Editorial: Los romanos no imaginaron a los líderes modernos
El planeta está muy cerca de verse envuelto en una nueva guerra mundial que por cierto no importa demasiado si llevaría el número tres o cuatro, porque lo que si es inevitable es la cantidad de vidas que costará, de las cuales se estima que unas 20.000 se han cobrado ya.
Resulta a todas luces casi obligado que al pensar en esta situación dramática no podamos evitar remitirnos al contexto en el que algunos líderes del mundo han decidido llegar a este extremo. Los miles de millones de seres humanos que habitamos la tierra, aún estamos sometidos y bajo la amenaza de una pandemia que nos cambió la vida.
Y eso a los que no nos la quitó. Y resulta que en medio de las recomendaciones, consejos y obligaciones, como las de soportar la mas extensa encerrona que tenga memoria la humanidad con todas las consecuencias apareadas y de las que no hace falta que hagamos inventario, sin llegar a la solución definitiva de la misma, una de las llamadas “grandes potencias” decide invadir territorios y “arreglar” por las armas un conflicto casi de raíces de chico caprichoso.
Porque esto y no otra cosa es el motivo que lleva a un déspota y tirano como Putin a invadir Ucrania. En 1974 se firmaron acuerdos entre ambos países (por entonces con distintas conforma-ciones) de respeto mutuo a sus fronteras. Y mas acá en el tiempo, en 2015, junto con otros países de Europa se firmó el Acuerdo de Minsk de compromiso insoslayable de las fronteras de todos los países de la región.
Pero Putin, el vanidoso primer ministro de una ex gran potencia, en parte por la necesidad de contar con puertos de “aguas calientes” (que Rusia no posee) y en otra mayor, por intentar aparecer como el Zar de lo que supo ser y ya no es, decide llevar adelante una invasión que en realidad ningún especialista creyó posible solamente por el costo y las consecuencias que la misma puede generar.
Puede parecer utópico y si no fuera por lo que significa, hasta tomado como una humorada, pero aún son tiempos donde un ente mundial como la Organización Mundial de la Salud nos sigue pidiendo y hasta exigiendo conductas individuales y sociales bajo la argumentación que están en juego nuestras propias vidas y las de la humanidad toda. Ante ello no podemos dejar de preguntarnos: ¿Los soldados de los ejércitos invasores lo harán portando sus respectivos tapabocas?. ¿Los que defienden las ciudades ucranianas, usarán correctamente alcohol en gel para evitar los contagios?. ¿Los ejércitos, tal como debe ser, respetarán el distanciamiento social entre ellos?.
Porque si no esto puede ser un desastre. La de contagios que van a generar.
Y por favor, amigo lector. No hay tanta ficción en lo que planteamos. Es adonde nos van llevando nuestros llamados líderes mundiales.
Fue en el siglo IV (D.C.) que el ilustre romano Publio Flavio Vegecio Renato romano inscribió la famosa frase: Si vis pacem, para bellum, que siglos mas tarde otros, entre ellos Mao Tse Tung tradujeron en el “Si quieres la Paz, prepárate para la guerra”.
En realidad la frase de origen no tiene nada que ver con lo militar. Pero así pasó a la modernidad.
Por cierto que habrá que decretar el fallido del enunciado. Hace mucho que el mundo se prepara para la guerra. Casi de modo obsceno. Se gasta más en arma-mentos que en investigación para curar males. O en alimentación a los países más pobres de la tierra. Algunos creíamos que era seguir los consejos de Vegecio. Todo era por la Paz.
Hoy asistimos casi sin tener cabida en nuestra capacidad de asombro que todo es o debiera ser al revés. Es hora de prepararnos para la Paz si es que realmente eso queremos.
Los romanos fueron adelantados en todo. Pero no tanto como para avizorar que 17 siglos mas tarde en el mundo existiría un Putin y un montón de putines mas que por un lado te exigen la cuarentena y el tapabocas y por otro te matan a misilazos y metralla.
(Editorial publicada en TIEMPO de Ranchos del 04-03-2022)
