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Editorial: A sacarle las plumas y ponerse el guardapolvo

por Héctor Ricardo Olivera

A poco más de un mes de la fecha de iniciación de las clases sería una torpeza conformarnos con la descripción de la variada gama de vergüenzas que protagoniza el Gobierno kirchnerista.
Lo de la presencia oficial del Embajador argentino en la asunción del dictador nicaragüense, la escalada inflacionaria desconocida por el Presidente que se mostró contento por la «orientación descendente» o el seguimiento oficial a la convocatoria a la marcha contra la Corte de Justicia convocada por Luis D´Elía son papelones que no pueden distraernos.
La esperanza que la sociedad depositó en la oposición en las elecciones necesita respuestas de otro tipo que demuestren que los depositarios de esa esperanza han comprendido el mensaje.
Con la excusa de la pandemia las escuelas y las universidades estuvieron cerradas durante dos años.
Ni la Economía, ni la Salud, ni la producción de bienes, ni la inseguridad ni nada puede ser peor para una República que la falta de educación de sus jóvenes.
En todas las crisis sectoriales hay siempre un componente básico que es la falta de educación de sus ciudadanos.
En pleno avance de la sociedad del conocimiento, las ciencias duras, la informática y la tecnología las distancias entre el saber y el no saber se alargan.
La Historia es una maestra que debe tenerse en cuenta para comprender la gravedad del problema.
Si uno dice Sarmiento, Avellaneda, Roca, in-mediatamente surge la educación como un testimonio de un tiempo que puso a la escuela como prioridad. Esa gente comprendió que solo la Educación podría hacernos crecer como País y así fue que 10 años después de la puesta en práctica de la Ley de Educación 1420 inspirada en Sarmiento, promovida por Avellaneda y sancionada por Roca en 1884 el analfabetismo cayó en un 90 %.
Si hoy decimos Trotta, Perczyk, Vila o Sileoni no sabemos de qué estamos hablando.
Fueron y son responsables de la Educación en el País y en la Provincia de Buenos Aires, mal que nos pese.
Por eso es imprescindible que a poco de la fecha prevista para que empiecen las clases debe producirse un movimiento social que garantice la apertura de las aulas primarias, secundarias y universitarias.
No lo harán los funcionarios porque son parte de un sector político que largamente ha demostrado su interés en mantener a la gente sometida a la limosna para lo que es funcional la ignorancia y el sometimiento manso.
Eso es el populismo autoritario que tanto daño nos ha hecho.
Por ello la obligación se traslada a la oposición que debe cumplir la misión que le fue encomendada por las urnas.
No fueron elegidos para que se peleen ahora por las candidaturas a Presidente o a concejal suplente en el 2023.
Tienen que sacarse el plumaje de palomas o halcones y ponerse el guardapolvo simbólico que garantice que las aulas se abrirán en la fecha prevista.
El gobierno populista de Cristina ha depositado el manejo de la Educación en los Sin-dicatos.
Y la experiencia enseña que en cualquier momento aparecerán los Baradeles con la perorata de la salud de los docentes para no ir a dar clase.
Debe entonces comenzar ya una movilización activa que ponga en marcha a las organizaciones de padres, a los maestros, que son la mayoría, que están listos a trabajar y a los propios alumnos para que no se repita la tragedia de estos dos años pasados.
Hay que decir también que las escuelas abiertas son una condición necesaria pero insuficiente.
Los resultados de las pruebas nacionales e internacionales indican que el nivel de los alumnos es pésimo.
Pero para empezar a cambiar y mejorar la calidad de la prestación las escuelas deben estar abiertas.
Para que no se repitan los males hay que hacer cosas distintas y mejores.
No sirve un comunicado criticando la huelga.
Sirve la presencia activa de la dirigencia alertando sobre el tema.
Para ello cae de maduro que los elegidos tienen que estar en la calle y con la gente.
¿Dónde está Santilli?.
¿Dónde está Manes?.
¿Dónde están todos?.
El Peronismo y más aún esta deformación que es el kirchnerismo ya se sabe cómo actúa.
La gente lo ha comprendido y por eso los derrotó en las urnas.
También tiene que comprender la oposición que no fue votada para reemplazar a los que están para que todo siga igual.
El reclamo es para que todo cambie.
Y aunque parezca una inocentada en la Patria Argentina un cambio impostergable es que las escuelas y las universidades estén abiertas para que los jóvenes se eduquen, crezcan y sientan que el futuro es posible.

(Editorial publicacda en la edición de TIEMPO de Ranchos del 21 de enero de 2022)

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