Editorial: No hay que buscar los responsables de nuestro destino
En medio de la realidad que enmarca la contagiosidad de esta nueva ola de Covid, por suerte mucho menos peligrosa para la vida humana que todo lo anterior, de las temperaturas récord de un verano implacable, de las multitudes llenando playas y centros vacacionales generando la gran polémica por el crecimiento de Covid en el país que superan diariamente los cien mil afectados y puntualmente en Ranchos, ya inmersos en el clima del festival de este fin de semana, este pueblo alcanza sus 141 años de vida. Y ese debiera ser el eje de la agenda ranchera. Hacer útil la celebración para re-frescar en la memoria colectiva e ilustrar en otros muchos casos nuestros orígenes.
Fue el frustrado proyecto del primer virrey Francisco de Ceballos de organizar una gran expedición hacia el sur del Salado para terminar con los ataques en malón de los indios el que retomó pero con variantes su sucesor Juan José de Vértiz que optó por reforzar la línea de fortines existentes y así encargó al Tte. Cnel. Francisco Betbezé de Duclós elegir un lugar entre los fuertes de Chascomús y Monte apareciendo así la laguna del Taqueño que es aprobada en 1780 y finalmente el 15 de enero de 1781 llegan los primeros milicianos a montar el fuerte desde Chascomús y así se designa con el nombre de Nuestra Señora del Pilar de los Ranchos aquella primera conjunción de ranchos y chozas que se integraba al partido denominado Pagos de Magdalena.
Tres años mas tarde, se dividirían los distritos de Magdalena, Quilmes y San Vicente y en este último queda integrado Ranchos que debió esperar hasta 1821 para ser creado como partido junto con Monte. El nombre ori-ginal se fue perdiendo y se impuso el de Ranchos al pueblo y General Paz al partido. A fines de siglo, en 1891 prosiguieron los saltos en cuanto a la denominación y se creó por ley el nombre de General Paz para pueblo y distrito, quedando el nombre de Ranchos para la joven estación ferroviaria.
Habría de transcurrir hasta 1972 cuando se zanjan las diferencias (que supieron ser una especie de grieta en la sociedad ) cuando definitivamente Ranchos quedó como nombre de la cabecera y General Paz (por el bravío general de la Independencia José M. Paz) el distrito que se mantiene hasta hoy.
Así llegamos a este siglo XXI Y vale la pregunta: ¿Qué sómos y adónde vamos?.
Nada de esto puede responderse sin atarse
a las condiciones de un país que cada día está mas lejos del ideal soñado por nuestros forjadores. La mayoría de ellos si por un momento volvieran hoy a este mundo y vieran esta argentina podrían repetir las coplas santiagueñas que dicen: “Tanto correr, pa´ llegar a ningún lao…” y en ese marco, es por lo menos complejo saber hasta donde una pequeña comarca como la nuestra puede hacer un destino propio muy diferente.
Pero el intento no puede abandonarse. Ranchos y este distrito tienen riquezas formidables, tanto en materia productiva, como en el tan en boga turismo rural, una magnífica ubicación geográfica, cercana a los grandes centros urbanos pero a la vez un tanto alejada de los gravísimos problemas del conurbano.
Tal vez haya cierta apatía social para estar a la altura de las competencias que el crecimiento hoy exige. Por un lado hemos logrado un centro convocante como nuestra laguna que llama a los visitantes. A la vez, la falta de respuestas acordes a estos tiempos en materia gastronómica son tan reales como lo otro. Hemos avanzado en el rubro hotelería y alojamientos, pero es mucho lo que falta en preparación y capacitación de servicios incluso los básicos y hasta en la atención de los mismos por ausencia en muchos casos de personal capacitado. Tampoco es buena la conectividad y el transporte pero hay un evidente mejoramiento de la estructura de servicios como agua, cloacas, gas y energía.
En fin. Bien se puede decir que en casi todo estamos a mitad de camino. Y ese parece ser un buen lema desafiante: mitad de camino es haber transitado lo mismo que aún nos falta.
En este aniversario 241 bien podemos plantearnos si nos decidimos a encarar con entusiasmo, organización, buena planificación y sobre todo con los mejores recursos humanos (en los últimos años algo poco valorado) que den aptitud profesional en cada materia, ese camino que falta o nos quedamos en el confort de donde estamos, actitud que en este mundo tan dinámico y competitivo no nos llevará a otro destino que el del fracaso.
De lograr lo mejor, bien podremos prepararnos para disfrutar de la cosecha que será toda nuestra. Pero también la otra cara de la moneda, la del abandono será nuestra responsabilidad.
O si lo prefiere; nuestra culpa. No salgamos después a buscarla en otro lado.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 14 de enero de 2022)
