Actualidad

Editorial: DILEMA

29/03/2020

Por Héctor Ricardo Olivera

hectoroliver@speedy.com.ar 

Un bichito invisible e insignificante ha puesto al mundo ante una crisis inédita en la que hoy nos debatimos y de la que no sabemos dato alguno sobre su final.

La voracidad del virus ha demostrado que poco le importan los registros estadísticos, económicos y culturales de sus víctimas.

Como para demostrar su poder comenzó en la segunda potencia mundial, China, golpea sin clemencia a la docta Europa y sigue su curso por el resto del globo terrestre.

En estas tierras del sur, nuestro Gobierno ha dispuesto un aislamiento obligatorio y el alistamiento de todas sus fuerzas sanitarias para la gran batalla que según estimaciones científicas será a fines de abril o comienzos de mayo.

Para intentar un modesto análisis de la situación he de comenzar por definir la palabra que denomina al fenómeno.

Es un dilema.

¿Qué es un dilema?

Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), es una circunstancia complicada que plantea alternativas distintas en la que ambas pueden ser igual de malas o buenas.

La cuestión se agrava si tenemos en cuenta que mientras se decide qué hacer se muere mucha gente.

En principio el Presidente Fernández ha optado con sensibilidad y firmeza actuar en  la defensa de la salud de la población.

Claro que el parate de la actividad social y productiva trae consigo una crisis económica que se levanta como otro virus igual de amenazante y grave.

No hay tiempo para delirios intelectuales y todos debemos entender que algo podemos hacer.

Los de a pie cumplir con la cuarentena.

No es lo más cómodo, pero sin dudas es lo más liviano.

Pensemos si no en todo el personal del área de salud y seguridad que ahora mismo está en la primera trinchera listo a cumplir con su deber.

Ese compromiso debe ser a la vez el aliciente para que nosotros cumplamos con el nuestro.

Ya que tenemos tiempo es hora de reflexionar sobre nuestra propia condición humana.

Llega entonces la hora de usar el instrumento que nos dio la Naturaleza para distinguirnos con  la cima de la escala zoológica.

Somos el único elemento vivo con la capacidad de pensar.

Pensemos entonces como será lo que sigue, si es que  sigue para cada uno.

Esta columna se dedica desde su inicio al comentario político.

Y será precisamente ella, la Política, la que ordene la salida del terremoto.

Es tiempo entonces de analizar comportamientos, ideas y valores como para reconstruir lo que quede.

Por supuesto que seguiremos discutiendo posiciones.

Pero vendría bien redefinir la forma de discutir.

Después de este desorden no habrá espacio para autoritarismos, populismos ni corrupciones.

Será el tiempo de reformular sistemas de convivencia que aseguren el ejercicio de la Justicia justa, esa que no se dobla ni retrocede.

Por ahora preparémonos para almanaques duros.

Hay actos que ayudan a tomar posición.

El sentido común del Presidente, la entereza del personal de salud y seguridad son buenos ejemplos.

De los otros también hay.

Por respeto a los que murieron no es el tiempo hoy de nombrarlos.

Tampoco el de olvidarlos.

El Presidente es el que manda.

Está ahí en nombre de los que lo votaron y los que no lo votamos.

Solo resta pedir por su buena salud…

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