Editorial: Ya estamos hartos de recibir codillos
En muchas cosas de la vida, la suerte, el azar y otras cuestiones no controlables tienen una indiscutida incidencia, y cabe aceptar que muchas veces en-tre el éxito y el fracaso, solo se ha interpuesto una dosis de ello.
También es cierto que los llamados factores exógenos, esos que nos llegan sin que podamos evitarlos o modificarlos, juegan un rol en la vida en todos sus aspectos.
Todo esto es real sin mayores discusiones.
Ahora bien: que existan estos factores no alcanza nunca para que pueda adjudicarse a ellos el fruto de la cosecha de cada uno. Cosa muy, pero muy argentina.
La búsqueda permanente de algunas de estas causas tanto para justificar reiterados errores y fracasos propios, como para explicar éxitos ajenos es una imagen repetida casi cotidianamente entre nosotros.
Si bien esto ha sido muy habitual en el deporte, en la actualidad, es la política quien más recurre a estos argumentos.
La búsqueda permanente de culpables “afuera” para nuestros fracasos es un hábito instalado que se practica sin tapujos. No existe nada malo en la política argentina que alguien acepte haber realizado. Siempre eso es producto del accionar del otro, que no es más que su mayor adversario en la lucha por el poder. Y cuando se hace muy enmarañado trasladarle esas culpas al otro, entonces surgirá algún truco que de-muestre que la mala suerte ha sido mucha y ha cambiado el destino de nuestro noble accionar.
Se nos antoja pensar en ese viejo juego de naipes españoles, llamado tute codillo, muy interesante y un desafío a la astucia, memoria e inteligencia de quienes lo juegan. Si bien se trata de un juego, es muy acotada la influencia de la suerte en el resultado de cada ronda. Hay otras razones para que un jugador tenga una mejor partida. La suerte casi se circunscribe a los naipes que se reciben a la hora del mazo dando. Pero luego, llega la hora de decidir que hacer. Básicamente, el juego consiste en ir aportando a un pozo en cada distribución de las cartas, hasta que algún jugador dice “Juego” y entonces se juega la ronda por el pozo acumulado. Si tras la jugada, el que decidió jugarlo, es el ganador entonces se lleva el pozo y a empezar de nuevo otro juego. Pero si por el contrario, el “jugador” no gana la mano, allí se consuma el “codillo”. El ganador de la mano se lleva el pozo y el “acodillado” repone íntegramente de sus haberes el pozo jugado.
A ver si aclaramos el ejemplo: en una mala jornada un jugador puede que no reciba casi nunca cartas para poder encarar el juego y entonces solo pueda decir paso y poner su fichita. Al cabo de las horas seguramente podrá decir: “Hoy no ligué nada” y se irá habiendo perdido un poco.
Pero si en cambio, el jugador permanentemente decide “juego” y le dan codillo, entonces deberá reconocer que le faltan aprobar algunas materias para ser un buen jugador.
Volviendo al hilo de la columna, en la argentina hace años que a los gobiernos nuestros les va mal en el tute. Pero lejos de ser porque no ligan cartas para ganar el pozo, es porque cada vez que deciden jugar reciben tremendos codillos.
Pierden los juegos que ellos deciden jugar. Y los pierden jugando como quieren jugarlos.
Pero siempre aparece la búsqueda del factor externo: “No jugaste la que tenías que jugar…” en reproche a otro jugador o la mas simple de “Mirá como se dió el juego….¡Qué mala suerte!”.
Y así venimos desde hace largo tiempo. Apenas si algún alivio muy pasajero en alguna mano donde ligamos las cuarenta y varios triunfos más.
Solo así.
Hay tanto agotamiento de esta interminable historia de codillos que ya no quedan casi jugadores. Cansados de reponer el pozo y no cobrarlo nunca, el tute va quedando en el recuerdo.
Es que en todos los países vecinos, la mano va y viene, pero mezcladitos aparecen, por derecha o por izquierda (lo mismo da) jugadores que cuando dicen “juego” generalmente ganan la mano.
Todo lo contrario de aquí.
Tal vez algo tenga que ver con las reglas del jue-go que explicamos mas arriba: cuando el jugador decide “Jugar” si gana la mano se lleva el pozo y se empieza de nuevo. Pero si le dan codillo, de-be reponer íntegramente ese pozo de su haberes.
La política criolla hace aquí una pequeña variante: Si el jugador gana la mano se lleva el pozo. Y si eso no ocurre y le dan codillo, el pozo lo reponen “otros”.
¿No le parece, aunque jamás haya jugado un tu-te, que así es toda una tentación decir juego con cualquier naipe y ganar solo alguno de vez en cuando?.
Pareciera haber llegado la hora de fijar bien las reglas. El pozo en juego lo repone el que decidió jugarlo y lo perdió. Si empezamos por ahí, el país empezará a recibir menos codillos y naturalmente los “otros” que no somos mas que “nosotros” dejaremos de pagar pozos y pozos que perdieron otros jugando mas que como chambones, como típicos vivos argentinos que desgraciadamente abundan y pululan por todos lados.
(editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del viernes 29 de octubre de 2021)
