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Editorial: ¿También con Belgrano?

Hace unos días se celebró en la argentina el Día de la Bandera, en lo que alguien supuso alguna vez que era un tributo a uno de los mas grandes prohombres de nuestra historia, (para muchos directamente el mayor), Dn. Manuel Belgrano, con lo que se dejó el calendario sin una fecha para el notable jurista y general, (un imperdonable olvido) y a la enseña patria se la recuerda en una fecha totalmente inadecuada, en lugar de hacerlo cada 27 de febrero, fecha de su primer izamiento.
Pero si de historia nacional se trata nadie más que el actual presidente para asombrar cada vez mas seguido. Desde aquél grosero error referido a la muerte de Martín Miguel de Güemes, pasando por la referencia a los pueblos originarios y una falsa alusión al premio Nobel mejicano Octavio Paz hasta lo de este 20 de junio al aludir que el creador de la bandera decidió sus colores “para reflejar tres conceptos: la Libertad, la Solidaridad y la Igualdad”.
Si bien el de Libertad es una obviedad que no necesita mas que advertir lo que ocurría en la incipiente nación en 1812 lo de Igualdad y Solidaridad pareciera toda una revelación que acaba de hacernos Alberto Fernández y que naturalmente hubiera sorprendido al mismísimo Mitre y hoy al excepcional Felipe Pigna.
Cabe poner en duda, si el profesor universitario que es Fernández que suma por su condición de presidente de la nación los mejores equipos de asesores, comete errores de tal magnitud sin medir los mismos o hay que sospechar alguna insólita maniobra de distracción para establecer una agenda que nos ocupe a quienes nos revela la distorsión de nuestra historia y así alejarnos de otros serios y preocupantes temas que asolan a la sociedad.
En cualquier caso es comprensible que gran parte de los argentinos nos sintamos un poco estafados ante tan reiterados y groseros fallidos.
Dicho todo esto queremos detenernos en este tan remanido e inconsistente concepto de igualdad. Es muy difícil comprender el sentido, si es que lo tiene, de tal definición. Si un concepto fija la psicología es el de “único e irrepetible” de cada ser humano en su esencia. Por lo tanto no hay forma de afrontar ninguna estrategia que involucre a la sociedad si no es respetando la insoslayable verdad de seres diferentes. De aceptar que en cada persona hay un individuo.
Es a partir de este principio que el estado puede y debe, administrar y regular, las diferencias que desde lo individual se trasladan a la sociedad.
Estas contienen tantas diferencias como las que tienen quienes las conforman. Y como natural que es lo descripto, nada relaciona mejor a las personas en cualquier sociedad como la aceptación y reconocimiento de todas las distancias que nos separan y a partir de ello, trabajar, fomentar y concientizar el respeto de to-dos con cada uno y de cada uno con todos.
La argentina fue una sociedad de respeto, de convivencia, de armonía cuando era bien “desigual”. El énfasis de los sucesivos gobiernos “modernos” de trabajar por la panacea de la igualdad nos han traído a esta realidad. ¿Somos mas iguales?.
Evidentemente NO. Como nunca antes las diferencias de todo tipo que imperan en la comunidad argentina no tienen antecedente. Y como nadie (nadie) trabaja por paliar efectos para generar conciencia de lo “natural” de esas diferencias, prometiendo en cambio enfáticamente que “ya se solucionará esto y todos se-remos iguales” el resultado es una crispación generalizada, una sociedad en estado de asamblea permanente y un reclamo de todos contra todos, solo PORQUE SER IGUALES PARECIERA UN DERECHO ADQUIRIDO AL QUE NINGÚN ESTADO PUEDE DAR RESPUESTA.
Pese a lo dicho, cabe aceptar que algo se ha avanzado en la dirección de estas promesas. Casi siete de cada diez niños en la argentina no tienen la nutrición necesaria para su desarrollo. Al menos la mitad de los argentinos ya bordea la pobreza. Más de un sesenta por ciento padece inconvenientes en su sistema nervioso y debe recurrir a algún tipo de ansiolíticos o similares. Cada vez mas somos iguales en no tener empleo. Y sino iguales, cada vez nos parecemos mas en mala educación. Y estamos empezando a ser todos iguales ante la Ley. No hay justicia para nadie.
Si a esto le llaman trabajar por la Igualdad, finalmente en la ruleta de los relatos es posible que terminen convenciendo que vamos a un final de igualdad. Como decía el gran Discépolo, “en un mismo lodo, todos manoseaos”.
Pero aún sabiendo que en el extremo de las fidelidades cuasi religiosas que la sociedad argentina tiene para sus líderes políticos, no faltarán los que calificarán a este final como una notable conquista, y como bien argentinos lo compararán con el dulce de leche, la avenida Rivadavia o el ancho del Río de la Plata, los que creemos observar todo con un prisma menos teñido, les rogamos que por lo menos de esta Igualdad lo quiten a Belgrano.
Es demasiado grande y honrosa su obra para que en nombre de homenajearlo le endilguen supuestos objetivos que solo existen en la imaginación de quienes no solo lo distorsionan sino que a veces parecen creerse pares del notable prócer.

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del viernes 25 de junio de 2021)

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