Editorial: Créame por favor Victor Hugo
Afirma la lógica popular que nada hay mas efectivo para ocultar un elefante que mezclarlo en una manada de paquidermos. Y la reflexión popular se nos antoja adecuada al observar lo que ha ocurrido con y en el gobierno nacional en los últimos días. Mientras iban apareciendo algunos elefantitos……., perdón algunos yerros y tanto la oposición como el periodismo comenzaban a visibilizarlos, el presidente de la nación y sus mas empinados funcionarios, parecieron decidir que no quedaba otra alternativa que redoblar los errores casi de manera diaria, de modo tal que “la manada” tapara cada uno de esos, algunos increíbles, fallidos con los nuevos que los iban superando.
Perplejos fuimos quedando los argentinos ante la serie reiterada de fallas, algunas tan graves que directamente son delitos, y otras solo consecuencia de comportamientos que no encajan de modo alguno en personas con sentido común. Mucho menos claro, en quien ejerce (o al menos ocupa) la presidencia de la nación.
No pareció para nada desproporcionado el título de la nota del periodista Ernesto Tenembaum de hace unos días. “¿El presidente es o se hace?”.
Todo comenzó como un cuentito sin mayor entidad cuando un twittero (en la jerga tal vez amparándose en la ley de información pública, el listado de accesos y salidas de personas a la quinta presidencial de Oli-vos donde durante toda la cuarentena el presidente estableció su despacho y centro de operaciones. A partir de ese listado, apareció una andanada de críticas, porque en el ciclo mas severo de las restricciones, figuraban ingresos a la sede presidencial de muchas personas desconocidas o ajenas a la función pública entre los cuales rápidamente se filtraron nombres de artistas asesores de vestuarios, maquilladores, peinadores de la esposa del presidente, un entrenador de perros y otros jóvenes que en algunos casos registraban sus salidas a altas horas de la noche.
Hubo confusión. Un par de diputados opositores cayeron en exabruptos descalificadores. Una conocida actriz se sintió aludida y comenzó demandas. Y el gran público creyó estar ante juegos de pirotecnia de campaña poco útiles en las actuales circunstancias. El gobierno no desaprovechó los primeros chisporroteos para procurar ganancia electoral en ese río revuelto.
Pero las miradas comenzaron a posarse en julio, mes de “un nuevo esfuerzo de todos los argentinos, que deberán quedarse en sus casas, no recibir a nadie, salir solo a comprar lo indispensable y claro está no recibir a nadie en sus hogares…..” como nos indicó por cadena nacional el propio Alberto Fernández. También supo decir: “Me alegrará mucho que lo entiendan por las buenas, pero si así no fuera lo entenderán por las malas porque no me temblará el pulso para ejercer toda mi autoridad contra quienes pongan en riesgo la salud de los argentinos”. Y de hecho lo hizo. Un deportista del remo que desafió la prohibición y salió a entrenar solo con su canoa por el Río Paraná fue perseguido por helicópteros, aviones y embarcaciones hasta ser capturado y enjuiciado.
No era broma. Nadie podía despedir a su ser querido al morir. Nada de un último adiós. Nada de nada. Alberto una y otra vez levantaba su dedo acusador. Aún mas a la oposición que a través de algún dirigente decía o promovía algo disparatado. Ante un gobierno que se adjudicó largamente el primer premio de estos dislates con el velorio del “Diego” en la propia Casa Rosada que por un poco de dignidad debería obligarlos a no señalar NADA de los demás porque ese velorio no se emparda con nada. Y ….Oh!!! casualidad, fue
en la Casa Rosada. No en la 9 de julio.
En este tren de dimes y diretes, apareció en agenda, el cumpleaños de la “ primera dama” justo el 14 de julio. Y como en cascada las versiones corrieron y se habló de una cena con amigos en la propia casa presidencial y hasta con el presidente entre los presentes, y nada de cuidados, ni distanciamiento, ni tapabocas ni…..
Pareció que llegaba la orden de “A los botes”. Pero no. Un presidente calmo, con voz de profesor universitario dictando cátedra recorrió los medios “amigos”. “Créame Victor Hugo…(“No sabe cuanto le creo presidente”) que esa reunión JAMAS EXISTIÓ” fue una de las tajantes negativas del presidente de la nación, en este caso ante el relator de la historia contemporánea, el uruguayo Morales. Pero apareció una foto. Esa foto que circula es falsa. Es fake. Afirmaron desde la quinta y lo repitieron todos sus voceros.
A esta altura, la pirotecnia de campaña comenzó a tener una entidad insospechada. Comenzaba a ponerse en juego NADA MENOS que la palabra y la credi-bilidad del presidente.
Y en menos de 24 horas otra foto indubitable puso a la Institucionalidad argentina contra las cuerdas. Y a esa altura, el país sabía que había mas imágenes. Y tal vez un video. Y mas pruebas.
Y entonces lo que parecía impensado tres días antes se convirtió en una página imborrable de la historia argentina. Por la mañana una tibia explicación del jefe de gabinete. Y por la tarde, en un acto en la rural Olavarría el presidente textualmente dijo: “Es cierto. Mi querida Fabiola organizó una reunión que no debió realizarse. No debió ocurrir. Y no volverá a ocurrir” (aplausos de quienes lo secundaban???).
¿No volverá a ocurrir lo que JAMAS EXISTIÓ?.
“Mi querida Fabiola….” es la responsable de la reunión donde “Yo presidente aparezco compartiendo la misma”.
La institucionalidad de golpe se había puesto en juego. Y como en todo juego se gana o se pierde. Y esta vez, el apostador la perdió.
Aún resuenan los efectos. Quien fuera el gran ministro y casi gobernador de la provincia apeló a su notable histrionismo: “¿Y qué querían? ¿Qué llegara a su casa y la cagara a palos a su mujer?”.
Que Anibal Fernandez pierda toda lucidez para caer en esto no estuvo nunca en los cálculos de nadie. Que la vicepresidente en público le de consejos y le recomiende “ No te pongas nervioso Alberto…” solo ocurre en un lugar del planeta donde esa vicepresidente decide sola ser candidata a eso y elige quien será presidente.
“Mi querida Fabiola…”. Corría el año 2010 y la militante promilitar Cecilia Pando publicó unas cartas de lectores en el diario La Nación que según el gobierno de entonces lesionaron al ministro de Defensa. Como su esposo era el militar Mayor Rafael Mercado, el gobierno decidió sancionarlo y luego pasarlo a retiro con la argumentación de que “debía ser responsable de lo que hacía, pensaba y escribía su mujer”.
Nunca pudo decir: “Ayyyy mi querida Cecilia”.
Cuesta encontrar en la memoria un presidente que en tan pocos días haya perdido tanto. Casi todo. Tal vez el efímero Dr. Cámpora. Pero estaba Perón para resolverlo de inmediato. “Renuncie ya y convoque a elecciones”.
Tal vez De la Rúa (aunque ahí no hubo dudas si era o se hacía) y poco mas. Alberto se está consumiendo por algo que JAMAS EXISTIO.
Y eso es lo mas preocupante. Créame por favor Victor Hugo.
(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del viernes 20 de agosto de 2021)
