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Editorial: Un voto para darle al César lo que es del César

«Con la democracia, se come, se cura y se educa” grabó para la historia Raúl Alfonsín en sus memorables discursos de campaña en el retorno del sistema institucional.
Pasaron cuarenta años desde entonces, y mal que nos pese, la figura que transmitía el presidente de Chascomús lejos estuvo de reflejarse en la vida argentina.
Desde 1983 hasta acá, todos los índices que marcan la calidad de vida de los ciudadanos han empeorado y en casos a grados superlativos. Desde la alimentación básica de niños y adultos, pasando por la atención de la salud, la Educación, la Justicia, la Seguridad, y hasta la convivencia ha sufrido un deterioro de tal magnitud, que si no fuera porque mantenemos aún un grado de sobriedad intelectual, ya estaríamos contradiciendo brutalmente a aquél presidente y gritando “ la democracia nos mata de hambre, nos enferma y nos embrutece”.
Aún queda un resto de equilibrio para no llegar con las culpas de forma directa ahí. Pero, dato mata relato y la frialdad de la realidad no logra ser explicada claramente por la dirigencia de ningún espacio político de los que se repartieron la responsabilidad de gobernar en estas cuatro décadas.
Ninguno es culpable de nada según sus confesiones. De ser así: ¿ Cuánto falta entonces para que la gente crea que si la culpa no es de quienes han gobernado, entonces es el sistema el que falla?.
Nadie parece comprender el riesgo y la magnitud de lo que afirmamos.
Por suerte, aún siguen apareciendo emergentes políticos que aún declamando contra el sistema, juegan dentro de él, y no debería sorprender que en poco tiempo se conviertan en las figuras atractivas elec-torales de un muy buen porcentaje de los votantes.
Aún hay por donde canalizar la decepción. ¿Cuánto tiempo mas ocurrirá esto?.
La restante cuestión que ha decidido los resultados en estas cuatro décadas ha sido la del pueblo. El so-berano y sus formas de razonar sus votos y con ellos a quienes han encumbrado en el poder. Ya es muy claro que aquello de que “el pueblo nunca se equivoca” es tan demagógico que no admite sostenimientos fundados. La democracia retornó con los “ismos” instalados en la opinión pública. La atención la con-centraban casi con exclusividad el PeronISMO y el RadicalISMO. Se iría sumando luego una porción de LiberalISMO y siempre una representación de la izquierda que tiene muy cerca su piso de su techo.
Han pasado cuarenta años, y un porcentaje importante de la sociedad (muchos menos que antes por suerte) siguen votando por esas pertenencias. “Yo me voy a morir votando al peronismo” piensan muchos que seguramente defendieron en su momento a dirigentes como Pichetto, Joaquín de la Torre o tantos y tantos “compañeros” que hoy están en otro lado. Y que hablar de los radicales que “se quiebre pero que no se doble” militando a sus Moreau, sus Ricardito Alfonsín o a su joven “Santoro”.
Y los “gorilones” hoy en Juntos, con su presidenta “monto” Patricia Bullrich, o sus peronistas Monzó, Santilli o el propio Pichetto en la fórmula presidencial. Del actual peronismo, mejor ni hablar: desde que tuvo hasta hace poco al Ucedeísta Gray como presidente del poderoso PJ bonaerense, pasando por el también alumno de Alsogaray Sergio Massa hoy convertido en socio fundamental del gobierno que encabeza el Cavallista Alberto Fernández hay de todo. “Ese viejo de m…..” dijo no hace tanto la propia Cristina Kirchner del general Perón.
En fin. ¿Cómo explica la sociedad que al decir yo mantengo mi ideología no hace mas que mentirse a si mismo y defender a los que denostaba hace unos años y enfrentar y castigar con su voto a los que hasta ayer defendía casi con su vida?.
¿ Es tan difícil hacer comprender que el único ISMO que queda es el personalISMO?. Y que en ese “menjunje” que se ha convertido es IMPRESCINDIBLE pensar el voto de otra forma.
Esta candidata/o me convence con su propuesta clara sobre el futuro del país y ¿Qué mas tengo que buscar para acompañarla con mi voto? ¿Tiene que pertenecer al ISMO que yo milité en el pasado?. Ahh…bueno. Pues entonces hágase cargo.
Lo mismo ocurre con los gobiernos. ¿Hay otra razón mas valedera para darles su voto o negárselos que los reales resultados de su misión? ¿ Qué es eso de “buscarles justificativos” si son de mi ISMO para seguir votándolos pese a sus fracasos?. Y de igual modo a la inversa: Si esa gestión al momento de juzgarla no me indica otra cosa que transparencia, efectividad, progreso y mucho esfuerzo por ganarse el salario, ¿Qué me impide acompañarlo? ¿Que sea o no de mi ISMO?.
Esto hemos hecho las mayorías en esta democracia. En el año 2019 con las elecciones presidenciales ganadas por el F. de Todos, infinidad de municipios cambiaron de signo y se tornaron del color de la nación. En las recientes PASO, en el interior bonaerense más del 95 % de esos municipios volvieron a convertirse en amarillos en consonancia con la dirección de la provincia y el país. Nadie discute esto puntualmente, pero la pregunta es obvia: En el momento en que el pueblo considera que determinado gobierno nacional o provincial no está haciendo bien las cosas auto-máticamente hace extensivo ese castigo al gobierno de su pueblo como si todos tuvieran que ser pro-porcionalmente malos a su gobernador o presidente?. Vale el interrogante de ida y vuelta. Buenos porque ganó el gobernador de su ISMO. Y malos porque ese mismo gobernador perdió en las urnas.
De esta responsabilidad costumbrista no se puede buscar culpables por otros lados. No es tan complejo que el ciudadano advierta quien gobierna de su lado y quien no pudo, no supo o no quiso hacerlo bien. Y de tal manera decidir votarlo a favor o en contra. De los otros candidatos de su ISMO, hacer lo propio por los méritos o los errores de ellos.
Para actuar coherentemente y en consecuencia, a veces, lo único que hace falta es una tijera y de tal modo, darle al César lo que es del César.
Como Jesús les respondió a los fariseos y herodianos intrigados por saber como repartían sus tributos.

 

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 05 de noviembre de 2021)

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