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Editorial: Bimonetarismo

p/ Raúl Fernando Uribarri

Mientras gran parte de la dirigencia se agrede y descalifica antes, durante y después de las elecciones, hay pro-blemas que afectan a los argentinos desde hace décadas y que requieren, inexorablemente, de un sólido consenso para abordarlos y buscarles una solución.
La doble moneda que rige nuestra economía es uno de ellos y, tal vez, la principal dificultad que cuentan los habitantes de este suelo a la hora de proyectar planes, sueños y desarrollos. El bimonetarismo hace que salarios y producción se manejen en pesos, mientras que bienes e insumos se determinen por el dólar. Sabido es que la moneda nacional se devalúa a diario y de este modo aleja los objetivos de la inmensa mayoría de la gente. Para dar un ejemplo sencillo su-pongamos que una familia tuviera la posibilidad de ahorrar un salario mínimo por mes para adquirir un auto 0 KM. Le habría llevado en el año 2015 poquito más de 2 años para conseguirlo. En cambio en la actualidad necesitaría más de 5 años para lograrlo.
Si se tratara de una vivienda de básicas comodidades valuada en 50 mil dólares, en 2015 necesitaba ahorrar un salario mínimo mensual durante 11 años y medio. En cambio en 2021 le hará falta un ahorro de 26 años para llegar al techo propio. Para mostrarlo en términos futboleros imagínese que tiene un tiro libre a favor en la media luna del área rival y en un abrir y cerrar de ojos le corren la pelota hasta la mitad de la cancha. Da escalofríos la estafa que se efectúa delante de todos y durante tanto tiempo. Causa estupor la impunidad que tiene ese minoritario sector que se beneficia con este proceder para hacer jueguito con la ilusión de millones de personas.
Impresiona la telaraña que han construido para que la sociedad solo hable de la grieta y no se detenga ni siquiera a observar cómo se degrada el sacrificio individual y colectivo de millones de familias.
Es lastimoso comprobar la falta de dirigentes capaces de sublevarse a la minoría que los maneja, que sean valientes, audaces y competentes para enfrentar este saqueo impúdico al que, lamentablemente, parece que nos hemos acostumbrado.
Cuando por ahí se escucha que los salarios le han ganado a la inflación se debe entender que apenas se podrá poner alguna papa más a la olla o cambiar la yerba del mate un poco más seguido, pero los viejos objetivos que nuestros padres y abuelos soñaron para nosotros están cada vez más lejos y más lejos parecen que se van a situar de nuestros hijos y nietos. Inexorable será nuestro futuro en la medida que no seamos capaces de dejar de lado la grieta para abo-carnos a objetivos comunes.
Inútiles serán los esfuerzos individuales mientras se siga desechando que la revolución pasa hoy por constituir la unión nacional.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 10 de diciembre de 2021)

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