Columna del domingo, por Héctor Ricardo Olivera: SI LA REFORMA SE DETIENE, DEJA DE SERLO
En el lejano junio de 1918 los estudiantes de la Universidad de Córdoba declararon la huelga y pusieron en marcha un acontecimiento histórico, la Reforma Universitaria, que marcó un hito en la vida de la incipiente Democracia impulsada por Hipólito Irigoyen.
El movimiento llegó luego a La Plata, a la Universidad de Buenos Aires y completó su primera etapa con la nacionalización de la Universidad de Tucumán y la creación de la del Litoral, conocida como la Universidad de la Reforma.
Por primera vez en nuestra Historia los estudiantes pisaron el despacho presidencial y rápidamente se dictaron los nuevos reglamentos que crearon la Universidad abierta y popular que garantizó la libertad de cátedra y el gobierno tripartito con participación de autoridades, docentes y alumnos.
Desde entonces la Universidad Argentina se proyectó como un rayo de luz que atrajo a estudiantes de países vecinos y fue cuna de Premios Nobel.
El relato emociona, sobre todo si lo ubicamos en su tiempo, porque así es posible medir el espíritu nuevo que vino con Irigoyen.
Es necesario comprender que ese espíritu que trajo Irigoyen no vino para quedarse.
Esa tendencia natural a dormir sobre los laureles y no mantener la vigilia que impida el reordenamiento del conservadorismo autoritario desplazado atrasa el reloj de la Historia y más de una vez nos tira del saco hasta hacernos caer y retroceder.
Quizás la mejor manera de comprender esta idea sea preguntarnos si lo que fue una revolución hace 95 años puede seguir siéndolo hasta hoy, en un Mundo nuevo y lleno de exigencias.
Es malo que nadie lo responda.
Es peor que nadie lo pregunte y se lo pregunte.
Según los slogans nonagenarios, la Universidad Pública Argentina es gratis y de ingreso irrestricto.
Suena lindo, pero no es cierto.
La incorporación de lo que eufemísticamente llaman cursos de nivelación son una clara forma de limitar el ingreso.
Recientes resultados de exámenes de Matemática, Física y Química en Agronomía de la UNLP mostraron los paupérrimos resultados de todos los años.
Esto habla de la endeblez del sistema primario y secundario pero además agrega el gasto de ingentes sumas de dinero que los chicos pagan a institutos privados que se organizan para prepararlos para las pruebas.
Va de suyo que la localización geográfica de las Universidades puede abaratar el costo de los que viven en la misma manzana pero no los del interior que, como tantos chascomunenses, tienen que radicarse en otra ciudad.
La nueva reforma, o si se quiere la adaptación de la original, debería anular la gratuidad declamada, que no es tal, y establecer un arancel que se utilice para ayudar a los que realmente lo requieren.
Es un absurdo que el profesor llegue en un micro atiborrado y pestilente y el alumno lo haga en el auto de papá o el que papá le regaló porque terminó el secundario habiendo repetido apenas un año.
Si se quiere producir un cambio en serio debe establecerse que los ingresantes provenientes de las más caras escuelas secundarias deberán seguir pagando la misma cuota, actualizable, que la que le pagaban a la congregación.
Jamás seremos un País industrial moderno si el Estado no orienta la matrícula para que la Universidad Pública deje de ser un granero de psicólogos, abogados, periodistas y cientistas sociales y pase a producir ingenieros, técnicos y especialistas en ciencias duras.
La nueva reforma debería también atender las normas de convivencia y participación en los claustros.
No puede ni debe impedirse actividad social o política alguna.
Pero las paredes, las puertas, los escritorios ni los vidrios tienen culpa alguna.
He visitado la Universidad de La Habana, en cuyo nombre aquí se rompe y se pintarrajea.
Puedo asegurar, porque los usé, que los baños están más limpios y prolijos que los de nuestras propias casas.
De esto no se habla, porque es más fácil mirar para otro lado o dejar que silben los vientos.
Un día se nos volarán las chapas, y será demasiado tarde …
por Héctor Ricardo Olivera – hectoroliver@speedy.com.ar
