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Editorial: Pese a todo…., solo nos queda el voto.

Cerca está la jornada electoral del próximo domingo. Y lejos, muy lejos, se pierden en la memoria de los que lucen mas años, aquellas campañas y actos donde Raúl Alfonsín recitaba el preámbulo de la Constitución y temblaban hasta los ladrillos, o cuando «Carlo» levantaba su puño y los convocaba «a triunfaaaaa…..». Ya no está el Ing. Alsogaray con su guiño y sus recetas tan lapidadas por quienes aplicando las suyas no nos han llevado a muy buen puerto. Ni Néstor prometiendo no dejar sus convicciones en el perchero de la Casa Rosada.
Nada, nada que me diga si vive aún la política diría el tango.
Una lamentable campaña de mensajes publicitarios en el mejor de los casos inentendibles, y eso no es lo peor porque los que se entienden provocan cuanto menos espanto.
Y así, con una semana a pura lluvia que todos esperamos no continúe el domin-go, la cita está en las escuelas (alguna perdida en el medio de campos privados que por suerte se pudo cambiar a último momento) para conformar un cuadro extremadamente pesimista en torno al porcentaje de votantes que concurrirá a las urnas.
Son muchas las cuestiones cotidianas de esta argentina que se dan de bruces con el sistema que impone nuestra constitución. Desde el núcleo de los tres Poderes independientes (que son muchos mas de tres y para nada independientes), la vigencia de una justicia «justa», el respeto por la propiedad, los derechos primarios de los ciudadanos como es el de los jubilados y sus haberes, la libertad de agremiarse, la lucha contra el delito, etc, etc. son quimeras en la argentina actual y desde hace demasiado tiempo.
Pues, entonces, ¿Cómo pensar en la seducción del votante? ¿Cómo esperar que haya en cada argentino un deseo ferviente de concurrir a ejercer uno de los máximos (sino el mas) derechos que es expresar su opinión a través del voto?.
Cuesta encontrar argumentos para invitarlo a la escuela. Y el interrogante entonces queda al desnudo: ¿Es qué el último esbozo de una democracia viva y vigente puede empezar a desplomarse en la argentina este domingo?. Nada menos que un pueblo sometido o en su defecto dormido es lo que necesitan los regímenes totalitarios de cualquier tipo. Cualquier proyecto de pensamiento único, de poder absoluto, de carencia de contrapesos necesita cuanto menos la indiferencia de la sociedad. La incapacidad de reacción social. En definitiva la resignación.
Ante ello parece razonable apuntar a lo grave que una situación como la que pareciera generarse puede resultar para resistirse y pese a todo, seguir convocando con razonable convicción a la ciudadanía a pasar por las urnas. Sin negarnos que en muchos casos motivados mas por castigar a unos que por premiar a otros, pero apuntando mucho mas alto a mantener vigente un sistema que ya a perdido muchos de sus órganos vitales, pero que en una sociedad apática sin fuerzas para ejercer lo poco que le conceden, nada tendrá mas sentido.
Ni para nosotros ni para quienes con-formen las futuras generaciones.
Seguir votando y sobre todo, ejerciendo el derecho a castigar tanto daño, tanta corrupción, tanta cantinela carente hasta de creatividad, tanto tomarnos de tontos, es una suficiente excusa para poner una papeleta.
Quien nos dice que manteniendo la llamita del piloto encendida, en un tiempo no tan lejano aparezca de nuevo la esperanza y la ilusión de votar en positivo y volvamos a encender la hornalla grande que caliente el fuego sagrado de un país en serio.

 

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 10 de septiembre de 2021)

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