
Editorial: Terminar la lucha por nada para empezar consensos por todo
Este domingo se van a dirimir cuotas de poder casi minúsculas dentro de uno de los poderes del sistema en todos los distritos del país. Lo que está en juego es proporcionalmente opuesto para quienes disputan esos lugares y lo que representa para la ciudadanía. Mientras la mayoría de los candidatos juegan casi una parte del proyecto de sus vidas, porque así se asume la política nacional en cada dirigente, en realidad la sociedad no debiera esperar demasiado cambios después de este domingo, sea cual fuere el resultado en general. Serán casi minucias las modificaciones, en un país que reclama cambios estructurales profundos, arrancar de cuajo anquilosadas formas de manejar el estado, un nuevo sistema de gobierno que reactualice desde la forma de relacionarse con el mundo, pasando por su obsoleta, ineficiente e insostenible estructura del estado, su legislación laboral y una firme y decidida lucha contra un poder muy superior al del propio gobierno como es el de los sindicatos, un acuerdo de larguísimo aliento con los acreedores en general que permitan de una buena vez reducir la voracidad fiscal que hace imposible volcar recursos a la producción en el país y con ello comenzar a revertir dos graves causas de nuestra situación: la generación de divisas que equilibre, serene y estabilice nuestra propia moneda en todos los mercados y la creación de puestos de trabajo que alivie la dramática situación social. Todo esto citado en este párrafo (y bastante mas que se podría agregar) no son la solución de nada en si mismo. Son simplemente las bases de un nuevo orden que lentamente permita decidirse a terminar con los problemas reales. Moneda mas firme dará lugar de a poco a ir estableciendo líneas de crédito, imprescindibles en cualquier país con pretensiones para crecer. Mayor productividad, da lugar junto con la reducción posible del estado a terminar con el déficit fiscal, esto lleva a evitar la emisión de moneda y en ese camino se va llegando a vencer la inflación. A su vez esta etapa, también va logrando bajar la tan necesaria asistencia social que hoy carcome cualquier presupuesto. Ahí, recién ahí, en todo un proceso imposible de imaginar en menos de una década, cabe soñar con bajar la corrupción, con brindar mas medios a la justicia para luchar contra el delito, pen-sar en que vuelvan a mirar a la argentina los cada vez mas escasos inver-sores del planeta y probablemente en otros diez años, ser algo parecido a un país en serio que pueda asimilarse a otros que haciendo mas o menos esto, nos sacaron años luz de ventaja como Australia o Nueva Zelanda.
¿Imagina el ciudadano común cuan lejos está el inmenso cambio que reclama desesperadamente la argentina para salvarse de su tragedia de estas elecciones donde algunos tendrán un diputado mas o menos, algún concejal mas o menos y en otros todo quedará igual?
También es necesario comprender que aún en las mejores condiciones, ninguna fuerza política nacional con su sola gestión podrá siquiera acercarse a estos logros. Porque debe quedar claro que la política en la argentina ocupa los lugares de gobierno. El poder, el verdadero, hace mucho que ya está en otras manos y en otros lugares.
La política argentina hace décadas que quedó en evidente desventaja en todos los terrenos. Para no profundizar mucho el tema, alcanza con señalar el manejo discrecional de recursos, de extorsión, de movilización y hasta de manejo del humor social de los gremios. “Jamás deberá dársele a los gremios el manejo de Obras Sociales” previno el propio Perón que algo de la distribución del verdadero poder conocía. Fue un gobierno militar el que lo hizo, y los gremios argentinos, en general tan peronistas ellos, se aferran a esa concesión de dictadura que nadie se atreve siquiera a señalarles. El poder que ostentan es demasiado para todo el sistema político argentino unido. Imaginemos lo que hacen con este sistema de partidos divididos y enfrentados donde lo único que les cae bien es pelearse por un par de bancas y culparse mutuamente por los graves problemas crecientes que nos agobian.
El juego de los poderosos contra los que ocupan alternativamente el gobierno en la argentina se asimila al del gato cruel con el mísero ratón. Es una mera puesta de escena la lucha por mantener o conseguir privilegios personales o de grupos, hasta que como la langosta con el sembrado no quede mas nada y la droga, el delito en general y un puñado de organizaciones que pululan como ave de rapiñas se posen sobre nuestra osamenta para terminar con nuestros huesos.
Lamentablemente pareciera que nadie está dispuesto a dar el primer paso para dejar de jugar el campeonato de ascenso criollo y armar la mejor selección que pueda estar en condiciones de jugar en otras ligas. Ni aún sabiendo que es la única y la última ficha que le queda a esta argentina, que fuera granero (y tantas otras cosas) del mundo vuelva a ponerse de pie para el bienestar ya de las futuras generaciones.
Para eso sirven estos procesos electorales. Para observar con que ahinco disputan una banca mas, o una silla menos. Es claro que una diputación que tal vez pueda renovar por otro mandato le cambie para siempre la vida a un dirigente y a su familia. De allí a pretender convencernos que el país juega su suerte este domingo hay demasiado trecho. Y demasiada mentira.
Solo este proceso tendrá algún sentido si el lunes los nuevos artífices deciden terminar con el largo proceso de la competencia por nada para empezar la era de los grandes consensos por todo.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 12 de noviembre de 2021)
