Columna del domingo, por Héctor Ricardo Olivera: COMPORTAMIENTOS ANTICIPATORIOS
Los tradicionales vientos de setiembre se han adelantado.
El vendaval del 11 de agosto provocó en el oficialismo una urgente corrida al patio para arriar banderas y juntar la ropa del tendedero.
En una desesperada actitud en procura de minimizar el desbande de la despedida, el Gobierno ha iniciado la tarea de dar marcha atrás con muchas de las afirmaciones que alimentaron su relato.
Es tarde, claro, porque ya no es posible revertir lo irreversible.
El error, en todo caso, reside en la pretensión de eternidad que es contraria a la naturaleza humana y solo sirve para acelerar el proceso de deterioro y acercar el final.
La inseguridad, calificada como “sensación” desde los despachos oficiales, es ahora una palabra que llena la boca de los que la negaron.
Hasta la Presidenta dice “inflación” sin ponerse colorada luego de haber sido una leona acusando de desestabilizadores a los que reclamaban por ella.
El Himno Nacional que se cantó cuando la imaginada renacionalización de YPF, que ellos mismos habían privatizado antes, quedó en el registro de las vergüenzas luego de la firma del contrato con Chebron, que es una repetida claudicación de la soberanía que llenó los discursos pero se esfumó en las cláusulas secretas del convenio.
La máxima expresión de debilidad y desesperación es la reforma en el descuento del impuesto a las ganancias en los sueldos de los trabajadores.
Durante mucho tiempo las voces oficiales calificaron de irresponsables, oportunistas e improvisados a quienes planteaban cambios en el cobro de ese impuesto al trabajo.
Luego del urnazo del mes pasado, lo que antes era negro resulta que ahora es blanco.
Sin un análisis serio que garantice equidad y equilibrio en las finanzas públicas, el Gobierno salió de atropellada a intentar ser lo que no es.
Los populismos siempre terminan así.
Andan un tiempo de carnaval pero cuando llega la hora de pagar los gastos de la fiesta se muestran en su real imagen.
Como en cualquier familia, la sana administración es un requisito indispensable para asegurar la tranquilidad y el proceso serio de crecimiento.
Ya es tarde, y ante la inminencia de la hora salen con medidas demagógicas que solo sirven para demostrar una vez más, si hiciera falta, que en el fondo hay un desprecio por la gente y una total falta de respeto a la inteligencia ciudadana.
Algunos camiones dando vueltas por los pueblos repartiendo mercaderías no alcanzan ya para convencer a nadie.
Las familias cambiarán la cocina, los colchones o alguna puerta.
Lo que no han de cambiar es la decisión de decir basta.
No lo entienden porque parten de una concepción mesiánica que no reporta a la condición humana.
Por eso soñaron con la eternidad sin darse cuenta que el ser humano ha nacido para irse.
Solo resta esperar que al menos prive una mínima cuota de sensatez para no repetir experiencias traumáticas que deben evitarse.
La Presidenta no debería apelar a metáforas tan absurdas como las “balas de tinta”.
Ella no lo supo, porque estaba rematando casas de la gente pobre en Santa Cruz, pero aquí ya hubo demasiadas balas.
La tinta, además, desde Gutember y para siempre, es la herramienta que hace posible expresarse con libertad, confrontar ideas y luchar por ellas con pasión pero también con respeto.
No parece mucho pedir, pero el hecho de tener que hacerlo es ya un testimonio de que el telón ha comenzado a caer …
