supera los 12.000 habitantes no tenga un lugar que sirva un buen café (aclaramos que sabemos de uno que no es precisamente un café/bar y donde el café es poco menos que intomable y también nos enteramos que hay otro donde el café de mas chiquito cuesta “ 500” pesos). No nos gusta cuando en Belgrano a toda hora se puede elegir entre 5 o 6 lugares para un café. Ni hablar de no menos de seis o siete restoranes de extensa carta. Dejemos Chascomús porque nos diran que juega en otra liga. Pero vaya a Pila o Castelli y compare.
Hay que decirlo. Con todo el dolor que nos genera. En pocos días mas se disputará otra edición del tradicional Rally Vuelta de Ranchos. La capacidad de alojamiento (un rubro que contrariamente sigue creciendo) se nos avisa colmada. Luego llegará una competencia atlética que puede recibir a cientos de personas. Y así, un sinnúmero de eventos que requieren básicamente de mucha y buena oferta gastronómica.
Que al menos el estado municipal con la urgencia del caso revise sus lugares concesionados. No hay ne-cesidad de sancionar. Sino dialogar con firmeza y convicción. Nada de lo que decimos requiere mucha investigación. Todo está a la vista y es innegable.
Urgentemente desde el área de Producción y de Turismo debería ofrecerse una capacitación para mozos y meseras que preparen básicamente a estos esenciales servidores. Desde que deben atender mirando “permanentemente” a los comensales sin darles la espalda, hasta no usar sus celulares. Conocer cada producto que figura en la carta y contar con un básico conocimiento de las atracciones y protagonistas de la vida ranchera, porque esas cosas vienen a buscar los visitantes. Y un lugar repetido donde todos preguntamos es donde almorzamos o cenamos. Inútil será todo esfuerzo por atraer turistas sino mejoramos y urgente estos aspectos. Los paseanderos de esta regiones viven unidos en páginas o en redes sociales donde cada uno relata sus experiencias de cada lugar. Y hace rato que no nos va bien en esos sitios.
Hacer que cada visitante vuelva a venir debe ser la regla que nos guíe. Y a partir de ellos nos recomiende a los demás.
Hace ya tiempo que no ocurre nada de esto. Y en cambio son muchos los rancheros que cada día se van a lugares vecinos a disfrutar lo que aquí no encuentran.
Nadie duda que ganas y material humano para revertir esto hay, como viene ocurriendo en materia de cabañas y otros alojamientos. Solo que alguien deben despertarlos porque la situación es ya extremadamente lamentable.

(Editorial pubblicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 11-03-2022)

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