Editorial: Las ruinas y la gran foto del fracaso

Editorial: Las ruinas y la gran foto del fracaso

12 octubre, 2021 0 Por Grupo Tiempo

Salir a recorrer la argentina y la inmensidad de su territorio y sus bellezas, es también para aquellos que hemos vivido interesado en conocer la historia desde el lugar mas cercano a la verdad total de la misma, consolidar ideas y apreciar el país que fuimos, el que pudimos (y debimos) ser y el que somos con el agregado de lo que lamentablemente terminare-mos siendo si no aparece casi mágicamente algún drástico cambio de rumbo general, aunque aún así, nunca mas las condiciones generales del planeta serán tan favorables a las que en mas de una ocasión his-tórica tuvimos servida a la mesa.
Salvo algunas majestuosas bellezas naturales, como las Cataratas, nuestros sistema montañoso, ríos, hielos y otros mas, los argentinos paseamos admirando y aplaudiendo ruinas. A lo largo y ancho del país (comenzando por nuestra hermosa provincia) llegar a los tradicionales centros turísticos, significa pasar por la respectiva oficina de Turismo y la posterior contratación de un guía que pronto comenzará a hacer su trabajo de contarnos “lo que aquí hubo, cuando se inició, el esplendor que tuvo, su final y l que hoy queda: sus restos para que todos los veamos como algo extraordinario.
Por cierto, que mas allá de lo histórico, muchas de esas recorridas dejan el fuerte sabor amargo de ver rezagos de lo que fue una promisoria realidad en un país joven, lleno de posibilidades que encandilaba al mundo y que se erigía con argumentos sólidos como la futura y gran potencia del continente.
Veamos como ejemplo el gran complejo termal de Copahue en Neuquén. Cierta vez una doctora que realizaba los respectivos exámenes a los visitantes me comentó que ella venía de trabajar en similares centros en varios países de Europa. “¿Usted se imagina si España, Francia, Suiza o algún otro país de aquellos tuviera esta maravilla?” a lo que naturalmente respondí negativamente. “Copahue es único en sus atributos en el planeta. Y aquí ya pareciera que queremos des-truirlo” mas o menos expresó. Poco a poco me fui en-terando que lo que se creía un lugar hasta con calles calefaccionadas por un costoso sistema de cañerías subterráneas que se alimentan de las temperaturas del volcán que lo circunda, en realidad se alimenta de gas envasado (¿?) que se compra y se transporta hasta para calentar las aguas termales. La millonaria obra que se inauguró hace unos 15 años con extensa red de caños subterráneos, duró apenas unos meses, “porque alguien trampeó” y “nadie controló” y bajo tierra no se so colocó lo estipulado. Sino lo mas barato que permitiera a alguien (o unos pocos) hacer la gran dife-rencia. Nadie ha pagado ni pagará por ello. Salvo los argentinos todos.
Hace poco, recorría la extraordinaria belleza bonaerense de Sierra de la Ventana y sus alrededores. La historia del Club Hotel inaugurado en noviembre de 1911 en medio de la nada y en una estancia de 10.000 Has. en el actual partido de Tornquist merece ser mas conocida por toda la sociedad. Los mas acaudalados millonarios del mundo, algunos de ellos construyendo los ramales ferroviarios que dieron origen al ferrocarril en la argentina, decidieron al descubrir el clima del lugar, levantar el hotel mas importante y lujoso de América en esos momentos. Capacidad para 650 pasajeros, servicio de agua caliente en toda su estructura, Luz Eléctrica propia (claro que no existía en el país los 220 Volts), 450 empleados directos con salarios de la mejor Europa, y solo para un dato mas, la construcción de un ramal propio ferroviario de casi 20 Kms, incluyendo once puentes para cruzar los arroyos y ríos y llegar a la puerta del hotel, el corte de las sierras para permitir su traza y la contratación del mejor paisajista de esa época Dn. Carlos Thays para plantar un millón de árboles donde no nacía una planta. Claro, para ello se debió traer el agua desde varios kilómetros. Y todo se hizo. Europa y sus mas distinguidos millonarios posaban sus ojos para invertir aquí “donde estaba todo por hacer”.
Pero bastó que un presidente argentino tomara la decisión de suspender los casinos (podríamos contar lo que pasó en Tigre por el mismo motivo) para que este complejo dejara de recibir europeos que venían por temporadas y pese a la decisión de sus dueños de mantener la inversión y personal de mantenimiento “esperando que la cosa cambiara” hasta 1937 al final no hubo mas remedio que venderlo….bah…. regalarlo.
¿Y a qué no saben quien terminó comprando el hotel?. Claro que adivinó. Unos años mas tarde lo adquirió el estado con el propósito (ya entonces el estado siempre decía tener buenas intenciones) de crear allí una co-lonia de vacaciones para estudiantes de la provincia que obviamente nunca llegaron ni para estrenarlo como tal.
El resto todo es imaginable. Obviaremos la etapa en que se usó para cobijar a los soldados (y altos jefes) nazis “prisioneros” después de la segunda guerra mundial. El hotel terminó por los 80 adjudicado a “inversores” argentinos que pronto contrataron una gran póliza de seguros contra incendio y “casualmente” poco después el hotel…….se incendió todo.
A pocos kms. del lugar, durante el gobierno del Gral. Perón por el cincuenta se construyó OTRO HOTEL (¿?) para colonia de vacaciones. Duró poco. También se prendió fuego.
Claro. Visitar sus ruinas, escuchar sus historias. Sacarse fotos es la onda de hoy. Qué interesante dicen la mayoría.
Cuanta tristeza pensamos otros.
Y así podría seguirse en una lista interminable. Las termales aguas únicas de Epecuén, junto a la ciudad de Carhué. Solo comparable al Mar Muerto. Su descubrimiento y urbanización la fueron poniendo en carrera para ser un polo de atracción internacional único y los inversores se multiplicaban para radicarse en el lugar. Las aguas comenzaron a bajar fuertes del Río Quinto cordobés y el riesgo de inundación se hizo visible. CUATRO años lucharon sus vecinos construyendo con su propio esfuerzo el terraplén que contuviera las aguas. En esos cuatro años, el estado municipal, provincial y nacional no pudieron (ni intentaron) levantar los muros para que el agua no desbordara. O alguna canalización. Ni hablar de algún dique.
El 11 de noviembre de 1985 le dijeron a más de mil propietarios y a todos los visitantes, con los hoteles repletos de reservas que tenían tres horas para huir de las aguas.
Hoy miles y miles de turistas visitan las ruinas. Se sacan fotos, Escuchan historias. Y se asombran de lo interesante que resultan.
Que tristeza piensan otros.
La argentina de las ruinas. La que fue la “tierra de promisión”, la del gran futuro. La que asombraba por tener todo cuanto hiciera falta hoy no entusiasma a nadie.
Por el contrario. Muchos de los de adentro escapan a otros lugares.
Y otros aquí cuentan el mismo argumento. Y el estado sigue procurando estar y hacer todo. El final de ese todo sigue siendo muy parecido.
Y aquella argentina increíble y posible, terminó en un sueño de lo que pudo y debió haber sido, y de lo que solamente quedan historias y ruinas.
Y la gran foto del fracaso.

 

(Editorial publicada en la edición del semanario TIEMPO de Ranchos del día 08 de octubre de 2021)