Editorial: Con los hechos no porque son sagrados
Hace algún tiempo nos referimos en esta columna y en otros espacios de este grupo, a mayúsculos errores referidos a nuestra historia cometidos por el presidente de los argentinos en actos públicos y hasta por cadena nacional. Recordamos especialmente por lo grosero del fallo, la alusión al Gral. Martín Miguel de Güemes en un homenaje al libertador San Martín, cuando Alberto Fernández habló del bravío montonero señalándolo como “el único general argentino caído en el campo de batalla en combate” cosa absolutamente falsa y poco después en la misma Salta donde fue duramente desairado en público por los lugareños, confundió a la heroína “Macacha” como la esposa del general argentino cuando como es sabido era su hermana.
Han sido múltiples los errores del presidente en esta materia, aunque debe reconocerse que el gobernador bonaerense no le ha ido muy en saga en aspectos comparables, como la geografía en la que Kicillof incluyó como provincia argentina a la Antártida, cosa que solo muy rebuscada y caprichosamente podría encontrar alguna tímida explicación.
Lo extraño fue que nuestro señalamiento, con muchas adhesiones por cierto, no dejó de tener algún que otro cuestionamiento y hasta de tono mayor en cierto caso, tildando a estas cuestiones símbolos de nuestra historia, de “chusmeríos baratos”, de “cuestiones sin importancia alguna” y conceptos similares.
Que la historia argentina pueda ser deformada y hasta ninguneada por la máxima investidura del país es claramente una afrenta digna de mayor condena que la mera crítica del editorial de un poco menos que insignificante medio del interior. Pero que además, en nombre de banderías partidarias, e inservibles pretendidas defensas al espacio político al que representa el presidente, se exprese que comprar vacunas para la pandemia mundial es una gestión “épica” mientras que matar a Güemes en cualquier par-te ni siquiera califica, es mas preocupante, sobre todo si quien o quienes lo afirman son referentes de la comunidad y en otros casos profesionales de renombre.
Podríamos abundar en la temática, pero resulta lo dicho ya suficiente para contextualizar la misma. Y además ocurre, que la realidad puede ser desoída, no atendida o descalificada, pero lo que jamás tiene es remedio. E inexorablemente salta a la vista muy a pesar de a quien le cueste.
Y nadie nos ha dado un respaldo mayor en cuanto al valor que nuestros orígenes y sus protagonistas tienen en la vida de cualquier país, que el propio Alberto Fernández. Y es que con la campaña proselitista a pleno y la necesidad de decir cosas que cautiven, el presidente ha mostrado cuanto valen esos símbolos y a ellos está recurriendo permanentemente. Veamos dos ejemplos de los últimos días: Fernández se refirió nada menos que al General San Martín y con él se comparó. “San Martín estaría pensando exactamente como nosotros hoy….” dijo para agregarle una larga perorata que pretendió convencer que hoy el libertador sería tan entusiasta defensor de esta gestión que hasta nos imaginamos que de estar vivo el nacido en Yapeyú, Tolosa Paz le habría tenido que ceder el primer lugar en la lista de candidatos. No contento con tamaño dislate que mereció los modernos memes y hasta algún clasificado por un caballo blanco que se decía era lo que solo le faltaba al presidente para ser el libertador americano de estos tiempos, que el propio Fernández volvió al pasado y como quien no quiere la cosa, habló de su condición casi “exclusiva” de gobernar durante una pandemia. “Fíjense -dijo- que solo dos presidentes hemos atravesado esto en la historia argentina: Sarmiento y yo”.
Tomá!!!.
Queda claro que esta manifiesta voluntad de referenciarse en grandes próceres nacionales (mas allá de sus diferentes épocas y perfiles) pone en claro que la historia y sus hacedores no son “chusmeríos baratos” ni “detalles que no sirven para nada”. Lo muestra el propio presidente.
Y en este punto queremos dejar en la reflexión del lector trazar una línea comparativa de San Martín, Güemes, Sarmiento y el actual presidente argentino. Hasta concedemos el derecho de que los que así lo entiendan lo pongan al mandatario actual por encima del general que cruzó Los Andes convaleciente de sus males, o del bravío gaucho y general salteño que dejó el confort de su familia no solo adinerada sino mimada por el gobierno español para jugar su vida luchando contra ellos o del gran sanjuanino, un adelantado como pocos que a la hora de importar algo, trajo docentes para preparar a los nuestros a enseñar en defensa de la educación pública.
Todo esto puede ser concedido. Pero ahora que en nombre de Alberto Fernández y su gobierno, queda rotundamente demostrado que no le es “nada menor la historia argentina” y que tanto le importa que no esconde la utopía de parecerse a quienes la forjaron, con mayor razón y re-novado entusiasmo, le rogamos que al menos para referirse a ella se ilustre de la mejor forma como el mayor tributo que puede rendirle a todos los que la forjaron.
Naturalmente, que sobre esa historia, vale el derecho de las opiniones libres. Pero jamás desconociendo los hechos que ellos si, son sagrados.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del 27 de agosto de 2021)
