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Editorial: Contála y créela como quieras

Pocas veces en la historia contemporánea el planeta atravesó una situación como la pandémica que con más o menos consecuencias nos toca a todos. La argentina, a tono con su decadencia general de todo tipo, no aparece (ya lo ha demostrado en este largo tiempo transcurrido) como la mejor preparada para afrontarla, tratarla y paliar sus efectos.
Por nuestra condición de “país en vías de desarrollo” (elegante forma de decir pobres) por un lado, pero mucho mas por nuestra triste condición de sociedad pobre de recursos humanos, predisposición a desechar en cada cuestión a los mas capaces y en general por una dirigencia política ya casi nefasta, esta situación nos queda extremadamente grande y desbordante.
Y en esto no resulta fácil excluir a alguien, mas allá que excepciones tienen todas las reglas y aquí también las hay.
Pero el sistema ya está amoldado para funcionar de esta forma. La liviandad con la que los funcionarios con mayor responsabilidad en todos los niveles acomodan la realidad falseándola al servicio de sus menores y mezquinos intereses ya resultan insoportables para cualquier inteligencia humana. Se miente en las mas altas fuentes del gobierno nacional, en los gobiernos provinciales, en los funcionarios municipales, en algunos medios de difusión y finalmente la sociedad “ de a pie” repite mentiras, inventa otras, imagina lo que se le ocurre y así andamos pretendiendo de esta forma hallar el camino que conduzca a alguna solución de por si imposible de saber si en realidad existe.
La forma de tratarse, de considerar al otro entre los “adversarios” políticos argentinos ya es inadmisible. “Los argentinos se quieren poco. Todo lo que hacen o dicen pareciera estar destinado a ofender al otro” ha dicho con sobrada razón el presidente uruguayo Pepe Mujica. Y claro que no le chinga nada.
Y en esa mezcla de acusadores seriales y ofendedores profesionales, los que tienen responsabilidad de gobierno cometen un mismo “delito social” pero calificado. El primero que debe entenderlo es el presidente de la nación al que alguien deberá advertir que ya despilfarró demasiada credibilidad para tirar por la ventana la escasa que le queda. Y en tal sentido debiera analizar seriamente el rol de ser su propio vocero, cosa desaconsejada para cualquier presidente que no tiene porque exponerse de tal forma al desgaste de conferencias, información y datos que generalmente debe salir a corregir y disculparse al rato de anunciarlos. Y luego, debe ser el abanderado de la concordia, porque es el presidente de TODOS y porque jamás (salvo en esta argentina o en algunas actitudes marginales como las que supo tener Trump) ese es el rol del presidente. Su manifiesta, evidente e indisimulada postura confrontativa con el Jefe de la ciudad Capital del país ya no resiste ninguna argumentación. Ya no solo es incomprensible y perniciosa para enfrentar la gravísima situación sino que marca líneas de conductas a sus principales funcionarios y genera, obviamente reacciones nada oportunas, mas allá que en esta materia el gobierno porteño hasta ahora ha mantenido una aceptable expresión idiomática y de respuestas, aún teniendo la presión de gran parte de la dirigencia de su espacio tan reyanos en la locura del ojo por ojo como el oficialismo nacional.
Escuchar a ministros de la provincia de Buenos Aires de las áreas más importantes, o al propio Jefe de gabinete de la nación (empecinado en que todos nos convenzamos que solo es portador de apellido) ya dan vergüenza ajena. Podrán argumentarnos que muchos dirigentes opositores también la dan. Y claro que si.
Pero quienes deben gobernarnos en este turno son quienes son gobierno. Y aunque eso no quita responsabilidades a toda la dirigencia, ayer hoy y siempre el que mas debe cuidar las formas es quien gobierna.
Poner mucho mas entusiasmo y fuerza en pelear con el adversario político que contra el mal que nos azota no puede ni debe ser disimulado por nadie. El adversario de los gobernantes y mas que ello enemigo es el virus y a él hay que ponerle todas las fuerzas. Un presidente que después de una semana de silencio, decide tomar medidas casi excepcionales y comunicarlas por Cadena Nacional en la que pide a todos los gobernadores que lo acompañen en las mismas y casi de inmediato dos de los mas importantes de ellos y de su propia alianza política declaran no adherirse a las mismas como ocurrió con Córdoba y Santa Fé y que varios estén por seguir el mismo camino habla de un gobierno que no consulta ni acuerda sus medidas. Que no dialoga ni con los propios y que cada vez se muestra mas encerrado en sus propias limitaciones.
Y esto va mucho más allá de discrepancias ideológicas o partidarias.
Si un colmo existiera en este tema, se llegó al colmo. Verlo al mediático Diego Brancatelli encabezando la lista de críticos en un medio televisivo ya habla por si solo.
Así las cosas podríamos haber hablado de la carencia de vacunas: De un Jefe de gabinete nacional que el 2 de febrero públicamente afirma que la compra de esas vacunas es facultad exclusiva del gobierno central y 40 días después recuerdan que “no les está prohibido a las jurisdicciones provinciales comprar sus propias vacunas” Podríamos haber sumado algunos de los tantos disparates que dirigentes opo-sitores declaran día tras día, se llamen Bullrich, Carrió o Iglesias.
Pero lo crucial es que con aviones repletos de vacunas. Con todo el notable personal de salud poniendo en juego sus vidas. Hasta con una población que vaya advirtiendo como cuidarse mejor, con gobernantes que están mucho mas preocupados pro ofender al adversario y estos de igual modo en devolverles los agravios, no hay vacuna ni tratamiento que nos salve.
De una u otra manera nuestro final está marcado. Aunque aún lo sigan contando como un lindo cuento y aún muchos crean ese cuento

(Editorial publicada en la edición de TIEMPO de Ranchos del viernes 16 de abril de 2021)

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