Editorial: A lo Pirro no cuentan las victorias
El domingo pasado las elecciones en este distrito ter-minaron arrojando un triunfo del oficia-lismo por un puñado de votos que pueden contarse con los dedos de las manos. El mismo llegó tras dos años de gestión que objetivamente no deberían arrojar balance negativo desde ningún punto de vista, aún aceptando todas las objeciones que desde sectores opositores puedan señalarse, y sin quitarle a muchas de ellas razonabilidad.
Simplemente que toda gestión supone aciertos y errores. Logros y omisiones. Decisiones acompañadas y otras rechazadas.
Siempre deberá importar el balance y las cifras de sus columnas. Y en este caso, aún restando todas las acreencias que la oposición seria y responsable – que existe y que a punto estuvo de ganar esta elección- nadie desconoce que a nivel municipal las concreciones de obras del último tiempo superan cualquier cálculo optimista que pudiera haberse hecho un par de años atrás. Mucho menos si se tiene en cuenta la extensa cuarentena y la grave pandemia atravesada.
Sin embargo, llegó la instancia de las elecciones primarias y abiertas (PASO) y ya pudo observarse que los vientos no soplaban favorablemente para el partido gobernante. De allí en mas, el esfuerzo y despliegue de los candidatos, dirigentes, militantes y el gobierno mismo por revertir el resultado en la urnas fue epopéyico. Día y noche; jornadas hábiles y feriados. Con sol o con lluvia, jóvenes y mayores, mujeres y hombres ligados al gobierno recorrieron calles, barrios y localidades del distrito.
El intendente trató de hablar con cada vecino. Saber de sus propias bocas de que se trataba.
Nada de esto significa desconocer el gran y efectivo trabajo de la principal oposición que sabía muy bien como hacer su tarea. Y de hecho la cumplió.
Pasó el domingo y once votos establecieron un triunfo del gobierno y algunos podrán hasta arriesgar que se logró el objetivo.
Los que estamos obligados a mirar con la mayor perspectiva posible el mundo que nos rodea no podemos menos que dar lugar a nuestra memoria y caer en la historia. Y es que la figura de aquél Rey de Epiro vencedor de aquella cruenta batalla contra los romanos surge con nitidez. Y es que cuando el costo es tan alto la palabra triunfo o victoria se distorsionan tanto que pierden su real sentido.
Es evidente que numéricamente hubo un vencedor. Y hasta por lo dicho al comienzo ese logro seguro esté repleto de justicia por el balance de la gestión. Pero habrá que buscar otros factores. Habrá que indagar en la psicología social, o en lo que mas vulgarmente se denomina “humor social” para hallar esos fundamentos. “No quiero oir de tanto descréditos y tantas acusaciones al que hoy es nuestro adversario» dijo palabras mas o menos el líder de la lista derrotada -. Y agregó con notable lucidez: “Es que cuando me toque ganar quiero ganarle a una buena gestión y no al demonio que pretenden instalar”.
Nunca mas acertado el concepto. La argentina está harta de procesos electorales donde lo único que predomina es quien es peor para darle el respaldo al otro, hasta la próxima elección.
Una democracia con elecciones sin mejores es una democracia vacía. Y son dema-siados los que creen que su aporte es bajarle el valor al otro en nombre de ayudar al propio.
Tremendo error que muchos acompañan sin comprender que lo que hacen es para “el mal de todos y para el bien de ninguno”-
Tras la “batalla” del domingo, el propio intendente pareció emular a Pirro (aquél rey de Epiro) y las hilachas de su tropa lo confirmaban. Era mas que aquella otra victoria anterior de Cadmea con los soldados del ejército triunfador devorados por el dragón.
En dos años volverán las urnas y la consulta popular. La gestión municipal, por cierto parece interesar menos de lo pensado para decidir el voto. Hoy muchos afirman votar en contra porque no creen en la palabra de obras prontas a realizarse. En dos años, aún con esas obras ya terminadas y disfrutándolas, no cambiarán su voto y habrá otra explicación. Fenómenos sociales que no objetamos ni discutimos. Solo exponemos como dato recontrafáctico.
Por eso, vale cerrar con la famosa frase del triunfador Epiro: “Otro triunfo como este y vuelvo solo a casa”.
Y así no parece tener sentido siquiera presentar batalla.
(Editorial publicada en la edcición de TIEMPO de Ranchos del 19 de noviembre de 2021)
